A veinte kilómetros del acceso a los miradores del Fish River Canyon se encuentra el Road House Lodge. Un hotel con restaurante, gasolinera y boutique. Una trampa mortal para turistas. La única otra opción en muchos kilómetros es el modesto camping en el que dormí ayer con el suizo y la pareja de franceses. Allí apenas hay nada. Si vienes de viaje organizado te traen aquí. Si te apetece un refresco bien frío con la que está cayendo, te toca pagar el doble de lo normal. Cada último rincón del restaurante contiene una góndola con camisetas, suvenires o libros sobre Namibia. Apología del consumismo.

Mi amigo el suizo ha parado aquí hasta que el sol deje de quemar. Me lo encuentro tirado en una sombra. Intenta dormir pero no debe ser fácil en un lecho de piedra. Un último apretón de manos y sigo mi camino a Sudáfrica. Pregunto al gasolinero dónde está la próxima estación de servicio. Ni que decir tiene que el carburante también es mucho más caro, así que tras escuchar setenta kilómetros calculo a la alza y pongo siete litros. Espero llegar a la frontera en unas tres horas.

Los setenta kilómetros de los que me hablaba el tipo de la manguera coinciden con el final de la pista. Comienza el asfalto que me llevará directo a un nuevo país. Creo que el número cuarenta en moto. No llevo muy bien la cuenta. Ni esa ni la de los kilómetros que faltan con la gasolina que me queda, porque no he visto la gasolinera y he seguido. Unos kilómetros después salta la reserva. Quedan ochenta kilómetros a la frontera. Ups, un rápido cálculo me hace temblar. No hay poblaciones antes así que creo que la he vuelto a liar. Cuántas veces en mis viajes me habrá pasado esto. Cómo se puede ser tan desastre. Los ciento veinte kilómetros por hora pasan a la historia. Bajo a cien y mantengo el puño quieto a cuatro mil revoluciones. Espero que el guionista no me la juegue porque este inhóspito paraje sin apenas cuneta ni sombras no es nada agradable para quedarse tirado.

La mala suerte

El velocímetro marca cien kilómetros por hora. El asfalto es perfecto y la visibilidad inmejorable. No viene nadie de frente ni por detrás. Sopla mucho viento racheado. Algo sucede repentinamente, una fracción de segundo y  la moto se vuelve completamente ingobernable. Estamos dando bandazos en medio de la carretera. Aprieto los dientes intentando mantener la rueda delantera recta, todos los músculos se tensan y reacciono por impulsos porque todo es muy rápido. No sé qué pasa pero esto es inmanejable. Dos nuevos arreones y estoy en el carril derecho. Reduzco dos o tres marchas y la moto culea de atrás. A velocidad más baja consigo volver a mi carril. Todavía no las tengo todas conmigo. Hay un área de descanso a la izquierda. Con gran esfuerzo consigo salir del asfalto y meterme por el camino que accede a ella. Poco a poco la moto termina deteniéndose. El corazón quiere atravesar la chaqueta, debemos de estar a doscientas revoluciones por minuto. Pulsaciones, quería decir. Joder qué susto, nunca antes me había visto tan cerca de rodar por el asfalto. Llevo veinte años montando en moto casi a diario y nunca había tenido un pinchazo rodando en carretera. Eso sin duda es producto de la buena suerte. No haberme estampado contra el suelo hace un minuto también.

Mantengo una relación de amor y odio con la cámara de vídeo. Me gusta hacer tomas y luego editarlas pero me cuestan los ego momentos, esos en los que hablo a la cámara. Sin embargo lo hago, contar un viaje sólo con música no es posible y lo estoy intentando. El caso es que lo primero que hago es sacar la cámara y contar lo que acaba de pasar. El vídeo habla por sí sólo. Estoy todavía acojonado pero lo primero que sale de mi boca habla de la suerte que he tenido. Hace diez kilómetros circulaba a ciento veinte kilómetros por hora. A esa velocidad habría sido peor, quizá lo justo para acabar dando vueltas por el suelo. Si en el momento en el que la moto se ha cambiado de carril viene un coche de frente, o no lo cuento yo o no lo cuentan sus ocupantes. Para colmo me ha pasado justo en la entrada de una área de servicio y he podido salir cómodamente de la carretera sin caer por un terraplén. Sin duda he tenido mucha suerte.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan

Todavía estoy cardiaco pero me pongo manos a la obra. Subo la moto en el caballete y busco el motivo del pinchazo. Un clavo, una rama o lo que sea, pero no hay nada. La cubierta está perfecta. Llevo un spray de espuma, es la primera opción antes de desmontar la rueda y cambiar la cámara. El spray proyecta un chorro que entra poderoso e hincha la rueda en minutos. Parece que funciona pero no las tengo todas conmigo. Salgo del área de descanso y circulo con los intermitentes de emergencia a sesenta kilómetros por hora. Dos kilómetros después la moto vuelve a ser ingobernable. La espuma se ha salido de la cámara y la rueda vuelve a estar en el suelo. Mal rollo, un arcén de menos de un metro y de tierra. Me ajusto al máximo y pongo el caballete de nuevo.

La cámara de repuesto está arreglada con un parche. Mi único pinchazo en África fue en Namibia y en agosto, en el tramo anterior. La buena suerte hizo que fuese en la puerta de un camping cuyo dueño era mecánico y tenía un taller. Tanta buena suerte que al quitar uno de los tornillos que aprietan el buje éste partió del óxido. Hubo que taladrar y hacer una nueva rosca mayor. Si me pasa en mitad de las desérticas pistas de Namibia habría sido imposible salir de allí. El caso es que el holandés pincho la cámara con los desmontables y hubo que repararla con parches. La de repuesto igualmente, yo mismo lo hice. Después mi mala cabeza y supongo que mi exceso de confianza hicieron que ni comprara una nueva ni cambiara la parcheada. Cosa que ya nunca volverá a suceder porque hoy me podría haber matado. Los niños aprendemos a tortas.

Antes de nada hincho la cámara de repuesto con el compresor. Parece que no pierde. Manos a la obra. El sol me atiza directo en la coronilla. Consigo sacar la rueda y apoyar la moto en un par de piedras. Desmontar la cubierta es fácil, lo peor será ponerla de nuevo. Sale la cámara, el parche del holandés ha reventado y el agujero inicial del pinchazo, un minúsculo orificio provocado por una punta de rama de algo, se ha convertido en una raja de un centímetro. El aire ha salido desbocado en segundos y por eso no me ha dado tiempo de reaccionar. Estaba en el carril contrario sin saber qué estaba pasando. Cámaras parcheadas “nunca mais”.

Poner la de repuesto me lleva un buen rato. La coloco lo mejor posible y empieza lo más complicado,  volver a meter la cubierta. Los desmontables que llevo son de viaje, comparados con los del holandés éstos parecen de juguete. Poco a poco va entrando a base de hacer palanca con ellos. El último esfuerzo es el peor, son muy pequeños y tengo que meterlos más dentro de lo que debo. Ya está, prueba superada. Ha entrado.

Ciego de convicción vuelvo a montar la rueda. He de levantar la moto en vilo y conseguir que los discos entren entre las pastillas mientras me quema el sol, soplan rachas de viento y estoy tirado en una cuneta. Es mucho más sencillo escribirlo que hacerlo. Finalmente entra. Enchufo el compresor pero el neumático no hincha. Mal asunto, he debido engancharla con los desmontables. Seré capullo. Me invade un profundo desasosiego, otra vez quitar la rueda y  ahora toca parchear. Pensaba que ya salía de esta pero no, esto se va a hacer eterno.

Rato después estoy sentado en el suelo untando pegamento en la cámara. Seca rápido, pongo el parche, dejo un rato y esta vez compruebo antes de montarla. Comienza a hincharse pero en unos segundos en los que las rachas de viento dan tregua escucho un hilo de aire escapando de su celda de caucho. Tiene otro agujero. No me lo puedo creer. Para colmo está junto al anterior y pegado a la válvula. Peor imposible. Sólo me queda un parche y pegamento para este intento. El segundo parche monta sobre el primero y se toca con la válvula. He de recortarlo. Esto es una auténtica chapuza, la cosa pinta mal.

Llevo ya rato mirando de reojo los camiones que pasan. Por el momento ninguno podría llevarme. El segundo parche parece que pega. Hincho de nuevo pero la cámara no termina de coger la presión necesaria. Debe escapar aire por el segundo parche. Ahora sí que sí, se acabó lo que se daba. Entramos en fase amarilla. He de volver a montar la rueda, recoger todo y parar un camión que me lleve. Pasan pocos y ninguno parece óptimo. Llevo rato ya sin agua. Soy carne de cañón en esta cuneta, quedan varias horas de sol pero si la cosa se complica puedo verme muy jodido.

Treinta minutos después pasa un pequeño pick-up. Levanto la mano pero sigue su camino. Metros después se detiene, gira ciento ochenta grados y se acerca lentamente. Me están tanteando, nadie se fía de nadie en estos parajes. Cruzo al otro lado de la carretera para que se tranquilicen. Si tuviese algún compinche no se podría ocultar porque no hay nada alrededor, así que parecen tranquilos. Son dos tipos negros con cara de buena gente. La verdad es que si ellos fuesen los malos yo estaría vendido. Bajan la ventanilla.

-    Hola, me he quedado tirado y no puedo arreglar el problema. Necesito un vehículo donde cargar la moto. ¿Podríais hacerlo?
 
La parte trasera del pick-up va vacía pero es muy pequeña. No creo que entre.

-    Sí, claro que podemos.
-    ¿Creéis que cabe la moto?
-    Sí que cabe, tú también tendrás que ir detrás.
-    Claro, aquí no quepo. ¿Cuánto me cobraríais?
-    No sé, ¿cuánto puedes pagar?
-    La verdad es que muy poco, no me queda dinero. He de estar en Ciudad del Cabo en dos días. Ahí termina mi viaje y apenas me queda dinero para llegar.

Mentira cochina. Detesto hacer esto, de veras que no lo soporto. El problema es que yo soy blanco y ellos negros. Eso suele significar que yo soy rico y ellos pobres. Me pueden sacar lo ojos, así que me tengo que proteger.

-    No sé, cien dólares
-    Cien dólares namibios…
-    Sí, ¿te parece ben?
-    Sí sí, me parece justo.

A todas luces no lo es. Quedan setenta kilómetros y me llevan por menos de diez euros. Ahora me siento peor, he llevado la interpretación demasiado lejos y los tipos son buena gente. No están haciendo negocio. En fin, ya está hecho así que salgamos de aquí de una vez y pongámonos a salvo. He vuelto a tener mucha suerte.

La moto ha entrado de lado pero el portón no cierra. Mis maletas van el suelo. Yo en un lateral, agarrando la moto. El tipo me dijo que no me preocupase que iría despacio. Llevo el CompeGPS encendido, vamos a noventa. Una hora después llegamos a unos suburbios. Mi salvador baja del coche. Me llora un poco porque el consumo se le ha disparado. Me pide el doble, algo menos de veinte euros. Sigue siendo un regalo y me han salvado la vida. Ni rechisto, se lo pago encantado y agradecido.

-    ¿qué hacemos?

La conversación gira entorno a que aquí no voy a encontrar una cámara de repuesto y lo único posible es llamar para que la envíen. Si me llevan a Springbok, la primera ciudad importante en Sudáfrica, a unos ciento cincuenta kilómetros, con el consumo de la furgoneta y que ellos allí no tienen nada que hacer, me cobran unos ciento cincuenta euros. La otra opción es que me dejan en un hotel. Unos minutos de reflexión y decido quedarme en el hotel.

Estoy reventado. Son las cinco de la tarde y he amanecido a las seis. Varias horas de pista y luego otras cuantas tirado en una cuneta arreglando un pinchazo. Mi cara refleja agotamiento pero también satisfacción. He pasado otra prueba, estoy a salvo en un hotel de la frontera. Sólo queda decidir cómo cruzo. Estas cosas te hacen más fuerte.

Duchado y algo más relajado paseo por las inmediaciones del hotel en busca de una luz que ilumine mi camino. Junto a la gasolinera hay un taller repara pinchazos. Está cerrado pero el dueño anda por allí. Por supuesto no tienen repuesto pero el tipo me sugiere que  intentemos parchearla bien. El segundo pequeño orificio junto a la válvula parece tener mal arreglo, pero buscar un camión para cruzar la frontera por un simple pinchazo me parece bastante ridículo. Tema zanjado, al menos por hoy. Toca descansar y mañana ya veremos. Bueno no, el ansia por solucionar el problema me hace desmontar la rueda de nuevo, sacar la cámara y así tenerla preparada mañana a las siete para repararla pronto. Viajando en moto tengo muy pocas preocupaciones, eso es lo que me tiene tan enganchado a esto. Prácticamente la única es la moto, ha de funcionar para poder seguir. Si algo falla se convierte en obsesión.

Hincho la cámara con el compresor y me voy a la habitación. El segundo parche junto a la válvula se ha soldado como una lapa. Ese no era el problema. Tiene otro pinchazo más. Meter la cubierta con los desmontables de juguete no es tarea fácil, está claro, pero que yo soy bastante cafre también parece obvio.

A las siete de la mañana el taller abre sus puertas, me imagino. Son casi las diez cuando abro un primer ojo. El agotamiento y el chorro de aire acondicionado han sido los responsables. Yo quería madrugar os lo aseguro. Salto de la cama y sin lavarme la cara corro al taller. Me veo reflejado en un coche y me entra la risa floja. Entre el careto y los pelos que llevo lo mismo no me dejan entrar. Dos chavales me atienden. El maestro repara pinchazos y su ayudante.

Vuelta al Mundo en Moto Sinewan.Reparando pinchazo en Namibia

Viajando en moto, como en coche o bicicleta,  conoces cosas que de ninguna otra forma conocerías. Las risas que me paso con ellos hablando de la vida, de sus mujeres y de sus preocupaciones, no las cambio por ningún sermón precocinado de ningún guía turístico de ninguna atracción ficticia. Lo que les pasa a estos dos es Namibia. En los países anglófonos las posibilidades de diálogo con los locales son muchas más porque no hablo francés. El oeste de África es más francófono. Creo que cuando suba por el este me lo voy a pasar mucho mejor, habrá más momentos Sandiriam.

No había un agujero, eran dos más. La cámara es un poema. El que ya tenía, dos que puse yo ayer y dos nuevos. Hay más parches que cámara. Finalmente parece que me puedo marchar. Me despido, empaqueto, pago el hotel, arranco, reposto en la gasolinera y decido comprobar la presión de la rueda trasera. Está bien. Ya que estamos, miremos cómo está la delantera. Ha perdido casi un kilo en una hora. Esto es interminable. La que estoy liando por un pinchazo, el día que me pase algo serio no sé qué pasará.

Por supuesto no aguanto más, así que me la juego. Ya iré poniendo aire por el camino. Vuelvo a llenarla y salgo por fin de la gasolinera. Dos kilómetros después está la mejor frontera jamás atravesada en África. Cero buscavidas, cero problemas y cartera intacta. En menos de una hora estoy en Sudáfrica. Presión del neumático, kilo y medio. Necesito una gasolinera si no quiero verme sacando el compresor en una cuneta.

Los primeros kilómetros son espectaculares, una carretera que se hace camino serpenteando entre montañas de roca roja. Pena que yo sólo piense en la presión del neumático. Voy a ochenta, si revienta algún parche creo que podré mantener la moto en su sitio. Cuando vienen coches de frente bajo a sesenta. Creo que es suficiente precaución. Quedan cincuenta kilómetros a Springbok cuando aparece la primera gasolinera. La rueda está en el suelo, tiene un kilo de presión. Vuelvo a llenarla y sigo mi camino. Vamos que llego, me voy diciendo a mí mismo cual libro de autoayuda.

Una eternidad después entro en Springbok con la moto cada vez más ingobernable. Es una ciudad de cierto tamaño con varios supermercados grandes, cafeterías, gasolineras y bullicio de gente que va y viene. Casi al final de la avenida principal lo veo. Un cartel amarillo de Continental me recibe con los abrazos abiertos. Estoy salvado. Vaya últimas treinta horas por un simple pinchazo y una mala cabeza.

En todo el relato no sé la de veces que he repetido que tengo buena suerte. La verdad es que creo que es cierto, las cosas me suelen salir bien viajando. Pero conozco gente que habría escrito la misma crónica mencionando la mala suerte de pinchar, de que no funcionase el spray, de quedarse tan lejos de la nada, de hacer dos agujeros nuevos con los desmontables y de que no hubiese repuesto en la frontera.

La suerte realmente es haber nacido en esa pequeña parte del mundo donde casi nadie muere de hambre y menos de sed. Por eso tengo la gran fortuna de llevar en mi monedero una visa y un pasaporte que me abre fácilmente casi todas las fronteras del mundo. Las cosas que me pasan viajando, sean buenas o malas, son producto de mi capricho de ver mundo. Así que no hay quejas. Cámara nueva, otra de repuesto, gran aprendizaje y seguimos viaje de placer. Menudo tostón de crónica, la que he liado por un simple pinchazo.

Especial agradecimiento al lector que haya llegado hasta aquí.

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53 thoughts on Largo camino a Sudáfrica. La mala suerte.

  1. Andrés

    MUcho ánimo Charly; lo bueno es que sigues siendo capaz de distinguir entre lo que es la mala suerte y una simple putada, que desde luego no es lo mismo. Ale, a disfrutar de un nuevo país.

  2. Aitor Zunzarren

    Buenísimo el post! Muy en tu línea. De todas formas, en mi opinión, tienes toda la razon: la suerte no existe, todo depende de cómo afrontas los problemas que se te presentan. Al ser un tío positivo, tienes media batalla ganada… Vamos, a por Sudafricaaaaa!!

  3. MaD

    Agradecimiento a ti por hacer que se me haya hecho corta la crónica. O no, porque ya se me ha acabado :(. Qué tensión!!!
    A los grandes tipos es muy difícil que les vayan mal las cosas. Ser buena gente es lo que tiene, quién no va a estar deseando echarle un cable a un tío con tan buen rollo?
    Me alegro de que haya ido bien, pasarías un muy mal rato, pero si te ha servido y te evita otro peor en el futuro, olé por esos pinchazos.
    Un abrazote

  4. Ricardo Lamancha

    Muy bueno como siempre. Y se agradecen el tiempo dispensado para brindar detalles.
    Una pregunta: cuando suceden estas cosas y pasas algunos kms viviendo un “problema”…cual es el disfrute del viaje para ti?…ya que tal vez no aprecies el paisaje por ejemplo, porque tu cabeza da vueltas sobre lo sucedido con la moto. O la misma jodida situación la tomas como un nuevo aprendizaje de tus límites?

    • Charly

      Buena cuestión Ricardo. Creo que los viajes en moto tienes tres alicientes. La parte de conocimiento de otras culturas, lo que sería el viaje, la parte puramente de pilotar una moto, que te de el aire en la cara y atravesar carreteras por paisajes nuevos, y una tercera que tiene que ver con la adrenalina y la supervivencia, digamos que la parte más de aventura. Este es el caso, como otros que he tenido mucho peores, disfrutas cuando ves que puedes salir y sigues avanzando, que nada te puede parar. En Indonesia tuve uno bastante más jodido y es de las mejores experiencias que me han quedado. No sé si me he explicado. Abrazo Ricardo

  5. La verdad es que es el mejor enfoque que le puedes dar a esta aventura del pinchazo.
    Aunque no creo que hubieras podido enfocarlo de la misma manera la vez que te olvidaste de conducir por el lado correcto en aquel pais (no recuerdo si thailandia, malasia o otro) y tuviste aquel aparatoso percance.
    Por suerte sigues de una pieza, igual que la moto.
    Cuidate compañero!!!
    Un abrazo!!!

  6. Anónimo

    Charly, no tienes que agradecer que haya llegado hasta el final. Me ha entretenido bastante y si lo que querías es dar un aviso filosófico y llamar la atención sobre: ¡¡¡OJO!!! que cualquier chorrada ó simpleza, en esas latitudes, te puede complicar la vida…… y mucho.
    A mi me ha servido de aprendizaje y en mi próximo viaje por África, lo tendré muy en cuenta.
    GRACIAS

  7. Anónimo

    muy bueno Charly!! es verdad, tenes buena suerte, que siga todo bien, abrazo desde Argentina!!!
    Cuando vas a andar por aca??

  8. Pues para ti sera un poco toston ,pero a mi me ha encantado ,sobre todo el final ,por mi todas tus cronicas asi ,y que razon tienes en tus palabras al final ,esa es la verdadera suerte y de la cual yo creo que poca gente es consciente.. sigue disfrutanto y los que te leemos tb.

  9. Ricardo Lamancha

    Bárbaro…a la orden en mi casa para un descanso reparador para ambas máquinas. Y orientarte en recorridos al tiempo que presentare a conocidos en el servicio BMW de Montevideo. Además de amigos usuarios de esa misma moto para lo que necesites.

  10. Fernando Rivas

    Son casi las doce en España, llevo desde las 8 tratando de ganarme la vida y en casa mi bebe no me deja dormir más de un par de horas seguidas. Tu crónica ha sido el mejor rato de este lunes que, por fin, se acaba. Buena suerte ha sido encontrármela antes de aciatarme. Samdiriam Carlos.

  11. Israel

    Tostón dices ?? que va, el relato engancha, que agonía con la dichosa cámara que se repincha continuamente. Finalmente la alegría y satisfacción al solucionar el problema, no tiene precio. Un abrazo y sigue disfrutando del viaje ( ahora mas tranquilo que tienes repuesto)

  12. alex

    motomaaaaaan!! si es que tienes una flor pegaita al culete!! me ha encantado el post, muy emocionante! besazos enormes y ten cuidadin

  13. Javier de Lucas Vazquez

    jajaja Charly…
    Yo he llegado hasta el final de tu relato y muy agradablemente.
    Me alegro de que todo te siga yendo de lujo…
    Yo por aqui (Segovia.España) preparando mi viaje al TT Isle of Man asi es que te leo con cierta camaraderia.

    Un abrazo Charly….

  14. Esteban Gutiérrez .

    Un buen ladrillo, como se suele decir en los foros Moteros . Pero muy intenso, coño que estado en el aire asta el cartel de continental. Después ya sabía que estaba solucionado. Jejejeje!!
    Si, es una suerte haber nacido en Europa . Abrazos!!

  15. mauricio vasquez

    tremenda cronica lo q no entiendo es como hay energia para narrar con tanto lujo de detalle estuve en vilo en cada renglon.

  16. Javier Garciarovés

    ¿Dices que tú tienes suerte?Lo que tú tienes es el premio a la “osadía”de viajar por el mundo empapándote de vivencias con muy pocos medios materiales y con “material de derribo” como esa cámara que tantas preocupaciones te dio. Tu suerte es poder agrandar tu corazón por la proximidad a esas gentes que te dan todo lo que tienen a cambio de un poco de conversación o un dinero que para ti es casi insignificante, pero para ellos supone comer varios dias.
    La verdadera suerte es la nuestra ,que podemos disfrutar casi en primera persona de todas tus vivencias,cómodamente sentados ante la pantalla,sudando y pasando sed contigo y “soñando” con que pronto tengamos la libertad de realizar viajes como los tuyos.
    La suerte la tenemos nosotros y por ello te doy las GRACIAS.
    Buen viaje y hasta pronto.(No dejes de aburrirnos con tus relatos)

    • Charly

      Con mensajes así no creo que deje de haber relatos. Gracias Javier, buen chute de motivación me mandas. Un saludo

  17. Charly , como decimos aquí en Argentina en el Enduro ( la cumbre siempre se resiste ) , pero las cosas si no te pasan a vos mismo y no la sufres ,no se aprende . Como siempre Nosotros los Lectores por mas lejos que estemos te seguimos de cerca disfrutando de los hermosos relatos y aprendiendo de tus experiencias . Muchas gracias por compartir y vamos por el trofeo de la cumbre .

  18. DCB

    Muy buenas, aquí un español residente en Sudáfrica (Ciudad del cabo). Por favor contacta conmigo si necesitas algo (consejos sobre donde alojarte, donde ir o que visitar…etc) cuando estés por aquí. Por cierto…también soy rojiblanco a muerte!!!!

    Mucha suerte con tu viaje y enhorabuena por tu trabajo!!!

  19. …muchas gracias a tí por compartir tus experiencias con nosotros. Y no…no se ha hecho larga ésta crónica, jejeje!! y menos con ése final feliz y tu última reflexión con a que estoy plenamente de acuerdo: somos unos privilegiados que no nos podemos quejar de banalidades. SALUD!

  20. Joan Carles Campobadal (Cuco)

    Wenas Charly, aquí Cuco:

    Leyendo ésto: “Viajando en moto tengo muy pocas preocupaciones, eso es lo que me tiene tan enganchado a esto. Prácticamente la única es la moto, ha de funcionar para poder seguir. Si algo falla se convierte en obsesión”, ni te imaginas las veces que he pensado lo mismo sin importarme comer, ni dormir, ni siquiera la seguridad más elemental. Sólo pensar que la moto está fallando en algo me convierte en un paranoico sin control y con un sólo objetivo. Veo con placer que no soy el único. Está claro que el viajero solitario tiene una relación de simbiosis total y dependencia absoluta con su máquina…

    Grande Charly, esto ya lo tienes…

    • Charly

      Qué alegría verte por aquí Cuco, no sabía que me leias. Ya sabes como es esto, si la moto no va no hay nada más en lo que pensar. Así nos pasa a todos. Abrazo y gracias por dejar constancia.

  21. Jorge Carracedo Fernandez

    Impresionante crónica. Me ha encantado. Gracias por contarnos “las duras y las maduras”. Un abrazo Charly. Sandiriam.

  22. Pues a mi me ha encantado tu tostón Charly. Me gusta como cuentas las cosas y la forma sincera y humilde en la que cuentas lo que se te pasa por la cabeza. No puedo estar más de acuerdo contigo en las conclusiones de tu relato. Sigue asi! animo para y disfruta de los sandiriam de cada dia..jaja.

  23. ANTONIO

    Aunque te has rallado con el pinchZO…JAJAJAJAJJA…HAY QUE VERSE EN SITUACIÓN…
    SIGUES ENGANCHANDO CON LO QUIE NOS ESCRIBES!!!!
    UN ABRAZO

    ANTONIO
    DESAFIO AFRICA 2014

  24. Don Solaris

    Antes de salir de NY me estuve un dia en el taller cambiando ruedas por aquello del practicar. Me frustré, me dejé la piel de las manos, blasfemé todo lo que sé y mas… y esto, en el taller de un colega en la ciudad en que vivo. Pero en medio de la nada y con una cámara parcheada hecha mierda… en fin, que te admiro. Abrazo enorme compañero!

  25. Pepe Yanes

    “Tostón de crónica” dices. ¡De eso nada! Las incidencias mecánicas con el ajetreo de la reparación son de las cosas que más me gustan. He de decir que me encanta la mecánica.
    Me ha encantado esta entrega.
    Buen viaje

  26. Pingback: Vídeo: Largo Camino a Sudáfrica — El mundo en moto Sinewan

  27. vicente

    Que menos que leerte, si te molestas en escribirlo, de todo me quedo con tu ultimo párrafo, siempre al mal tiempo buena cara….un abrazo!

  28. Pingback: Llegando al destino

  29. Bueno Charly,cierto,muy cierto lo que decis del lugar donde una naciò o vive,pero tambien la suerte,fortuna,buena estrella o como quieras llamarla nos dà siempre una mano pero”hay que salir siempre a buscarla,ella no te busca a tì”Aparte siempre he creido que si uno es buena gente,que ha hecho qualcosa siempre por los demàs,el creador nos recompensa! de eso podès estàr màs que seguro! Un abrazo y peleala siempre………Juan carlos.

  30. Orinoco

    mas bien el agracido soy yo….te descubri hace unos dias y no puedo parar de leer tu blog..mis amig@s ya empiezan a estar hartos de mi ,que si el sinewan esto que si el sinewan lo otro jaja..

  31. Holaa hermano como estas?? te felicito por tu gran viaje, la verdad me encuentro admirado! te cuento que el año anterior viaje en conjunto a un gran amigo mio desde argentina hasta cuba!!! espero que llegues a la argentina ya que seras muy bien recibido, te mando un abrazo y saludos desde argentina