En Madrid, calentando motores.

Unos días después de llegar de Australia, con la cabeza todavía en mitad de la nada, decidí acudir a la ineludible cita anual de grandes viajeros moteros. En esta ocasión era en Benimatell, Alicante. Aburrido con la moto en algún lugar del océano, encerrada en  un sucio contenedor, me fui enlatado bostezando por cansinas carreteras civilizadas. Allí me encontré con varios amigos virtuales con los que había compartido párrafos en la red, pero a los que me faltaba dar un fuerte abrazo de agradecimiento. Uno de verdad, sin nada de siglas.

Por fin conocí a Jaime Leonú (www.elmundoenmoto.net), experto viajero que desde  que andaba por Turquía me había ofrecido su apoyo para lo que fuese. También a su socio Fernando Prieto en exploramoto.com, con el que apenas hablé pero que sin embargo tiempo después nos volveríamos a encontrar, una y otra vez. A Javier y Begoña, gestores del foro prisamata.com,  y al gran Mc Bauman (el escondite de los viajes), el poeta del asfalto con el que  tantas veces había hablado por la red.  También al bueno de Juan Recio (www.viajoenmoto.com), de los pocos escritores con alguna experiencia larga en Varadero (quiero decir escrita en la red) y con el que había contactado antes de salir.

Gente cercana a la que veía por primera vez. Curiosidades de internet.

El evento había tenido la ponencia de dos invitados estrella, míticos del mundo del viaje en moto como Ramón Costa, que recorrió el mundo en una Honda Goldwin, y el gran icono de los colgaos que andamos por ahí dando vueltas, el gran Ted Simon. Excelente plantel que sin embargo a la hora de la cena quedó sorprendentemente en segundo plano, al menos para mi y los que estábamos en mi zona.

La razón era un tipo que totalmente enajenado no cesaba de contar historias de viajes imposibles, una especie de nuevo conquistador subido sobre un caballo de acero con el que aseguraba poder llegar donde él quisiera. Ya nada me puede parar – continuaba-, si quiero entrar en el santo sepulcro de Jerusalén con mi moto han de dejarme…

Tras un vozarrón que escupía tacos bien sonantes sin cesar, y  una barba tan asilvestrada como él, se encontraba Miquel Silvestre, escritor ateo de humildes novelas que un día pidió una excedencia y comenzó sin saberlo un periplo sin retorno. Por supuesto en moto. Un viaje que le devolvió la fe en dios, en la bondad de la gran mayoría de las personas que habitan esto que llamamos mundo,  en sus varias bmw, y al paso que va auguro que terminará creyendo hasta en las grandes editoriales. Su libro “un millón de piedras” cuenta una historia real de un viaje novelesco.

Aquel día conocí a Miquel Silvestre y creo que a la vida rutinaria que me esperaba en Madrid no le hizo nada bien.

Desde esos días hasta hoy ha pasado casi un año. El sistema de nuevo me engulló  y con la misma naturalidad que un día allá por la india,  creí pensar que era viajero para siempre, ahora parecía haberme convertido de nuevo en contribuyente que usa la moto para conseguir llegar a reuniones que terminen tributando. Parecía un nuevo éxito del señor sistema y sus demoniacas garras.

Pero en ocasiones, casi todos los días, la mirada se quedaba por momentos clavada en algo, una pared, un cuadro o una mesa, lo que fuese, daba igual, era como si los ojos se dieran la vuelta  y miraran hacia dentro. Lo único que veía eran curvas en lugares remotos, gentes diferentes que me clavaban la mirada desde la cuneta, paradas a comer cacahuetes rodeado de curiosos niños, horas y horas de aire en la cara, con el mundo pasando a ambos lados de la carretera…

MUJER CARGANDO

Las enfermedades crónicas es lo que tienen, que son para siempre.

El entorno motero se fue consolidando en mi vida social. Miquel convocó un día a locos que quisieran sacar de Mali una moto que había abandonado averiada allí, proponía dar la vuelta a África por etapas y pilotos. Nos juntamos una tarde en Madrid Mc Bauman, Fernando Prieto, Juan Recio, Sergio Pueyo, el predicador que nos había convocado, y yo. El proyecto no terminó de cuajar (hasta el momento), pero el veneno ya estaba de nuevo corriendo libremente por  las venas.

Después estuve varios días haciéndome de vientre porque un sábado de Noviembre, gracias a David ( 2tmoto), me había comprometido a dar una charla sobre el viaje. Me acojonaba hablar en público. Inicialmente lo pasé fatal pero gracias a la cercanía de los asistentes, terminé cual monologuista en horas bajas, contando mis batallitas  por el mundo con micrófono tipo Madona, e iluminado al puro estilo club de la comedia. A las tres horas largas nos invitaron a irnos. Más veneno.


Luego me dio por intentar escribir un libro del viaje, que no sé si  algún día seré capaz de terminar, pero que por el momento me roba horas y horas en las que de nuevo viajo por lugares, regreso a momentos, sensaciones y recuerdos. Aun más veneno.

Hoy hace un año exacto que llegué a Sydney. Aparqué en la puerta de la casa de unos amigos, descargué una vez más el equipaje, miré la moto y pensé, – esto se acaba y me jode -. No tenía ninguna gana de volver. Si recuerdo desde aquel momento hasta hoy, parece que fue ayer, este año de nuevo metido en la rutina ha sido fugaz. Sin embargo recuerdo los ocho meses viajando por el mundo y me parece toda una vida.

La vida es la suma de las cosas que te pasan. En Madrid pasan pocas. Viajando muchas. Parece claro que si quiero vivir más lo que tengo que hacer es exponerme para que sucedan. Y sí, tengo claro que quiero vivir lo máximo posible.

Pero cómo lo hago si no soy rico y si no tengo una productora detrás que me lo pague como a Ewan. Cómo coño hago para seguir viajando lejos sin desvincularme del trabajo y los euros que eso reporta.

Pues se me ha ocurrido una sandez…

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9 thoughts on En ocasiones veo curvas….

  1. Iñaki (Castro Urdiales)

    Estupendo! Ya tengo preparado pasaporte y maletas para viajar contigo -virtualmente- allá por donde quieras llevarnos. Pero ten cuidado con esa sandez que estás a punto de preparar, que ya somos muchos los que te seguimos y corres el riesgo de crear escuela. 😉

    …y, por si te sirve de algo, …no aparques lo del libro, muchos lo esperamos. Aunque supongo que ya lo sospechas, …¡tienes madera! …y desde luego muchísimas más cosas que contar que la mitad de las cosas que se publican. Ánimo!

  2. la hierbas

    Aaaaaaaaaaaaa! Que ganas de saber de que va la sandez! Me alegro mucho por ti y por BP! Un abrazo enorme!

  3. Pingback: Madrid–Ciudad del Cabo en relatos | EL Mundo en Moto Sinewan