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Abro perezoso  un  ojo y difícilmente consigo enfocar.  Abro el otro y poco a poco empiezo a vislumbrar encima de mi cabeza una pequeña pantalla emitiendo en directo el mapa del mundo y una línea roja por la que un avión se desliza. Estamos cruzando Bamako. Me he dormido unos cuantos países, con la de cosas que me pasaron cuando vine en moto.

El vuelo iba medio vacío y me correspondían tres asientos, así que caí inconsciente. Estaba completamente reventado, esto de viajar largo sin dejar de currar mola mucho, pero el martes a las seis estaba todavía en la oficina, ultimando detalles para que mi ausencia no la notasen los clientes. Mis colegas y mi novia seguro que no lo hacen, pero los clientes siempre necesitan cosas cuando no estás. Eso es así, los mejores negocios se hacen siempre desde el aeropuerto, justo cuando te vas.

Pasadas las seis de la tarde salí del curro, recorrí las últimas tiendas jugándome la vida con la Varadero por las resbaladizas calles de un Madrid mojado por las primeras gotas después de mucho tiempo. Murphy que tiene estas cosas, tres horas más de espesa contaminación no habrían cambiado nada.

A las nueve salí victorioso de la farmacia con una caja de Malarone y varias cosas más, terminé por hacer caso al @drjaus.

Cena de despedida tranquila y a las doce comenzaba con el equipaje. El avión salía a las diez de la mañana así que tenía toda la madrugada por delante.

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La única forma de no cagarla y dejarme cosas importantes, consistía en comenzar a rastrear cada cajón, cada maleta, cada caja, en busca de cosas útiles. A las dos y pico de la mañana todo el salón estaba invadido por ropas, cosas, medicamentos, dos neumáticos Continental TKC80, maletas, herramientas, recambios, varios enseres para poder acampar, una mesa entera llena de aparatos electrónicos que querían venirse, y una equipación completa BMW que  adquiría personalidad propia según avanzaba la noche.

IMG_1099 1Tras una dura noche de nominaciones y descartes, sobre las cinco de la mañana, el equipaje elegido se ocultaba en dos maletas de 45 litros, un petate, y una bolsa de mano.

Dos horas de sueño profundo después sonaba el timbre, mi santo padre venía a buscarme.

IMG_1104Llegamos al aeropuerto con algo de margen. Medio sonámbulo dejé caer mi peso sobre el carro portaequipaje y me arrastré por la T2  hasta llegar al mostrador de la Tap, portando tres extrañas maletas y dos neumáticos.

-       Lleva cinco bultos y sólo están permitidos dos por pasajero, tenemos que cobrarle tres. Cada uno son 150 euros.

-       Jeje, estamos de coña no?

-       Ummmmmm, me temo que no, pero veamos qué podemos hacer.

La gente de la Tap es cojonuda, especialmente si la comparamos con la panda de maleducados que trabajan en compañías low cost. Los dos chavales comenzaron a pesar los bultos en busca de la combinación perfecta para compactar el equipaje. Finalmente me mandaron a la máquina de embalar maletas, ese gran negocio que se nutre de la psicosis de la gente temerosa por si le meten cocaína en el aeropuerto. Allá que voy decidido.

El mozo no lo ve claro, dos neumáticos y un petate no caben bien, se va a liar cuando empiece el plástico a dar vueltas. Me estoy jugando 150 euracos, así que saco lo mejor de mi e insisto motivándolo con absurdos comentarios como “estoy seguro de que puedes hacerlo” y mierdas así, que lo único que logran es volverlo más negativo y mohíno.

IMG_1109Aparece un segundo operario que parece encontrar el sentido de su aburrido día en conseguir hacer una bola de plástico de esos tres desiguales objetos. La buena voluntad se ve recompensada, unas quince vueltas después las tres cosas se convierten en una. Misión cumplida, tenemos una gran bola de plástico que engaña al sistema de la Tap Portugal y hace que sólo me cobren 150 euros de extra. Una pasta igualmente, pero viajar en avión para después hacerlo en moto genera mucho lastre. Además de los neumáticos, llevo un kit de arrastre que pesa lo suyo, ropa, botas y casco BMW que ocupa maleta y media, un equipo entero de camping que llena casi el petate, y el resto de cosas distribuidas por los huecos libres, ropa (poca y cutre), botiquín, pulpos, cinchas y esas cosas, cargadores y cables varios, una sábana, una toalla y unas chanclas.

Cámaras, ordenador, llaves y papeles de la moto, GPS, mapa y libros, vienen conmigo.

Lo único que realmente es esencial para el viaje lo llevo en el bolsillo, una visa y el pasaporte. Depende para qué zonas también el carnet de passage, además de las vacunas y los visados de los que ya hablé en otros artículos.

La pantalla dice que estamos en Costa de Marfil, casi en la frontera con Ghana, he tardado un par de países en relatar cómo ha ido hasta hoy.

Veremos mañana qué me depara el día, necesito urgentemente un visado para Nigeria y un mecánico donde cambiar el kit de arrastre, las gomas, aceite que no llevo, filtro que sí, e instalar el nuevo GPS.

IMG_1076Por recomendación de Eduard López (www.ridetoroots.com), he cambiado a un Two Nav Delta de Compegps, que parece ser mejor que Garmin para trazados por pista e igualmente competitivo sobre asfalto. Además la empresa es de Barcelona.

El Viernes y el Lunes es fiesta por Semana Santa en Ghana, así que no tengo mucho margen.

Comienza el viaje

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