Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Australia, muy cerca de Sydney, quién sabe dónde.

Dos semanas sin escribir en las que además de conducir mucho y seguir disfrutando, no he dejado de masticar con la boca vacía.

Poco a poco iré digiriendo y haré la digestión en este blog al que tantas cosas debo.

Así han sido estos días…

AYERS 3

Australia

(Dale al aspa y se ve el mapa)

Map your trip with EveryTrail

Nicky y Adam son una encantadora y divertida pareja inglesa que vivieron tiempo en una caravana y así ahorraron el dinero suficiente para viajar en moto desde Inglaterra hasta Australia. Cuando salieron de Darwin rompieron la caja de cambios y tuvieron que volver para arreglarla. Los pocos talleres que accedían a arreglársela lo hacían semanas después, todos estaban saturados de trabajo.

Desesperados pusieron una alarma en Horizons Unlimited, en el foro de viajeros moteros, y a los minutos contestó Adrián, un friqui motero australiano que pasa los sesenta, de piel curtida, manos enormes, y un taller a las afueras de Darwin donde ellos mismos podían arreglar la moto con su experiencia mecánica supervisando.

Así hicieron y así arreglaron su mítica bmw.

NICKY Y ADAM

(Foto “choriceada” del blog de Nicky y Adam) (Choricear = to steal ) (spanish slang )

Cuando saqué la moto del contenedor, engrasé la cadena y anduve los primeros kilómetros, había dos cosas que me preocupaban. La cadena, que desde que salió de Duddy hasta que llegué a Dili  tuve que tensarla en un par de ocasiones y me estaba mosqueando, y sobre todo la rueda trasera, que aunque no hacía tanto tiempo que la había cambiado ya hacía muchos kilómetros. Es lo que tiene viajar tanto, que todo se consume rápido.

A la rueda  podían quedarle dos mil o quizá hasta cuatro mil kilómetros, no sabía muy bien, pero lo que sí sabía era que en Darwin una rueda me costaría doscientos cincuenta euros y no iba a ser fácil que me la cambiaran en un día. Y tenía claro que no iba a esperar el fin de semana por la rueda, así que después de comer con Adam y Nicky pensaba preguntar en un par de sitios, que me dijeran que no, y cruzar el desierto con la rueda en las últimas para intentar llegar a Melbourne y cambiarla allí. Que además era más barato.

Pero de nuevo apareció la flor y el ángel  que me cuida siempre, porque ahora que he atravesado lo que he atravesado no creo que la rueda hubiera aguantado.

Nos disponíamos a entrar en la casa con las bolsas llenas de hamburguesas y vino cuando apareció Adrián que venía a interesarse por cómo había ido la inspección de la moto de la pareja. Y no sólo apareció él, también su flamante e impoluta Bmw gs 1150 Adventure repleta de “gadgets”. Para colmo de color negro.

Ni Adrián me dio bola alguna, ni a mi moto, ni yo a él. Nos presentaron, él se puso a hablar en australiano cerrado con los chicos, y yo interesadísimo en comprenderlos me ausenté sin dejar de mirar su moto con ojos tiernos.

La última vez que vi una fue a las afueras de Madrid dos meses antes de salir. De hecho no sólo la vi sino que la probé, por carretera y por campo. Y llegué a las mismas conclusiones de siempre, por campo mucho mejor y por carretera peor.

Al final aquella moto fue la elegida, el precio alto e innegociable me hizo desistir y comprarme la varadero mucho más barata y tres años más joven.

Pero ahora que estaba allí después de tantos kilómetros no dejaba de preguntarme cómo habría sido el viaje en ella. La amortiguación posiblemente habría aguantado, quizá habría hecho más pista, seguro que habría disfrutado menos tumbando en Tailandia, quizá habría tenido algún problema electrónico, o quizá habría roto el cardan…

Y qué más da, después de este viaje tengo claro que esta ruta se puede hacer con la moto que sea, será ella la que marque a veces el camino pero llegar se llega. Hacer pista en solitario no es recomendable y lo que no sabía, y ahora sí, es que hay otros moteros haciendo lo mismo y tarde o temprano te los encuentras, y en compañía sí que puedes hacer pista. Con Duncan por ejemplo habríamos hecho rutas diferentes con toda seguridad.

Ahora sigo siendo un pardillo en esto de viajar tan largo pero al menos tengo algo de experiencia que me permite ver todo de otra forma. Ahora supongo elegiría diferente.

Cuando desperté de mi viaje hipotético con la gs de Adrián, éste me preguntó por mi moto. Rápido le conté mis penas y le enseñé la rueda trasera.

Piensas atravesar el desierto así?, no sé si llegarás…

Al minuto llamó a su proveedor de ruedas y sí que tenían mi medida, no me la montaban pero Adrián se ofreció a hacerlo por la mañana del día siguiente en su taller.

Una preocupación menos, más tiempo para los panes y los vinos.

Esa noche llegué al hostel tocado por el vino y especialmente alegre por lo anterior y porque al día siguiente volvía a estar en ruta. Y me moría de ganas de salir del triste Darwin enfundado en mi casco.

El mayor aprendizaje de un viaje tan largo en solitario creo que es sobre uno mismo, hay cosas que no conocía de mí, y esa noche me sorprendí de nuevo entusiasmado por viajar, con la misma ilusión que siete meses atrás pero con algo más de sabiduría y con muchas menos incógnitas.

Dediqué largo rato a volver a colocar el equipaje, nada que ver con el que salió de Madrid, ni en contenido ni en colocación. De esto también he aprendido mucho y creo que es de las cosas más importantes de viajar en moto durante tanto tiempo. Tan importante es no llevar cosas inservibles, como llevar lo esencial de buena calidad y cómodo. De todo esto espero escribir al final del viaje, a modo conclusiones por si a alguien le puede interesar mi opinión.

La ropa y las botas estaban impolutas, había lavado todo y afortunadamente mi aroma de carreta había desaparecido. De nuevo agradecer a 2t moto por la cesión de todo el equipamiento. Antes de conocerlos pensaba viajar con mi eterno traje Garibaldi de los setenta, que aunque sigue impoluto después de tantos años no deja de tener mi edad.

La calidad del equipamiento que he traído me ha protegido perfectamente del frio turco y nepalí, de la lluvia serbia y/o kosovar, del monzón indonesio, y de los varios arrastrones por pistas en el Himalaya y en Tailandia en busca de paraísos. Además de soportar el calor tropical que era algo que siempre me preocupó. Ahora ya puedo decir que aunque la ropa claro que da calor, es siempre soportable. Esencial esto último porque una caída en un país raro te puede llevar a un hospital chungo y una simple herida puede terminar en una infección.

Después de ocho meses de uso diario sigue estando todo en perfectas condiciones, desde luego ha sido una prueba a conciencia que ha superado con creces.

Y además y por último da gusto que te traten bien, y con el dineral que nos dejamos los moteros en estas cosas, se agradece hacerlo en una tienda que apoya a la gente que hace viajes, por interés publicitario por supuesto pero con mucha generosidad. No tiene nada que ver ir a comprar a Yunkos y que te atienda David, que ir por poner un ejemplo a la calle embajadores en Madrid a que te maltrate ese señor que lleva treinta años cabreado detrás del mostrador, de pelo grisáceo, gafas de pasta torcida, y que te mira de lado mientras te regaña por preguntar. Creo yo.

Por último desmonté el casco y lavé el interior que también tenía mi profundo aroma. Otro gran acierto, además de por ser de gran calidad y muy cómodo, por haber decidió que fuera modular. Para un viaje de estas características en el que en innumerables ocasiones tienes que parar y preguntar algo, por no hablar de los cansados pasos fronterizos, si uno tiene un mínimo de educación con un casco integral terminas quitándotelo cada cinco minutos. Con éste no es el caso, lo abres, dejas tu blanco careto al aire, y tu interlocutor te reconoce como terrícola y no como familiar de “darth vader”.

Errores he cometido muchos pero no en el equipamiento.

Con todo listo a la mañana siguiente pasé primero por el taller de Adrián que me esperaba para ir juntos a la tienda de ruedas. Pero no hizo falta, Adrián tenía una Michelin de segunda mano de su bmw que me valía perfectamente. El dibujo duraba mi vuelta por Australia de sobra y los últimos mil kilómetros escasos que haré desde Barcelona a Madrid dentro de varias semanas, momento en el que por algo que no puedo desvelar ya no hará falta más rueda.

Adrián montó la rueda con su amplio surtido de artilugios y me cobró 15 euros por todo. Es decir, me regaló una rueda medio nueva y me ahorró doscientos cincuenta euros y días de espera. Otra muestra más de generosidad, esta vez en Australia y puramente motera. Suma y sigue.

A las nueve de la mañana  enfilé la carretera del desierto, la que me llevaría al sur de Australia después de varios días y de muchos y muchos kilómetros.

En previsión de lo que venía me puse música, presioné “shuffle”, y aleatoriamente la máquina sabiamente decidió que sonara Camarón. – Toma ya! -, allá que vamos…

Comenzaron las insufribles rectas acompañadas de paisajes que aunque seguían verdes iban perdiendo intensidad y la tierra color rojizo hizo su primer acto de presencia para ya nunca desaparecer.

Supongo y espero que el ingeniero que diseñó la carretera no cobrara mucho. Supongo también que un día quedó con el constructor, Manolo, porque los constructores en cualquier lugar del mundo se llaman Manolo, y le dio órdenes muy concretas.

Una mañana cualquiera, ambos con cerveza en mano, porque aquí siempre están bebiendo cerveza, largo rato en silencio mirando el interminable e infinito horizonte, hasta que el ingeniero rompió el silencio y dijo.

Ves Port Augusta Manolo?

No jefe no, cómo voy a verlo si habrá por lo menos tres mil kilómetros.

Es verdad, pero da igual, estar está, y además allí –señalando con el dedo como Colón-, así que tú tira recto que llegarás. Ni planos, ni mediciones ni leches, mira al frente y no te tuerzas…

Y afortunadamente para los usuarios Manolo no dejó de beber cerveza y de vez en cuando se torcía un poco, muy ligeramente, después rectificaba y volvía al eje. Y esas son las únicas medio curvas de la carretera, que se trazan con la vista y que si por alguna razón mueves ligeramente la cabeza hacia uno u otro lado te sales de ellas.

El ingeniero también ordenó a Manolo que como máximo cada doscientos cincuenta kilómetros dejara hueco para una gasolinera, pero que eso no lo comentara mucho, así generarían un poco de mito que atraería a los turistas y en especial a los  “intrépidos” moteros.

Y es que tantas veces me habían dicho que tendría que comprar depósitos para gasolina y para agua, y que habría tramos de más de 400 km sin nada, y que podría deshidratarme, y que no me encontraría nadie, que me lo había creído.

Pero ni una cosa ni la otra, el verano ya había pasado y la temperatura no es que fuera caliente, es que hacía fresco, en las paradas te quitabas la chaqueta y se agradecía el sol. Además estaban acabando las lluvias que también a esta parte del desierto llegan, lo que supuso que en los siguientes días me llevara algún que otro remojón y la carretera tuviera algún que otro charco.

Y el único riesgo de quedarse sin gasolina es o bien de noche, que cierran algunas gasolineras, o bien si uno es un desastre como yo.

Porque empecé a 110 Km/h, lejos de los 130 del límite permitido en esa carretera recta de un carril, me fui alegrando y llegué a los 130, luego un poco más porque los cuentakilómetros suelen tener un poco de error. Y luego ya no fui yo, era la moto que quería correr después de tanto tiempo sin hacerlo.

Y así, zumbando y protegido por la cúpula durante bastantes kilómetros, me sorprendió el destello naranja y luminoso del testigo de la reserva, que saltó mucho antes de lo previsto. Y es que esta moto, como supongo muchas otras, no tiene término medio. Rodando a 110 arriba o abajo la autonomía son casi 450 km, menos de seis litros, pero a partir de ciertas velocidades que la DGT no me permite decir, y con la moto cargada, el consumo puede llegar a los diez.

Cuando saltó la reserva llevaba doscientos setenta kilómetros y  no recordaba exactamente cuándo vendría la siguiente gasolinera porque me había saltado una que en principio no me hacía falta. Bajé a 120, luego a 110, y terminé temblando a 90 porque empezaba a dudar que llegara.

Los mitos de que la carretera estaría vacía tampoco eran ciertos, cada intervalo de cinco o diez minutos pasaban coches en una u otra dirección, así que ya estaba preparado para hacer dedo.

Pero pasé por un área de descanso y vi dos furgonetas de quinta mano paradas, jóvenes europeos viajando por Australia con casi toda seguridad. Paré y efectivamente, dos alemanas comían sendos bocadillos sentadas en la parte trasera de su furgoneta, con el portón trasero de toldo, mientras un francés que chapurreaba castellano andaba por allí con sus cosas. Viajaban juntos e iban dirección norte, el invierno llegaba al sur de Australia y la mayoría de los viajeros se cambian de zona en estas fechas.

Les conté mis penas y estuvieron intentando hacer memoria de cuándo llegaría la siguiente gasolinera, pero no se acordaban con exactitud.

Al rato largo una de las alemanas se iluminó y con la boca llena dijo.

– Ah!, nosotras tenemos gasolina, quieres?

Claro que quería, les compré cinco litros y pude seguir los cincuenta kilómetros que faltaban hasta la siguiente gasolinera. No hubiera llegado ni de coña.

Así que nada, más de lo mismo, cansado de decir educadamente que me acompaña una flor, llamaré definitivamente ya a la cosa por su nombre…

Que tengo una flor en el culo!!!!!

Tardé dos jornadas en llegar a Alice Spring, ciudad ubicada geográficamente en el medio de Australia. La primera noche la pasé en Daly Waters, a 550 kilómetros de Darwin. Una aldea que recordaba al más lejano oeste y sin más interés turístico que una taberna donde parece que históricamente han bebido cerveza todos los personajes míticos de este país de historia reciente. Las paredes de la taberna estaban decoradas con curiosas, por no decir absurdas, colecciones de objetos.

Chanclas, camisetas o sujetadores.

DALY WATERS

Desde ahí a Alice springs tardé nueve horas en hacer la jornada más larga del viaje en kilómetros , 920, por las mismas rectas interminables diseñadas por el ingeniero y a puño fijo, 130 kilómetros por hora y mucho pero que mucho tiempo para pensar.

A ratos en cosas que me parecían trascendentales, a ratos en cosas absurdas, y a ratos recordando el viaje y todo lo que en estos meses me ha pasado. Pero la verdad es que no me aburría, acompañado por un cielo espectacular, respirando lo mejor que tiene Australia, su aire extremadamente limpio, y adentrándome poco a poco en el desierto rojo.

INICIO DESIERTO

Llegando a Alice las primeras formaciones rocosas aparecían en el horizonte para que después la carretera serpenteara ligeramente atravesándolas por un pequeño cañón rojo intenso. Las lluvias habían dado el verde a los matojos y el desierto no terminaba de presentarse árido, supongo que de haber llegado cuando preveía, dos meses atrás, habría sido todo muy diferente.

En Alice estuve un día parado para escribir y sobre todo para empezar a preparar el envío de la moto a Barcelona y no perder mucho tiempo al llegar a Sydney. De los varios mail que mandé terminé quedándome con Bill, un agente que tenía sus oficinas en Melbourne y que me recomendaba hacer el envío desde allí. Así que allí que me dirigía aunque seguía con la idea de seguir después hasta Sydney para luego dar la vuelta.

Alice es la segunda ciudad más poblada del norte de Australia, creada por los blancos hace unos cien años como consecuencia del paso del telégrafo de norte al sur del país. Antes claro, había aborígenes. Ciudad sin desnivel alguno, de avenidas anchas, aire limpio, silencio absoluto y miradas desafiantes de aborígenes a blancos profanadores de su santa tierra.

El canadiense con el que compartí la habitación del hostel llevaba dos meses allí trabajando y me lo explicó muy claro, si haces todo lo que dice la Lonely Planet que se puede hacer aquí, tardas cuatro horas. Aburrido se queda corto para definir lo que era Alice Springs. Los alrededores eran otra cosa, la oferta turística para visitar lugares de belleza natural era muy amplia.

Como soy bastante perro por las mañanas y además tuve varios problemas tecnológicos para subir la anterior entrada, terminé saliendo casi a las dos del día siguiente, dirección Ayers Rock, la roca más famosa de Australia y  de las más famosas del mundo.

En mi ignorante cabeza debía haber unos 300 km desde Alice, tenía el dato que había que desviarse unos 200 km desde la carretera principal e imaginaba que el desvío estaría a unos 100 Km. Nunca encontré el momento de encender el gps y preguntarle, qué va, el día anterior estuve muy ocupado mirando el techo de la litera y ni pensé en organizar la jornada siguiente. Si siempre suelo ir relajado en estos temas estos días de Australia ya han sido extremos.

Así que cuando la dulce recepcionista del hostel me dijo 450 km, y eran casi las dos, me di cuenta que mi lentitud matutina tenía pinta de provocar la primera conducción nocturna en Australia, y mira que estaba advertido de sus peligros.

Los peligros de estas carreteras son pocos, quedarse dormido en las aburridas rectas es uno, los trenes de carretera son otro (camiones con hasta cuatro remolques que puedes llegar a tardar una eternidad en adelantar), y por supuesto la estrella del país, animales en la carretera, especialmente los temidos y torpes canguros que se acercan a las luces en la noche.

ROAD TRAINALERTA CANGUROS

Había visto un canguro vivo el segundo día, a las ocho de la mañana y de refilón. Muertos ya había visto alguno y después vi muchos más.

Pero no hacía falta ser muy listo para intuir el peligro, las señales de tráfico advirtiendo de su presencia, las huellas incomprensibles de frenadas de neumáticos en el asfalto recto, los coches cadáver en las cunetas, y los cuerpos de canguros muertos, hacían presagiar que sí, que en la noche aparecerían.

Así que cuando giré en el desvío de la carretera principal, la que baja al sur, para emprender los 250 kilómetros hasta la dichosa roca, dirección oeste, con el sol de cara bajando vertiginoso y cegándome cada vez más, y la cabeza haciendo números que pronosticaban al menos una hora nocturna, me entró “el síndrome del canguro”.

Daba igual lo que me rodeara, por increíble que fuera el paisaje mi cabeza no dejaba de pensar en otra cosa. Los últimos minutos de sol fueron infernales, no veía un carajo, a ratos conducía con una mano y la otra la usaba de visera, pero ni con esas. Eso sí, veía claramente que iba a aparecer un canguro y no lo iba a ver.

Y el sol terminó de desaparecer y poco a poco el cielo fue adquiriendo colores púrpuras que tiñeron las solitarias nubes negras que deambulaban flotando sobre mi cabeza. Posiblemente de las mejores puestas de sol del viaje pero que “el síndrome del canguro” evitó que fotografiara. Parar cinco minutos no estaba en mis planes, desde que el sol se marchó hasta que las luces de la moto se impusieron a la claridad del cielo, conduje frenéticamente intentando avanzar lo máximo posible dirección roca. Porque quería llegar sí o sí.

Y ya sin luz, con los focos xenon alumbrando el desierto entero, y a menos velocidad, la obsesión por encontrarme algún canguro se convirtió en enfermiza. Imaginaba como uno de esos simpáticos animales aparecía por cualquiera de los laterales de la carretera, dando cómicos botes hasta saltar al asfalto, frenar incomprensiblemente en el centro de la carretera, girarse repentinamente, mirar mis focos, cerrar y abrir los ojos sorprendido, y con cara de susto llevarse las manos a la cara para no ver como una moto negra se empotraba contra su ser. El tamaño de estos animales no deja mucha esperanza, las consecuencias fluctúan entre catástrofe material y catástrofe material y física.

CANGURO EN SILENCIO

Pero no, aparecer no aparecieron y conseguí llegar a la roca y a su carísimo único recinto hotelero. Una litera en una habitación de veinte, casi 30 euros.

Amanecí a las cinco y media de la mañana para ver amanecer en la roca.

Ayers es una roca misteriosa y sagrada para los aborígenes, desde hace cien años para acá y especialmente en los últimos deben de estar bastante cabreados viendo como grupos de turistas cámara en mano la profanen subiendo torpemente a su cumbre. Luego claro, te miran mal, qué raros estos aborígenes.

Los primeros rayos de sol tiñen sus paredes de un color rojo intenso y efectivamente mágico, si eliges una cuneta cualquiera de la carretera que rodea la roca, en lugar de ir a los miradores señalizados, la perspectiva es algo peor pero te ahorras el desagradable momento de tener que abrirte paso a codazos entre japoneses, sus largos objetivos, y bullicio de turismo organizado.

Eso hice, aparqué en cualquier lugar, y en total silencio pude disfrutar de la roca y sus tonos de la mañana, porque tan impresionante son las tonalidades como la paz que se respira allí a esa horas de la mañana.

Además de contemplar y fotografiar aproveché para estirar las piernas.

AYERS 4AYERS 3

Después sí, fui al mirador señalizado para contemplar la salida del sol cuando los autobuses ya se iban y efectivamente la perspectiva era la buena. Los tonos ya iban cambiando.

LA ROCA

Pero Alley Rock no es la única formación rocosa, desde allí se observaban en la lejanía las Olgas, otra maravilla en mitad de la nada, y otra inmensa roca de cresta  plana que aparece en la lejanía 130 km antes de llegar a Uluru y que personalmente me pareció más espectacular, aunque por alguna razón que desconozco no aparece tanto en folletos turísticos. En la distancia lejana no conseguía calcular su dimensión pero era enorme.

OLGASLA OTRA ROCA

Por último no tuve tiempo de ir a King’s Canyon, otra al parecer impresionante formación rocosa y rojiza pero para la que necesitaba un día más y no tenía.

Lo que rodea a todas estas formaciones, y otras muchas de menor tamaño, es una colosal sabana árida de arbustos y horizonte infinito, lo que hace de todas ellas cobren más protagonismo si cabe apareciendo imponentes en la inmensidad de la nada. Y por supuesto el silencio del desierto que hace un placer contemplarlas aunque sea en la lejanía.

Este era el tercer desierto que visitaba y curiosamente todos en moto. Todos diferentes pero todos con algo especial que los hace adictivos. Será la luz que tienen, o la paz y el silencio, o será el cielo, o será algo místico que no alcanzo a comprender, pero las tres veces he sentido lo mismo, paz.

Una moto ligera, un buen compañero o compañera de viaje, comida, agua, y una buena tienda de campaña, con tiempo suficiente para perderse por las muchas pistas que me guiñaron el ojo esos días, hubieran sido el mejor postre a este viaje. Pero tendrá que ser en otra ocasión porque de todo lo anterior sólo tenía tienda de campaña, y demasiado pequeña por cierto, un gran error del equipaje del que ya hablaré al final.

Desde Uluru tuve otra larguísima jornada de 850 km en la que el desierto mostró su cara más árida, sin llegar a ser lo que imaginaba porque nunca supe que aquí durante esta época llueve. Los apagados verdes de los arbustos durarán supongo poco y cuando las temperaturas vuelvan a subir esto debe ser otra cosa.

DESIERTO

Y prueba de ello es que paré en una inhóspita pequeña ciudad minera llamado Coober Pedy, famosa por su ópalo y rodeada de dunas artificiales producto de la mano del hombre escarbando para buscar fortuna.

Y allí las temperaturas durante casi todo el año llegan a los cincuenta grados de día y bajan extremamente en la noche. Eso hace que la mayoría de la población viva bajo tierra, incluyendo comercios, restaurantes y hoteles. La vida se desarrolla en galerías subterráneas, incluso hay una iglesia soterrada.

Mi litera estaba a seis metros de profundidad, que añadido a la paliza de kilómetros que ya acarreaba, hizo que amaneciera en total oscuridad pero pasadas las nueve de la mañana.

Así que si cumplía mi plan de terminar ese día con el desierto y llegar a la primera ciudad importante de mi paseo por Australia, Adelaida, todo parecía indicar que volvería a conducir de noche.

Esa mañana como todas las anteriores volví a tensar y engrasar la cadena. Aunque después de la intervención el sonido era menor, ya no dejaba de emitir ese enfermizo y desagradable sonido.

Las paradas de avituallamiento en Australia y en especial en esos días de desierto eran extremadamente solitarias y tranquilas. Después de tantos meses en Asia acompañado siempre por curiosos lugareños sorprendidos por mi presencia, aquí era justo lo contrario. No había nadie o de haberlo casi nunca se acercaban, algún europeo al ver la matrícula  o algún australiano motero en ocasiones, pero rara vez. Y la verdad es que lo agradecía como terapia para mi vuelta al mundo real.

En una de ellas apareció un ciclista con equipaje, uno más de los muchos que me he encontrado en estos meses. Moteros y ciclistas solemos siempre acercarnos para curiosear nuestros respectivos viajes.

En esta ocasión era Johnny, un inglés aparentemente de mi edad que tenía dos meses para cruzar el desierto de sur a norte. La conversación empezó frenética y terminó extremadamente intensa, Johnny también era motero, al saber que venía desde España me dio la enhorabuena y me contó que había viajado mucho en moto, en el año 83 me dijo había bajado desde Inglaterra hasta Sudáfrica en una Yamaha  XT…

¿En el año 83?, pero…, cuántos años tienes?

50

A las pruebas me remito…

JOHNNY

Para colmo me terminó explicando que había dejado su empresa en manos de su mujer y su exmujer, que trabajaban juntas.

Faltó muy poco para arrodillarme y hacerle reverencias indefinidamente. Qué tío más crack, cincuenta años, aparentando treinta, atravesando el desierto en bici durante dos meses en los que su empresa es custodiada por su mujer y su exmujer. Sin palabras.

Espantando moscas nos despedimos y cada uno siguió su camino.

El punto más feo de esta parte de Australia son las moscas, son miles e insistentemente pesadas, te van a la cara, a la boca, al objetivo de la cámara o cualquier parte molesta, – ajjjjjjjjj-, un asco.

Muchas veces rompen el momento de tranquilidad y te hacen abandonar el lugar antes de lo previsto, lo bueno es que al atardecer desaparecen, deben tener el turno partido con los canguros.

El desierto fue desapareciendo poco a poco, aparecieron grandes lagos a ambos lados de la carretera, y a los seiscientos kilómetros aproximadamente apareció el mar, Port Augusta, un pequeño pueblo en el que no había nada que hacer más que volver a llenar el tanque de gasolina y comer algo.

Así que seguí y de nuevo la noche me sorprendió, por decir algo, porque si sales a las diez queriendo hacer 800 km pues pasa lo que pasa. Esta vez acudieron a mi sufrida cabeza  dos síndromes diferentes, el ya conocido de los canguros y uno nuevo, “el síndrome de la cadena partida”.

El ruido era ya infernal, deprisa no se escuchaba pero al salir de cada parada daba miedo. Había intentado tensarla pero cuanto más tirante más probable parecía la rotura, y el ruido además tampoco mejoraba.

Entonces empecé a recordar la imagen de Duncan en Tailandia haciendo malabares cuando se partió su cadena a sesenta kilómetros por hora y la rueda quedó frenada, con una moto de menos de 200 kg y a paso de tortuga. Y yo iba a 120 y con trescientos kilos, así que no dejaba de mirar contra qué me iba a empotrar.

Ahora parece que lo mismo me salvo dando volteretas por esa explanada- , – ¡Ups!, ahora me empotro contra ese robusto y legendario árbol- , – ¿perforará esa alambrada de pichos mi traje?-, y cosas así…

Pero a las tantas y sin sustos de ninguno de los síndromes llegué a Adelaida, primera ciudad importante y realmente habitada, primeros edificios en altura, y de nuevo un profundo y rotundo silencio. Parece que los australianos son mudos, al menos en su país, porque las que armaban en Bali sí que eran finas, y ruidosas, pero aquí todo está en extremada y aburrida calma.

Decidí descansar un día y solucionar problemas, al día siguiente seguí en conversaciones con Bill y a media mañana decidí intentar arreglar la cadena porque quedaban mil kilómetros hasta Melbourne y no podía seguir así.

La tensé y destensé cinco veces, en un punto hacía un arco infinito y un poco más tensa, pero sólo un poco, la mitad de la cadena pasaba bien pero la otra mitad se movía como las agujas de un electrocardiógrafo pasado de vueltas, vibrando furiosamente y con síntomas de rotura inmediata.

Con ayuda de las dos recepcionistas del hostel, holandesas y como siempre encantadoras, encontramos un taller que casualmente estaba a menos de quinientos metros.

Era una tienda enorme de motos, con media planta ocupada por un taller más limpio que un hospital, la otra mitad de exposición de motos nuevas y usadas, y una segunda planta dedicada a recambios y accesorios.

El jefe de taller me acompañó al exterior a ver mis problemas para después mandarme a la planta de arriba, que preguntara si tenían cadena. Claro que tenían, así que bajé de nuevo y pregunté si me la cambiaban.

Sí claro, pero no ahora.

Abrís mañana sábado?

Sí pero tampoco hay hueco, te tendría que dar hora para…

Ni dejé que terminara, saqué lo más ruin de mi ser para soltar la siguiente joyita.

Mire, vengo desde España en moto, llevo casi cuarenta mil kilómetros y dos meses de retraso, el lunes tengo que estar en Melbourne para embarcar la moto a Barcelona.

Tomé un poco de aire y seguí…

No soy muy bueno en esto de la mecánica, pero quizá podría venirme mañana por la mañana y cambiarla yo ahí fuera, simplemente si pueden ayudarme en caso de…

Ahora fue él quien no me dejó terminar, salió despedido al taller, agarró del cuello a un mecánico que me sacaba dos cabezas, le explicó lo que pasaba, y volvió a dirigirse a mí.

Vente dentro de una hora que estará lista.

Pues menos mal, porque cambiarla la habría cambiado, lo que no sé es cuánto habría tardado y sobre todo cómo habría quedado.

A la hora exacta estaba allí y el jefe de taller sonreía mientras me recordaba lo afortunado que había sido, sin dejar eso sí de pasar mi tarjeta por valor doscientos euros.

Y sí, independientemente del “tarjetazo” con el que no contaba, la verdad es que soy muy afortunado, creo que está quedando demostrado.

CADENA

Quedaban mil kilómetros para llegar a Melbourne, los últimos trescientos suponían el penúltimo homenaje motero, la “Great Ocean Road”, una mítica carretera que bordea la costa sur australiana.

Tarde tres días en hacer lo que deberían haber sido dos, con el desierto ya en el olvido aparecieron los bosques de pinos primero y de Eucaliptus después, los verdes tomaron otra intensidad y la carretera empezó a serpentear con curvas en su mayoría rápidas. Pero qué placer, de nuevo surfear, con temperatura perfecta, el mismo aire fresco y limpio, y paradas en áreas de descanso que solían estar vacías, en silencio y con aroma de  naturaleza.

BOSQUES

Me había comprado un queso enorme y llevaba siempre pan, así que sacaba la navaja, agua o refresco de turno, chaqueta fuera, careto al sol que se agradecía, moto en frente, y sonrisa a dos carrillos disfrutando de la vida y de lo agradecido que es viajar en moto. Cosa que no pienso dejar de escribir las veces que haga falta. Viajar en moto es un regalo.

Me encanta la palabra parsimonia, define perfectamente el estado en el que entré consecuencia de todo lo anterior. Las paradas aumentaron en número y en tiempo y bajé la velocidad, como deseoso de que nunca acabara, que la carretera a Sydney fuera infinita y esos bosques no tuvieran salida.

Habían cambiado mucho las cosas desde hacía no tanto, lo exótico y a veces algo incómodo de Asia había dado el relevo a las buenas carreteras y a la comodidad del desarrollo, del bullicio y compañía constante al silencio y soledad, en principio si tuviera que elegir me quedaría con lo primero, pero después de tantos meses unos días así me parecieron un perfecto broche final.

Así llegué en dos días a Warrnambool, pueblo que indicaba el inicio de la “Great Ocean Road”. Aunque quedaba algo de luz decidí parar para enfrentarme a la famosa carretera  la mañana siguiente y hacerlo descansado.

En una pantalla enorme del hostel emitían la Fórmula Uno, con Alonso en ese momento en el puesto 14 y medio lloviendo. Pagué la litera sin casi mirar a la cara de la dueña mientras los ojos se iban a la televisión, sin cambiarme de ropa me senté en el sillón, me quedé embobado,y así vi como Alonso iba remontando.

En un momento  entró un chico por la puerta, me miró, y vino directo…

Hi, where are you from?

Spain

Por fin, vi tu nombre en el cuaderno de entrada, y dije por fin…, a este lo encuentro yo, boludo!, no aguanto más con el XXXX inglés…

Así conocí a Rafa, de los pocos amigos que me he encontrado por Australia. Los viajeros aquí son mayormente europeos adolescentes y al ritmo de estos días no me ha dado tiempo de conectar con casi nadie.

Con Rafa fue rápido, primero por el idioma, después porque andamos parecidos en edad, y sobre todo porque es un tío estupendo y tenemos en común miles de cosas que nos distinguen del silencio de Australia y de los australianos.

A las siete de la tarde buscando un lugar donde comprar una botella de vino no dábamos crédito al rotundo silencio y al vacío total de las calles.

Pero mirá lo que es…”, decía Rafa mientras me agarraba el brazo eufórico por poder comunicarse.

Por supuesto nos dio igual, nos pimplamos la botella de vino de chácara en el hostel hasta que caímos redondos en las literas.

A la mañana siguiente seguimos caminos diferentes pero quedó abierta la posibilidad de reencontrarnos en Sydney. Rafa me regaló una camiseta de argentina que días después me salvó porque tantos días en la carretera son incompatibles con la colada.

Sin duda un buen amigo.

RAFA

Y con cielo nublado y alguna que otra gota enfilé la mítica  “Great Ocean Road”, trescientos kilómetros escasos que me llevarían a Melbourne costeando sin cesar.

OCEAN ROAD 4

Y supongo que cuando te hablan tanto de algo, cuando el ministerio de turismo y su departamento de marketing invierten dinero en promocionar un lugar, y sobre todo después de haber atravesado tantas y tantas carreteras, la expectativa es mayor  y existe el riesgo de desilusión.

Y en parte eso pasó, sin por supuesto dejar de disfrutar porque trescientos kilómetros viendo el océano cabreado romper contra la costa, con paisajes muy especiales,  atravesando pequeños pueblos, y tan lejos de casa, no deja hueco al aburrimiento sino a todo lo contrario.

El asfalto curiosamente fue el peor que me encontré en el camino, incluso con paradas por obras, pero a ratos me permitió volver a tumbar y en alguna ocasión, recordarme que la estribera en esta moto cargada toca fácilmente.

Paré en varias ocasiones, muchas menos de las recomendadas por el ministerio de turismo y la Lonely Planet, pero las suficientes para saborear el mayor atractivo de esta costa, la erosión que durante miles de años ha ido generando monolitos de roca naturales que salen verticales e imponentes del agua.

OCEAN ROAD 1OCEAN ROAD 2

La “Great Ocean Road” es sin duda un buen destino motero y no motero, pero en mi modesta opinión, como la gran mayoría de Australia, está muy bien comercializada.

Usando palabras de Sabina, si me dan a elegir, entre todas las carreteras de costa, yo escojo la carretera E-66 que baja Croacia de norte a sur durante 600 km de ensueño. Sin lugar a dudas, y desde España la tenemos a tiro de Semana Santa.

Por cierto pronto tendremos una excelente crónica de esa carretera y alguna más en el mejor escondite de los viajes .

Y al final del día llegué a Melbourne, ciudad que me hubiera encantado conocer pero que por los tiempos dichosos no pude. Me reuní con Bill por la mañana y después de casi una hora de amable conversación terminó llamando a una empresa en Sydney y mandándome allí, prefirió dejar de hacer un pequeño negocio que hacerme volver.

Salí de Melbourne a media mañana para afrontar los últimos mil kilómetros de un viaje de cuarenta mil. Tardé dos días en llegar en los que  disfruté mucho más conduciendo entre montañas y bosques algo anónimos que por la famosa carretera de costa del día anterior. Eludí el camino recto y aburrido y viajé por la “Princes road”, bonito nombre para una carretera que lo honra y que alarga su llegada a Sydney casi 300 Km, sin llegar a ver el mar salvo en cortas ocasiones pero siempre cerca de la costa.

Y estos dos últimos días y especialmente el último, sí que fueron un homenaje final a un viaje en moto, porque la carretera apenas tenían tráfico y sí un asfalto perfecto, atravesando kilómetros y kilómetros de bosques, con señales que anunciaban koalas que tampoco nunca vi, y áreas de descanso en calma, con aire fresco, olor a campo, pan y queso. Faltó el vino pero conduciendo no parecía muy recomendable.

Con un sentimiento muy contradictorio de querer llegar por un lado, porque después de seis mil kilómetros en menos de dos semanas ya iba notando el cansancio, y otro totalmente opuesto de no querer que terminara nunca, me fui acercando a Sydney, a ese punto tan lejano que meses atrás había señalado en el mapa como posible final sin saber muy bien lo real de lo que decía.

Casi ocho meses después y algo más de cuarenta mil kilómetros parecía que finalmente estaba llegando, pero no fue así, algo me hizo parar a escasos kilómetros de Sydney y no llegar esa noche.

Continuará y desgraciadamente finalizará

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo siguiente

Deja un comentario

72 thoughts on El silencio de los canguros

  1. Ahora que tu viaje termina estoy seguro de que te darás cuenta de que no, de que ese viaje tuyo no va a terminar nunca. Ya lo irás viendo.
    Pronto verás más fotos de tu viaje, aunque no salga tu moto, porque las fotos de la mía en Croacia, se las voy a deber a un loco que arrancó el año pasado su moto allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir (Sabina) y se dirigió hacia el horizonte, él solo, sin ewan…
    Un abrazo, suerte en la travesía y hasta pronto… Maestro

    • ahora querido amigo seguiré tus crónicas, y cuando regreses de esas tierras lejanas, nuestros caminos se cruzarán, no sé dónde, pero está claro que allí nos tomaremos un vino, nos daremos un abrazo, y nos contaremos nuestras pasadas aventuras. Después soñaremos con las futuras.
      cuándo sales?
      un fuerte abrazo y suerte!

  2. Carlos

    Qué poquito te queda compañero!! Disfruta a tope y no dejes de pensar que eres un afortunado. Por favor, después de la aventura, escribe mucho sobre experiencias, reflexiones, consejos y demás.
    Un abrazo desde Las Rozas, Madrid, y enhorabuena!!

  3. CARLOSGS

    Se acaba tu viaje y pienso que los tuyos de aquí se alegrarán pero a mi me da mucha pena ya que desde mi oficina he viajado por medio mundo con tus relatos. Me he enganchado a tu maleta y no me quiero soltar. Espero encontrar algún otro que me haga viajar como lo haces tú, pero no lo encuentro. Confio en que ho abandones la página y la completes con más experiencias que recordarás ya aquí. Me gustaría saludarte en Madrid.
    Un saludo

    • en cuanto sepa el día que llego lo diré, si te apetece acercarte ese día encantado. si no puedes por lo que sea nos maileamos y nos vemos en cualquier otro momento. A mi también me apetece saludarte.
      La idea es mejorar la página, eso seguro.
      Un saludo

  4. marins

    Que bueno llegar un lunes y en lugar de trabajar llevar media mañana leyendote!!!
    Gran historia como siempre, sabia que se estaba acabando pero ahora que he leido este relato me ha dado penita de verdad porque ya tiene ese sabor a ultimos dias cuando ya no planeas…sino que recuerdas, pero vamos lo que te llevas para casa no tiene precio eso seguro…
    Hasta pronto, Besos!!

    • he encontrado una terapia que me está ayudando a lo que me viene, se trata de no dejar de repetir estas palabras sin cesar:

      amiguitas- vecino – pirata – pan con ali oli – paella – cala conta – atardecer- etc-

      Me hace bien, hasta por momentos, al cabo de repetirlas quinientas veces, me apetece volver…

      un beso amiga

      • JOSE ANGEL

        PRIMO, DI QUE SI, ¡¡¡LA MARAVILLOSA IBIZA¡¡¡ TE ESTA ESPERANDO…….TE HAS GANADO UNOS DIAS DE RELAJACION TOTAL EN IBIZA, CUANDO VENGAS , TE DOY LAS LLAVES.

        UN BESO Y ESTOY DESEANDO VERTE

  5. Arpagon

    joder, si no tuvieramos suficiente con un tipo que manda todo a tomar por culo para hacer el viaje que todos, desde nuestras sordidas oficinas o curros diversos, desearíamos hacer, ahora aparece otro -McBauman- para hundirnos más en la miseria más absoluta…
    Os odio… cabrones… 😉

    • jajajaaj!, no indagues mucho en la red que al final encontrarás muchos cabrones por ahí dando vueltas. Ingleses y alemanes sobre todo, pero también poco a poco van saliendo españoles…, alegría en las carreteras internacionales, que los nórdicos son muy sosos.
      un abrazo

  6. Carles

    Sin duda un viaje increíble.
    Te voy siguiendo desde hace tiempo, y me has tenido enganchado con tus relatos.
    Me quito el sombrero ante ti, sana envidia y ganas de poder algún dia ralizar algo parecido es lo que tengo… 🙂
    Creo que realmente esto nucna acaba…jajajaja…has empezado algo que no tiene fin 🙂
    Un abrazo.

    • a veces pienso igual, que esto nunca acaba. luego me sorprendo en rumbo.es, viendo como suben los precios de los vuelos pos volcán, y digo -joder!-, que es verdad, que se está acabando… o no, quién sabe…
      un abrazo y gracias por seguirme y por escribirme

      • Carles

        Bueno, eso nunca se sabe…lo importante es tener las ganas de seguir y no parar…no parar….no parar…!!!..jajaja
        Espero que acabe bien la última parte de este viaje…y la disfrutes como todas las demás.
        Que sepas que tienes unas birras pagadas en el aeropuerto de BCN…o donde quieras…cuando llegues 🙂

        Un saludo y un abrazo..!!

        • llegaré a Madrid, pero en unas semanas iré a Barcelona a recoger a la niña que llega en barco allí. Avisaré, me encantaría darte un abrazo

  7. Resito

    Enhorabuena una vez más por tu épica hazaña.
    Nos estás haciendo vivir emociones con las que muchos soñamos y que, bien por miedo a lo desconocido o bien por ausencia del vil metal, solo podremos sentir a través de tu teclado.
    Nos vemos por alguna curva de Madrid.

    • Creo que mantendré siempre la pegatina de sinewan en mi moto, en esta o en la que venga después, porque yo a vosotros no os voy a reconocer!!!!!
      Gracias por decir lo que escribes, me hace sentir muy bien.
      Lo dicho, cuando veas un barbudo de negro, con pegatina sinewan, páralo, que te lo agradecerá…
      Un abrazo

  8. Erik

    Hola Charly, estoy encantado con tus relatos, y sobretodo me ha hecho pensar la foto de la señal de Canguros next 20km.

    No sé que se debe sentir si estas en tu lugar y ves esa señal y te paras a pensar: “he salido de Madrid en esta moto y ahora tengo que estar atento de que no me salga un Canguro en la carretera” que fuerte, no se que debes sentir, pero si a mi me emociona, a tí…

    Espero otro relato impacientemente.

    Por cierto, no he visto lo de las fotos, me puedes decir donde lo has puesto?

    Grácias y disfruta.

    • Excelente tema de conversación, sobre eso he reflexionado mucho.
      Muchas veces me he tenido que recordar a mi mismo lo increíble que era estar con mi moto en tantos y tantos sitios. Porque aunque parezca mentira te acostumbras, y desgraciadamente dejas de sorprenderte. Eso es lo más feo de viajar tanto.
      En Tailandia con Duncan un día, ya casi de noche, adelantamos en la carretera tres elefantes, con piloto. Iban cívicamente por el carril izquierdo, así que señalizamos con el intermitente, salimos al carril contrario, aceleramos, y terminamos incorporándonos de nuevo a nuestro carril para seguir. Todo con una pasmosa naturalidad.
      Entonces cuando paramos le dije a Duncan, “tío!, que hemos adelantado tres elefantes!!!!!”
      y nos empezamos a reír y a hablar de esto, de la naturalidad con la que te acostumbras a lo tan diferente de otras partes del mundo.
      Creo que es muy sabio luchar contra esa naturalidad, es una pena dejar de sorprenderse.
      Un abrazo Erik, iré subiendo fotos en cuanto pueda, pero no te esperes gran cosa.

  9. german

    amigo Carlos

    El final de un viaje es el principio de otro…estoy seguro que pronto te embarcarás en una nueva aventura..esto engancha y no puedes dejarlo…GRacias por compartir tan buenos momentos con nosotros..

  10. Leo con sana envidia las crónicas de tus/vuestros viajes. Los sigo y, en parte, los vivo.
    Aquí, desde mi casa, desde mi sofá, que me acompaña en mi enfermedad y que espero abandonar pronto, un motero de corazón viaja cada día a miles de sitios con vuestras crónicas.
    … y pienso lo mismo. Esto no termina, es ahora cuando empieza.

    V’sss

    • Hola Daniel, espero que te recuperes pronto y puedas también oler las crónicas, que eso con un teclado no se puede describir. Encantado de haberte ayudado a viajar estos meses, y lo dicho, que pronto te recuperes.
      Un fuerte abrazo y gracias por tus comentarios de este tiempo que me han ayudado mucho.

  11. angeletevaradero

    Como siempre encantado de leer tus cronicas, y un poco apenado de que esto se acabe…..

    Esperando tu llegada a Madrid para disfrutar de unas mahuses bien fresquitas, un saludo de Angelete y su cubanita

    • Mira que me te he leído veces lo de las mahuses, jeje, pero…
      No bebo cerveza!!!!
      te tendré que acompañar con un vino, pero vamos, ahí estaré igual
      Gracias Ángel, ha sido genial leer tus ánimos todo este tiempo.
      Y esa cubanita carburación…, qué gran moto, a punto estuve de venir con la mía, ahora tendría 110.000 km. Y estoy seguro que llegar habría llegado.
      Un abrazo y gracias de verdad

  12. Rafalote

    Charly, todavía puedes cambiar de opinión y coger un vuelo a Los Angeles para hacer otra ruta igual de épica pero en el otro lado 😉
    Un saludo y disfruta de tu sueño y el de todos los que te estamos siguiendo desde el principio.

    • que esto era un sueño estaba clarísimo desde el principio, que para tanta gente en parte lo haya sido, ha sido toda una sorpresa. Con eso nunca soñé, y ha sido genial la verdad. Queda un poco más…
      Los Ángeles?, no me lo pensaba ni diez minutos, volaría a España mientras la moto llegara a LA, me daría una sobre dosis de abrazos, de cocidos, de jamón, de pedir dinero claro, y ala, a seguir…
      Ya estoy soñando otra vez, qué peligro…
      Un abrazo y mil gracias por acompañarme tantos meses

  13. Erik

    Perdona, no había visto aún la respuesta al comentario.

    Grácias, estaré atento.

    Tampoco es plan de que te estreses, que estas disfrutando de la vida!

    • un buen volcan más cerca de la Península vendría bien, pero bueno bueno, nube negra otros ocho meses, así tendría que volver en moto, que me quedó un mundo por conocer…
      abrazo y thanks

  14. McBauman

    Así será, sin duda

    ahora vuelvo enlatado de un viaje a Almeria. Si consigo hacer la maleta esta noche y terminar unas cosillas del trabajo mañana duermo en Niza. Si no, no
    😉

    • buena tirada hasta niza…, desde dónde sales?, o mejor dicho, dónde vives?, porque creo que en Ibiza ya no… por saber más o menos en que cruce nos encontraremos…

      • Ahora vivo en Alicante
        Bueno hoy no, hoy vivo en Cannes. Por 30 kms no he llegado al destino previsto, pero estaba muerto y esta ciudad es preciosa
        Espero no tener tiempo para conectarme mucho más estos días 😉

        • mira qué bonito será, Barcelona en unas semanas, saco a black pearl del contenedor, me veo con buenos amigos allí, bajo a Denia, me veo con Ezequiel, si puedo me cruzo a la islita un par de días, ni te cuento allí, y a la vuelta dirección los madriles paso por Alicante, que seguro que te encuentro en algún cruce…

          Ahora estarás supongo despertando, te costará salir de la habitación del hotel porque la sonrisa será más ancha que la puerta, cargaras a tu querida, y carretera…, y qué carretera, qué homenaje sí señor…
          disfrútalo
          un abrazo

  15. Migueeee

    Es una verdadera pena que el viaje termine… Te he seguido durante todos estos meses y he viajado contigo, desde la distancia, compartiendo tus alegrias y sufriendo con los problemas… Es lo que has logrado con tu relato en todos los que te hemos leido con interés.
    Quedan los buenos recuerdos, las experiencias inolvidables, las amistades que has hecho y el cariño que te has ganado de todos los que hemos soñado contigo.

    Cuando sepas cuándo regresas,no dudes en comunicárnoslo. Me encantaría poder darte la bienvenida en persona.

    Un abrazo!

    • Nos daremos un abrazo pronto Miguel, ha sido un placer saber que estabas ahí leyéndome, tus comentarios me hicieron siempre sentir muy bien y darme ánimos para seguir. Sin lectores hubiera seguido viajando, pero escribiendo no sé, al menos tanto, así que gracias de verdad.
      Aviso en cuanto sepa el día de mi llegada.
      Abrazo virtual por el momento

  16. Bueno Charly, ya se esta acabando tu viaje. Que maravilla de viaje… creo que lo leere de nuevo pasados unos meses. Te agradezco mucho que hayas querido compartir esta gran experiencia con nosotros, tus seguidores.

    Tengo muchas preguntas (mas bien son dudas, o temores).

    Por cierto, ¿te has planteado hacer una fiesta a tu vuelta?.

    Un abrazo y ciudadin con los ultimos Kilometros, dicen que son los mas peligrosos.

    Vssssssss

    • Gracias a ti por leerlo, resulta muy gratificante saber que a otras personas les distrae lo que escribo. Encantado de responder tus preguntas sean las que sean, o casi, jeje, si quieres por aquí, por mail, o en persona cuando llegue. Fiesta no sé, pero algo habrá. Os mantengo informados.
      un abrazo

  17. Jose

    que nooooo, que te des la vueltaaaa… no vuelvas que aquí no hay más que crisis, asfalto, humo y paro.

    un abrazo y a planear el siguiente, que te queda todavía medio mundo por recorrer!

    • Medio mundo?, qué va, lo malo de todo esto es que este viaje lo repetiría otra vez, porque me he dejado medio mundo en cada país.
      Volver vuelvo, veamos qué crisis es peor, la del país o la mía cuando llegue.
      De todas formas gracias por desearme que no vuelva, es la primera vez que un deseo tan mal sonante es positivo.
      Un abrazo

  18. Marie

    Muchas gracias por haberme hecho viajar estos últimos meses. Es una pena que este viaje termine, pero seguro que habrán más. Espero que cuando vuelvas a viajar, aunque no sea tan lejos, no dejes de sorprenderte de las cosas encontradas por el camino, que la rutina nos hace olvidar. La moto es una herramienta fenomenal para conocer a lugareños, para hablar con la gente y para disfrutar de los paisajes. Seguro que ahora disfrutarás más, incluso de los viajes cortos.
    Espero el final del relato, y a ver si más adelante cuelgas más fotos, que no nos quedemos con las ganas ;-).
    Gracias, y a disfrutar del final del viaje!

    • hola marie, gracias por acompañarme todos estos meses, tu tienes antigüedad en el blog. Sin duda que habrá más, no sé cuándo ni dónde, pero sí, saciado no estoy ni de lejos. Y siempre que se pueda será en moto, que como bien dices es una herramienta casi única para estar metido dentro del lugar que recorres. Eso no me canso de decirlo.
      Iré subiendo fotos y editaré vídeos tanto en los próximos días como espero a la vuelta, porque tengo bastante material.
      Y algo todavía queda por escribir. espero que sigas ahí.
      un abrazo

  19. ruben

    Hola Charly,

    Perdoname que te tutee, pero despues de ocho meses leyendote te siento como a un colega, te ruego de nuevo disculpes mi atrevimiento.
    Durante todo este tiempo he leido todas las crónicas imaginando como serían esas carreteras, las sensaciones de lo vivido y aunque en la distancia creo que todos podíamos sentir que viajamos contigo.
    Has influido en personas como yo haciendonos creer que es posible, que es posible dejar las “responsabilidades” de lado y vivir una aventura como la tuya y que no te llamen loco. Creo que todos aquellos que lean la aventura de tu viaje ya no podran decir que estamos locos a los que en ocasiones soñamos con poder realizar algo parecido y lo decimos en voz alta…
    Fíjate si me has impactado/alucinado que en honor a tí, a tu viaje y a esa viajera infatigable que llamas Black Pearl, he bautizado-con tu permiso- a mi nueva montura-una bandit que espero me de tantas alegrias como a ti- Black Pearl tambien.
    Gracias, gracias de nuevo por hacernos soñar.

    P.D.: Si te acercas a Asturias estas invitado a tomar una de sidra y te aseguro un rato de buena conversación motera.

    P.D.: Al administrador: ¿Puedes eliminar el mensaje anterior? Gracias

    • Asturias…, estoy salivando sólo de escribir el nombre de tu tierra. qué rico todo!!!!!
      Por allí viaje mucho con mis padres cuando era pequeño, quiero decir en edad, después tengo en el curriculum un viaje en Vulcan 500, recién pasados los 20. Otra época y otra moto, pero siempre disfrutando de las dos ruedas. Porque antes de eso también hice mucha bicicleta por allí.
      Si no me tutearas me preocuparía, y para mi es igual, también siento como colegas a la mayoría de la gente que habéis seguido el blog, al menos de la que tengo constancia.
      Y de tu bautizo a la Bandit qué puedo decir, que se me saltan las lágrimas… ojalá llenemos las carreteras de perlas negras, y ojalá nos crucemos por ahí y nos tomemos esas sidras inmersos seguro en una genial conversación. Por tu comentario de eso estoy seguro.
      Un abrazo tío, nos vemos…

  20. hola charly, nunca te habia enviado un mensaje, sigo tu viaje casi desde el principio, casi todos los dias miro si hay algo nuevo, yo tambien viajo alguna vez en moto, siempre con trail, acabo de leer en tus comentarios que igual te pegas una vuelta por las baleares, yo vivo en mallorca, estaria encantado de tomar unas cervezas y decir cuatro tonterias, ademas de ayudarte en lo que necesites. un abrazo y espero que te pases por mallorca.

    • Hola Jordi, gracias por escribir y dejar constancia de que estabas. se agradece.
      En principio iré a Ibiza, Mallorca me encanta también y de hecho he estado dos veces en moto allí. Las dos con mi ex-varadero. Si llegara a pasar aviso.
      Un abrazo

  21. paratito

    Que lastima que se acabe ya tu viaje y que ya no pueda imaginarme que soy yo el que vive tus aventuras. Cuando empece a leer tu blog habias pasado por delante de mi casa hacia un par de dias (Rosas Gerona) y ahora que vuelves me hubiera encantado ir a recibirte a Barcelona pero me es imposible al estar yo por tierras lejanas (Afghanistan).
    Continua con tu flor compañero!!!!!
    Saludos.

    • pero… qué haces en Afganistán? esto no puede ser, tú eres de los primeros que me alentaste con tus comentarios en el blog… esto no puede ser.
      En cuanto llegue a España, pido el visado y si me lo dan, creo que chungo, voy a verte. Por supuesto en moto…
      Gracias de verdad por tantos relatos que has leído y por todas esas muestras de cariño que me has mandado.
      Un abrazo

  22. Aupa Charly , ya puestos sigue para el Este , Ushaia espera .

    Bueno , ya se que por falta de ganas no sera , pero tiempo al tiempo.

    Enhorabuena , y cuando subas por Bilbao , no dejes de contactarme .

    juanto

    • Gracias Juanto, sabes bien que seguiría… pero no puede ser de momento.
      Seguimos en contacto y seguro que nos vemos.
      Un abrazo

  23. otro Miguelín

    Hola Charly!!
    Que pena que esto se termine!!!….Quiero que sepas que me estás haciendo disfrutar un montón y que gracias a ti, (y aunque de momento sea mentalmente), he despertado ese espíritu viajero que creia que ya tenia solo en la memoria. Gracias amigo.
    Espero que tengas un buen regreso, y solo decirte que si en tu ruta desde BCN tienes intención de bajar hasta Alicante o alrededores, no dudes en parar en Benicarló, donde te espera una paellita de las buenas con su correspondiente charla moto-viajera.
    Salut i força al gassssss!!!!!!!

    P.D. Por fin cambiaste la cadena!!!!……ya estaba yo sufriendo.

    • Me acordé de Ezequiel y de ti cuando supe que tenía que cambiar la cadena… jejeejej, duró casi 35.000 km, que no sé si es mucho o poco.
      Muchas gracias Miguel por todos estos meses de compañía, tú estás aquí desde el principio prácticamente. Ha sido un placer sentirse así de bien acompañado.
      Intentaré pasar por Alicante a la vuelta, al menos esa es la idea. Te confirmo cuando lo sepa.
      Un fuerte abrazo

      • otro Miguelín

        Charly, yo estoy en Benicaró, al ladito de Vinaroz……como veo que tienes familia allí, te viene al pelo.
        Salut!!!

  24. eu! Hola sobrino, he pensado que si estas cansado ya te recojo yo la moto en Barcelona y te la llevo. Sino, pasa por Vinaròs jodio. Sabes me has creado un mono gigante…. pero no me salen los numeros para comprar la moto… todo llegará. Un besazo.

  25. Moisés

    Hola Charly.

    Una auténtica lástima que se acabe tu viaje. No se a que te dedicas pero lo tuyo es escribir relatos y viajar en moto.

    Un beso muy fuerte desde Vigo.

  26. hola charly espero verte pronto por aqui por lo visto prolongas mas el recorrido yo de momento me conformo con el gpo de jerez uves copmpañero

  27. Esteban , Misiones

    Hola Charly , realmente me parece increieble que el viaje termine , estuve en un pequeño viaje de 15 dias por mi pais , Argentina ( por supuesto con mi Varadero ) y casi no te pude seguir y ahora que estoy devuelta en la rutina , me encuentro que ya estas por terminar el viaje.
    Te sigo desde el principio y pienso que sino viajaste en moto , es como si no hubieras viajado nunca , te acerca a lugares que si vas enlatado es imposible llegar y tampoco conoces el tipo de gente que a todos nos gusta conocer.
    Por supuesto que si alguna ves quieres pasar por la otra mitad del mundo y conocer las Cataratas del Iguazu y llegar hasta Ushuaia , no dudes en comunicarte conmigo.
    Un abrazo motociclista.

  28. IKER

    Hola , que envidia me das . Me gustaria tener la valentia de hacer algun día un viaje sobre mi moto como el tuyo.
    VVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVV

  29. Pingback: Final de cine — El mundo en moto Sinewan

  30. Pingback: El final de la costa oeste africana

  31. Pingback: Madrid – Sydney en relatos | EL Mundo en Moto Sinewan