Vuelta al Mundo en Moto Sinewan

Viajar Sandiriam

En abril de 2010 atravesaba Flores, penúltima isla en Indonesia antes del último salto que me llevaría a Australia. Allí supuestamente terminaba mi viaje tras ocho meses atravesando medio mundo. Detuve la moto en una cuneta y saqué la cámara dispuesto a llevarme una irrepetible instantánea de la moto, la espesa selva y el mar de fondo. Un lugareño paró su pequeño ciclomotor en el carril contrario y bajó a observar el monstruo de moto que allí yacía. Después de varios minutos de espera, réflex en mano, con el tipo parado en el ángulo de la foto irrepetible, le pedí por señas que por favor me dejara tomar la instantánea para la posteridad. El indonesio, simpático y servicial como casi todos, saltó a la selva y se ocultó tras un árbol. Una vez tomada la irrepetible instantánea, una mierda por cierto, dejé la cámara sobre la moto y decidí dejar encendido el modo vídeo. El tipo salió de su escondrijo, pidió permiso para hacer una foto a mi moto con su móvil de primera generación, probablemente una verdadera instantánea irrepetible, y se fue tan contento entonando un “¿sandiriam mister?”.

Aquel vídeo lo titulé “Sandiriam”. Al volver busqué por internet pero no lo encontré y nunca supe qué significaba eso que me preguntó el lugareño. Un año después de aquello, en Senegal, un tipo salió de la selva con una azada en el hombro y mantuvimos un diálogo sin apenas palabras. La cámara estaba grabando y decidí que aquel vídeo pertenecería al mismo género. Comenzaba así la saga Sandiriam. Diálogos absurdos en los aledaños de las carreteras.

Al tiempo mi amigo Fernando Quemada salía a dar su vuelta al mundo en moto. (lavueltaalmundoenmoto.com). Cuando pasó por Indonesia investigó. Sandiriam no existe, se trata de sendirian, que significa solo. Aquel lugareño quiso saber antes de marchar eso mismo que tantas y tantas personas en el mundo me han preguntado en mis viajes en moto. ¿Por qué viajas solo?. Desde aquel momento Sandiriam se convirtió en algo más. Da nombre a una filosofía de viaje, algo que compartimos muchos viajeros. Viajar solo para estar expuesto a que pasen cosas. Conocer otra gente, compartir con extraños o simplemente observar.

Camino de Aus

Parque Natural de Sossusvlai

Son las nueve pasadas, me he quedado dormido. Ayer conocí a Tom y las hermanas alemanas en las dunas y terminamos cenando juntos. Las dos botellas de vino parece que han silenciado el despertador esta mañana. La moto ya está cargada y yo ya estoy sudando .Va a ser un día duro, el calor es soporífero desde primera hora y tengo más de cuatrocientos kilómetros de pista hasta mi posible destino. Me dirijo al sur, probablemente pare en Aus, una pequeña localidad a mitad de camino del Fish River Canyon.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Pista Namibia

La pista es ancha y amarilla. Matojos, hierba seca y rocas en el horizonte. Oryx, Cebras y avestruces me saludan al pasar. No hay poblados. No hay personas. No hay vida. No pasan coches. Nada. Si hay un lugar ideal para estar solo, ese es Namibia.  Dos millones de habitantes distribuidos en una extensión casi dos veces la de España. Es como si en la Península sólo viviesen los alicantinos y además se hiciesen con gran parte del sur de Francia.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Cebras

Tengo la facilidad de disfrutar de casi todo cuando viajo, pero echo de menos África. Quiero decir esa África caótica e híper poblada en la que por cualquier pista, por remota que sea, te encuentras transeúntes que van y vienen. Muchas veces no entiendes dónde van, hace kilómetros que no ves poblados pero un tipo descalzo camina con un palo por el lateral de la pista. Escucha el rugir de mi moto, se gira, me mira y sonríe. Si decido parar la moto se produce el fenómeno Sandiriam. El tipo se acerca confiado. Si fuésemos varios probablemente temería y no lo haría, pero voy solo y la curiosidad le puede. Quiere saber quién soy. Por qué viajo solo con una moto que debe valer lo que un coche. En la mayoría del planeta el que tiene una moto es porque no puede pagar un vehículo mejor. Tampoco se entiende fuera de las escasas fronteras del mundo rico la idea de viajar por placer. Si lo haces es porque tienes que hacer algo allá donde vayas.

El caso es que desde que entré en Namibia el escenario cambió y pasé a un viaje más interior. Horas de soledad dentro del casco. También más cómodo y fácil porque volvió el desarrollo. No es que sea masoca, a nadie le amarga un cuarto de baño limpio o una gasolinera con chocolatinas expuestas en góndolas, sin embargo echo de menos la tensión que provoca viajar por el África caótica. La incertidumbre, ese chute de adrenalina que provoca tener que estar siempre alerta por lo que pueda pasar. Namibia, al igual que Botswana y Sudáfrica –supongo- es otra cosa. Todo tiene cierto orden. Hay normas y hay desarrollo. Eso no quita que haya población local que viva de forma tradicional, pero cuesta más verlos y relacionarse con ellos.

El guionista parece leer mis pensamientos. Quieres adrenalina, pues toma una buena ración. La moto hace un extraño. Suena la bocina, se enciende el triángulo de emergencia y se apaga. Presiono el encendido y vuelve a vivir. Susto. Unos kilómetros y sucede de nuevo. Suena la bocina y se encienden varias luces del cuadro de mandos hasta que la moto se apaga. Esta vez definitivamente. Llevo días que al arrancar la batería hace un extraño. Ayer desconecté la toma de 12V y pareció arreglarse. Ahora parece que no, esto tiene pinta de ser más grave. Treinta y siete grados. La única sombra en esta planicie es la de mi moto. Moscas, muchas y muy pesadas. No pasa nadie.

Saco la herramienta y desmonto la tapa de la batería. Cuatro vueltas a la carraca y ya estoy encharcado en sudor. Sale la tapa y veo que la batería tiene una sorpresa. El fallo de estos días atrás nada tiene que ver con el de hoy. La pista tiene tramos de rastrillo en los que todo vibra. Un borne se ha aflojado y hace mal contacto. Ya me ha pasado en otras ocasiones, espero que sea sólo eso. Aprieto bien el tornillo y la moto arranca perfectamente. Joder qué susto. No ha pasado nadie en las últimas dos horas. Sigo mi camino.

El día está siendo muy duro. Mucho calor y mucha arena en la pista en la que la conducción es tensa. El mapa marca una pequeña ciudad con hotel y aeropuerto. He de desviarme cuatro kilómetros pero bien merece la pena por una coca cola fría y ver gente. Helmering no es una ciudad, es un pueblo. Más bien una aldea. Menos incluso. Una tienda de alimentación, una gasolinera, un hotel, un museo de no sé qué y una granja. No hay más. Una única avenida que es la propia carretera y ni un solo cruce porque no hay más calles. Entro por segunda vez en la tienda y pregunto a la señora si el pueblo es todo lo que ven mis ojos. Afirmativo. La tipa tiene el gesto arrugado. Es afrikáner y parece que no le gustan los forasteros. Supongo que para vivir en un sitio así debe ser condición indispensable que no te gusten, de lo contrario te morirías de aburrimiento.

 

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Pueblo Namibia

Esta foto no es Helmering, pero mola.

Aus

Camino de Fish River Canyon debía pasar por Aus. El belga Tom llevaba el mismo recorrido y me habló del Lodge en el que pensaba alojarse. Al parecer estaba en una buena zona para hacer bicicleta de montaña. Yo no me comprometí a nada, pero tomé buena nota de dónde estaba.

Aus es otra minúscula población aislada en la inmensa Namibia. Su nombre viene de la palabra “fuera” en alemán. Más claro el agua. Una avenida que serpentea con dos decenas de edificios a cada lado, un hotel, una gasolinera y poco más. Esta es la parte que en su día fue territorio exclusivamente blanco. Al otro lado de la carretera está la barriada negra. Casas rectangulares con tejado de uralita, ropas tendidas y calles de arena y polvo. Así es siempre desde hace muchos kilómetros. Cada ciudad o pueblo tiene su zona marginal separada y bien marcada.

El lodge al que me dirijo se encuentra a unos dos kilómetros del pueblo. El paisaje ha cambiado radicalmente. Seis horas de moto y el desierto ha suavizado. El recinto se encuentra en la loma de una montaña de roca roja con algo de vegetación. Aparecen verdes que desde Angola no veía. Tom toma un extraño zumo en el bar del Lodge. Es un recinto de cierto lujo con todo cuidado al detalle y personal de impoluto uniforme. Sonreímos al vernos. Nos habíamos caído muy bien. La habitación doble cuesta ochenta euros con desayuno fascista. A Tom le hacen un cuarenta por ciento. Me ofrece que compartamos. Eso supone precio de hostel por lujo. Me quedo una noche.

Finalmente son cuatro. Hace días que pienso que terminaré este tramo en Ciudad del Cabo. La idea inicial era seguir e intentar alcanzar Johannesburgo, pero la pérdida del equipaje me ha retrasado dos semanas y no me gusta viajar deprisa. Si encuentro un lugar agradable rodeado de buena gente me quedo. Tom es buen tipo. Sencillo y generoso. No es un amigo, al menos no todavía, de momento es un buen colega de viaje. He tenido muchos y conservo bastantes. Este tipo de amistades se basan en dar la parte de ti que te place. No sé si Tom tiene hermanos. Él tampoco si los tengo yo. Menos si algo en nuestra vida nos perturba. Sin embargo sé la música que escucha, en qué países ha estado o por qué se ha pedido dos meses de excedencia en el trabajo para viajar. Con un colega de viaje compartes lo que te apetece, sin compromiso.

Es ingeniero, otra gran curiosidad. Tengo una terrible facilidad para llevarme bien con este gremio. Extremos opuestos. Tom lleva un cuadernillo con el plan de viaje de todo un mes. Tiene reservados todos los hoteles y sabe qué hará cada día allá donde vaya. Yo no sé muy bien qué haré en la próxima media hora y no sé si habrá hoteles por donde pienso viajar mañana, que tampoco he decidido por dónde será. Sin embargo nos llevamos de maravilla, riéndonos el uno del otro y sobre todo de nosotros mismos.

Las coñas empiezan desde el primer día. El personal del hotel piensa que somos pareja. Por supuesto les seguimos el rollo. En la cena Tom pide que nos pongan un candelabro. A la camarera le entra la risa. A nosotros más. Por eso o por lo que sea la chica se acerca más. Empezamos a piropearla a discreción. Está aturdida, no entiende nada. Mañana libra y esta noche tiene una fiesta. – ¿Puedo ir a tu fiesta? -, le pregunto. –Claro-, me dice con la boca pequeña. – ¿Habrá algún blanco más? –. Su cara es un poema, por supuesto que no. No pensaba ir en ningún caso pero quería enredar.

A los postres se une Piet, copropietario del hotel junto a su hermano. Son namibios afrikáner de ocho generaciones. Lo dice muy orgulloso. Como si fuese un pedigrí. Que no digo que no lo sea, supongo que cuando yo digo que soy gato, madrileño de padres y abuelos, el que me escucha puede pensar lo mismo. Sin embargo a mí me parece más interesante la gente mezclada, familias nómadas que han indagado por el mundo antes de asentarse. El caso es que la familia de Piet es propietaria de una gran extensión de terreno en Aus, el Lodge tan solo ocupa una mínima parte. A los huéspedes nos entregan un mapa con los caminos habilitados para el turisteo.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Casa en Aus

La primera tarde nos vamos a ver el atardecer a uno de los puntos en el mapa. Una pista de arena da la vuelta a la cordillera que da sombra por la tarde al Lodge y aparecemos en una infinita llanura donde han construido varias casas que también alquilan. En la terraza de una de ellas nos sentamos. En el camino hemos pasado varios cruces con carteles que impedían el paso. “No Entry”.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Atardecer en Aus

Esa noche cenamos con Piet y su mujer Christine. Ella es alemana. Elegante, culta y dulce. Además es fumadora. En el exilio a la terraza le pregunto cómo terminó aquí. Le gusta el campo y es una apasionada de los caballos. Aquí hay una extraña colonia de caballos salvajes adaptados al desierto. Al parecer hay varias teorías de por qué están aquí, si sobrevivieron a un naufragio de un barco que los transportaba o si provienen del ejército colonial alemán. El caso es que están y se han adaptado a la vida en el desierto. Un caso único al parecer. Beben menos que un caballo normal y pastan en las tierras de Piet, algo más fértiles que los aledaños desérticos.

Christine vino hace años para conocer esta colonia de caballos salvajes y se encontró con Piet. Aquí se quedó. Siempre que conozco gente que vive tan lejos de su casa les someto a un interrogatorio. Me genera mucha curiosidad cómo es la vida del que habiendo nacido en un entrono vive en otro tan opuesto. Esto es un caso extremo. La población blanca en Aus no supera la decena. Aunque Piet y Christine no son racistas, se ve claro en como tratan al personal, sus amigos son blancos. En esta parte de África blancos y negros se mezclan poco. La historia es reciente y la herida profunda. A la pregunta de si echa de menos Alemania, la respuesta es tajante. Sí, mucho. Sobre todo la familia y poder salir a tomar café con amigas a un bar donde haya gente.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Pista en Aus

Durante la cena Piet me autoriza a meterme por donde me de la gana con la moto. Los carteles de “ No Entry” me los puedo saltar. Eso me lleva a dos días de moto sin maletas por pistas increíbles y manadas de Oryx cruzándose en mi camino, gacelas y caballos salvajes. Sin duda momentos irrepetibles. El guionista es sabio.

Vuelta al Mundo en moto Sinewan.Oryx al atardecer

La última noche Piet y  Christine nos invitan a una barbacoa. Este es el gran evento social en Namibia. Sentarse alrededor de un fuego y asar carne entre amigos. Somos siete esa noche. Más del cincuenta por ciento de los blancos en Aus, me dice Piet. Deduzco que casi todos sus amigos están presentes. Cuesta imaginarse una vida así. En el caso de Piet supongo que estará acostumbrado porque aquí nació. Lo que sorprende es Christine, vivir tan aislada sin tener el gesto torcido como la dependienta de días atrás.

Me gusta viajar solo, pero eso es muy diferente a vivir solo. No sé si podría llevar esta vida tan aislada. Mañana Tom sale a las seis de la mañana para ir a ver el Fish River Canyon y seguir camino a Sudáfrica, se ha saltado su plan y ha estado una noche más aquí. Tiene que recuperar un día. Yo saldré a mis horas y veremos dónde y cómo termino. Y especialmente con quién, el mundo está lleno de personajes con los que compartir la soledad.

Gracias por estar ahí.

 

La Vuelta al Mundo Sinewan es proyecto personal de intentar dar la vuelta al mundo en moto en varios tramos diferentes.

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44 thoughts on La soledad de Namibia, viajar Sandiriam

  1. Me ha gustado esta frase: “Me gusta viajar solo, pero eso es muy diferente a vivir solo”

    Me la guardo para rumiarla. Gracias por llevarnos contigo!!! No me cansare de decirlo.

    • Charly

      yo lo hago encantado, cuanta más gente me lee más ganas de escribir el siguiente entran. es recíproco, nos hace bien a todos. abrazo y gracias por decir las cosas

  2. Francisco Olmo

    Charly, que sepas que me la juego leyendo tus relatos desde el sótano en el que trabajo todo el día. Veo más el sol en tus fotos que en persona, así que te has convertido en una adicción.
    No dejes de publicar o me muero!.

    Un saludo
    Paco
    Z750 ’06

    • Charly

      Pues mira, un gran razón más para no dejar de hacerlo. Gracias por decirlo, es necesario saber que estáis ahí. Subiré más fotos para darte luz. un saludo

  3. Ricardo Lamancha

    Notable relato y GRACIAS por esa dedicación para que todos podamos acceder a esas vivencias. Muchos solo muestran fotos y un breve comentario. Tu generosidad es para aplaudir y la forma de contarlo excelente.
    Abrazo desde el Río de la Plata.

    • Charly

      Lo hago porque me gusta, porque me ayuda a mí a masticar lo que veo y vivo y porque sabiendo que la gente te lee, es muy motivante seguir haciéndolo. Gracias por decirlo y estar siempre ahí apoyando, te/os lo agradezco mucho de verdad. Abrazo Ricardo.

  4. Hoy aprendi una palabra nueva ( Sandirian ) que la voy a usar mcho , tambien me gusta el viajar solo en moto y es algo que como te pasa a ti , la gente no lo entiende , que cuando uno Viaja Sandirian unca esta solo jajaja . Semre estas con todos nosotros que te seguimos por este mio y los ue encontras en el camino. Te mando un fuerte Abrazo y sigamos Viajando juntos

  5. MaD

    jo Charly, otra vez me haces cambiar un pedazo de baño en la superbañera del hotel, con copita de blanco y musiquita, por una ducha rápida, traguito de agua y el puñetero whatsapp metiéndome caña para que baje ya.
    Me encanta llegar tarde pero con sonrisa tonta!!!!

    • Charly

      La próxima vez te llevas el portátil a la bañera y evitas perderte ese vinito blanco, las mujeres sí que podéis hacer dos cosas a la vez, está claro. Beso grande, gracias por acompañarme.

  6. Echaba de menos tus aventuras y tus relatos. Lo he pasado regular con lo de la pérdida de tu equipaje. No te decía nada para no echar más leña al fuego pero te imaginaba ahí tirado sin tus cosas y me jodía. Así que me alegro de que ya estés on the road again.
    Un abrazo

    • Charly

      Pues yo te echaba de menos por aquí, me alegra que sigas acompañándome. Abrazo fuerte Juan, te aprecio mucho

  7. Jorge Carracedo Fernández

    Es un auténtico disfrute leerte Charly. Gracias por el esfuerzo que haces relatando y editando tus experiencias. Ah! por cierto. Prefiero leer y despues ver…

    • Charly

      Pues sí que es un gran esfuerzo, no te lo niego, pero compensa con creces cuando sientes que la gente disfruta con ello. Es muy gratificante. Abrazo

  8. Aitor Zunzarren

    Que bueno tío!
    Tu sigue a tu ritmo, que es lo bueno de tu viaje. Además, al viajar sin planes todo sale bien… Sandiriam!! Y salud!!

    • Charly

      Bueno, yo encantado de que sientas que vienes conmigo. El próximo vídeo creo que será muy motero-viajero, espero que te guste. Abrazo Fernando

  9. Anónimo

    …muy agradable de leer!!
    Al fin me he “coscao” del momento Sandiriam, qué a gusto me he quedado jajaja!!
    …ahora tengo otra duda: ¿desayuno fascista? ésoquééloquéé?

    Salud y V´ss!!

  10. Ciscu Martinez

    Eyyy Charly ya veo que sigues dando gas, me alegro, también admiro tu paciencia con lo del equipaje, si me pasa a mí….ufff ahora estaria en la trena y mi trasero tendria precio, bueno suerte y animo

  11. SAMURAI

    Charly, no dejas de sorprendernos y cuando empiezo a leer tus crónicas, hay un no se qué, que me invade la mente y no puedo dejar de leer. Creo que voy a empezar a “escribir” mi segundo libro¡¡¡¡¡
    Saludos de SAMURAI

  12. Como ya sabes lo que pienso de ti no es necesario reiterarlo. A cambio te lanzo una pregunta: ¿Por qué no fuiste a la fiesta? Se me hace raro leer que rechazas una buena juerga… 🙁

    • Charly

      Amigo Roberto, será la edad que ya no somos los que fuimos. También es cierto que la fiesta no motivaba, en caso contrario habría ido. Lo que no sé es si lo hubiese contado. Me refiero en el blog, en el podcast de viajoenmoto.com desde luego que sí. Ese cabrón siempre me saca todo. Abrazo y gracias por escribir, que aquí en la distancia sienta como un abrazo de amigo.

  13. Anónimo

    Como me ha gustado éste relato! Me encanta tu enfoque del viaje y como transmites las sensaciones que vives. Me siento allí, viviendolo. Genial, de verdad.

    En esta ocasión con una ración extra de reflexiones muy atinadas, desde mi punto de vista.

    Viajar sendirian compartiendo lo que te apetece cuando puedes, sin compromiso… excelente ecuación…

    Gracias.

  14. Vaya, si que tiene que ser duro vivir tan lejos de tu casa sabiendo que muchio tienen que cambiar las cosas para vovler a casa.
    Bueno, al tema, suerte que al final no fue nada lo de la averia. Ya te veia yo con las maletas y a lomos de un caballo de esos alemanes.
    ja,ja,ja…
    Buena suerte!!!
    Un abrazo.

  15. ivan

    hola hace un pa de dias que me suscrito a tu blog.. en realidad no se siqiera si vas a leer esto pero yo vivo en tierra del fuego y viajo en moto siempre solo y me emociono leer mi forma de pensar la soledad de un viaje escrita por otra persona.solo queria decirte eso.
    ivan

    • Anónimo

      Por supuesto que lo leo Iván, y te lo agradezco además. Espero llegar un día a Ushuaia en moto, entonces nos tomamos una buena carne juntos y brindamos por la soledad que no lo es. Abrazo

  16. Hola Charly:

    Soy Francisco, autor y editor del blog A bordo o A pie y quisiera compartir tu viaje a Namibia con los lectores.

    En A bordo o A pie contamos las historias de viajes de los mejores únicamente, puedes revisar nuestro sitio http://www.abordooapie.wordpress.com y enterarte de cómo referenciamos los blogs que nos interesan.

    No copiamos contenido de tu blog http://sinewan.com/wp/la-soledad-de-namibia-viajar-sandiriam/, por el contrario, hacemos una reseña y la acompañamos de un link a la publicación original. Solo permítenos usar una de tus fotos para acompañar la publicación.

    No encontré tu e-mail por ningún lugar; no me gusta publicar esto en comentarios pero, bueno, no había otra opción. ¡Tu blog tiene ese toque irreverente que disfrutamos tanto, es excelente!

    Esperamos tu respuesta.

    ¡Un saludo!

  17. Pingback: Vídeo para la tarde del domingo: Namibia | el próximo viaje