Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Alice Spring, en todo el medio de Australia. En una silla de plástico, en la puerta de una habitación de un hostel donde duermo en una litera, acompañado de dos japonesas que desde hace horas duermen nipona y tranquilamente.

Sin lugar a dudas el punto más oscuro de viajar tan largo en moto es cruzar charcos entre países o saltar fronteras infranqueables por problemas políticos. Ahí es cuando se pierde un poco la sensación de libertad de la que tanto hablamos los moteros. Te crees un “canalla” pirata de la era moderna pero no, una barrera metálica rodeada de uniformes o un interminable horizonte azul te obligan a echar el ancla y buscar una empresa que te ayude a saltar. Y los países menos desarrollados tienen grandes alicientes cuando viajas, pero también ciertas desventajas. Por ejemplo nadie contesta un mail, hay que llegar in situ al lugar, llamar al timbre, presentarse primero, y negociar el precio después hasta morir.

Ahora que voy teniendo un poco de experiencia en estos temas me atrevo a estimar que un salto de este tipo, si todo sale casi perfecto, lleva entre diez y quince días. Quizá con la suerte y el viento de culo se pueda llegar a conseguir en menos, pero a nada que falle algo, por pequeño que sea, la cosa se puede demorar y demorar.

Pero por fatigados que hayan sido los dos párrafos anteriores, cuando el cansino trámite llega a un final feliz, y la moto está de nuevo desencadena frente a ti, engrasas la cadena,  enciendes el motor, aceleras, y a los tres segundos de volver a sentir la sacudida de viento en la cara, con la visión ciento ochenta grados de un nuevo mundo, la boca se abre automáticamente para dejar que la garganta grite…

– Qué afortunado soy!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Timor Este

Con la incertidumbre de lo anterior y las malditas prisas llegué hace una eternidad a East Timor, a pasar la última frontera chunga después de casi tres meses sin hacerlo. Y allí estaba esperándome la repulsiva realidad del mundo en el que vivimos. Esa que hace que un mecánico al que no le sobra nada sea capaz de desvivirse sin desear a cambio ser recompensado, pero su igual, el que podría ser su hermano y haberse criado bajo las mismas directrices morales, un día recibió un uniforme y con ello adquirió  el peor de los males, el poder.

A mi modo de ver sin duda el mayor enemigo del mundo feliz que todos deseamos. Especialmente cuando en el mundo por el que estás viajando las libertades y los derechos no son igual para todos.

Los dos primeros apestosos militares indonesios me hicieron recordar rápidamente donde estaba, me cambió el rostro, la sonrisa que me acompaña se dio la vuelta, y apareció uno de los varios personajes que manejo para estos casos. Educado sí, pero seco, algo borde y muy seguro de sí mismo, aunque a veces sea mentira.

Entrega masiva de papeles y desgraciadamente para ellos, todo en orden. He aprendido a reconocer esas miradas depredadoras deseosas de encontrar un pequeño error para morder y hacer sangre de color dólar. Pero no, no pudo ser, pasé rápido y un camino de cabras me llevó a un edificio de una planta con forma de “ele” y una hilera de ventanillas con sus correspondientes sellos necesarios.

Tuve que aparcar a escasos metros de una concentración de militares y buscavidas, enemigos íntimos unidos por el objetivo común que aportan las fronteras, botines.

Mis rápidos movimientos poniendo a salvo lo esencial y apretando tajante el botón de la alarma, sin apenas mirarlos y con monosílabos en respuesta a sus “amigables” preguntas, supongo que dejaron claro que no me gustaban un pelo, ni unos ni otros, tanto monta, monta tanto.

Segundo filtro militar, segunda entrega masiva de documentos y esta vez cuestionario en busca de fisuras. “Dónde vas”, “por qué”, “a qué te dedicas” y varias otras preguntas tipo test que creo que pasé con nota.

Cual gincana pasé a la siguiente prueba, del perverso poder que otorga una pistola al no menos siniestro que otorga un sello. Funcionarios burócratas a la vista.

Cambié de personaje, educado igual pero esta vez simpático y especialmente agradecido al maravilloso país que abandonaba. Cosa que era totalmente cierta pero que hubiera preferido no tratar con esos sombríos señores de sello en mano, si lo hacía era intentando evitar que buscaran algún error arreglable con dólares.

La verdad es que no sé si acierto en como actúo, casi siempre me funciona pero no sé ni sabré nunca si otro personaje hubiera conseguido lo mismo.

Pero hay que elegir, sin cambiar de comportamiento pasé por aduanas y conseguí la última estampa para abandonar Indonesia, carnét de passage sellado y camino libre.

Chao Indonesia.

Aunque durante el viaje he ido leyendo lo que he podido de la historia y cultura de lo que pisaba, nunca o casi nunca he escrito nada al respecto. He preferido escribir sobre lo que sabía sin necesidad de google. Las cosas que me pasaban, como me sentía o como eran las personas que me iba cruzando en el camino.

Pero para entender el porqué de la frontera anterior y sobre todo lo que venía después, Timor Este, no queda más remedio que hablar un poco de la reciente historia de este nuevo país. Documentado por Sam, por algunos otros blancos que conocí después y por wikipedia, resumo muy brevemente lo que aquí ha pasado en los últimos años.

La isla de Timor fue colonizada por Portugal en el S.XVI y fue íntegramente “suya” hasta mediados del S.XIX, momento en el que perdió la mitad de la isla en favor de los holandeses. Desde entonces y al igual que en medio mundo, la isla de Timor tiene una artificial y absurda línea dibujada por los europeos que divide la isla en dos.

En 1975, unos días después de yo nacer y sin que en principio tenga algo que ver, Portugal abandonó su colonia en Timor Este después de casi quinientos años de soberanía. La alegría duró muy poco, unos meses después Indonesia, que ya era un país independiente de Holanda,  decidió invadir y adjudicarse el territorio mediante una sangrienta intervención militar. Según wikipedia sin la aprobación de la ONU pero curiosamente con el apoyo y armas de los  gobiernos australiano y estadounidense.

Desde entonces los timorenses lucharon por su independencia hasta finales de los noventa, momento en que la presión internacional, las manifestaciones cada vez más masivas y sangrientas, y la crisis en Asia, obligaron al gobierno Indonesio a aceptar un referéndum. A pesar del temor impartido por el salvaje ejército indonesio para intentar evitar la asist
encia a las urnas de la población, ésta fue del 98%, queriendo la independencia casi el 80%.

El ejército se retiró y junto a las milicias volvieron a cometer un nuevo genocidio, el país fue quemado casi por completo, asesinaron a todo aquel sospechoso de independentista, violaron, y separaron familias secuestrando a miembros de ellas.

De todo esto no hace nada de tiempo, Indurain ya estaba retirado , el drama acudía al manzanares con el Atlético  a punto de bajar a segunda, y España estaba a a punto de verse inmersa en uno de los más grandes e importantes debates de su historia, quién y por qué se merecía ganar el primer gran hermano.

La ONU desplegó después sus tropas y desde entonces allí están, en los siguientes años Timor Este siguió sufriendo episodios sangrientos en luchas internas por hacerse con el poder  hasta que desde hace no mucho, no sé exactamente cuánto, se vive una calma tensa. La que yo me encontré al llegar.

Breve y mal resumen que al menos espero ayude a comprender lo que era esa frontera, lo que era Dili, capital de East Timor, y lo que sus habitantes habían sufrido recientemente.

Volviendo al blog y a su cometido, la rueda delantera de la moto enfiló Timor Este y como en toda frontera atravesé esos ambiguos metros  que ni son de unos, ni son de otros. Siempre pienso en qué pasaría si acampara allí, quién vendría a decirme que no se puede.

Y si la Indonesia rural que dejaba atrás era básica, la llegada a Timor Este fue una bajada de escalón en desarrollo. La frontera parecía un asentamiento provisional de alguna constructora, con casetas móviles como oficinas y cabañas alrededor de dudosa estructura.

El primer filtro de nuevo fueron dos militares, simpatiquísimos el uno con el otro pero sin mirar ni dar bola alguna a la pequeña multitud que pacientemente esperábamos que entre carcajada y carcajada, nos apuntaran en una lista que sólo ellos sabían para qué servía.

Cuando lo conseguí y me dirigía a extranjería, a por el primer sello necesario, un orangután con uniforme me interceptó. Con amabilidad claramente falsa me acompañó a por mi sello a la vez que formulaba sospechosas preguntas sobre la moto que no me gustaron nada, lo que de nuevo provocó que  sacara al borde y seco.

El orangután me dejó en la parte exterior de la ventanilla para acto seguido aparecer por el interior de ella. Mal asunto.

Pagué los 30 dólares de visado y el individuo estampó el sello en mi pasaporte, el visado de Timor Este es el  primero que me encuentro que no es una pegatina con validez preestablecida por el gobierno, es una estampa  que el funcionario de turno rellena bolígrafo en mano.

Lo que faltaba, dale a un orangután un uniforme, luego un sello, y después la potestad de decidir los días que  puede estar el que llega, independientemente de que todos paguemos los mismos 30 dólares. Absurdo y peligroso.

El primate escribió quince días, lo que provocó mi indignación.

– Espero estar menos de 15 días pero dependo de una empresa de carga y de un barco, además de las inclemencias del tiempo. Necesito más días.

Mezclando portugués, castellano e inglés empezó el show que con casi toda seguridad hacía con frecuencia.

– Si usted quiere estar un mes en nuestro país debe demostrarnos que tiene dinero suficiente para ello, necesita al menos mostrarme que lleva 1600 dólares encima.

Y escribió el número en un papel a la vez que lo decía.

– Pues no los llevo, pero tengo dinero suficiente para estar un mes y algo más, lo que pasa es que tengo esto que me da dinero en cualquier país que cruzo. Y esta es la primera vez que me piden que lleve dinero en metálico y que lo muestre.

A la vez que mostraba la tarjeta de crédito y me mordía la lengua, porque se me ocurrían miles de barbaridades que contestar.

– Eso no vale para nada, necesito comprobar que tiene usted dinero para salir del país, no lo quiero para mí…

A la vez que hacía el gesto de llevarse la mano al bolsillo de su camisa.

Ay amigo, el refranero es sabio, dime de qué presumes…

Estaba lidiando con un corrupto tamaño orangután y desgraciadamente con poder suficiente para joderme vivo.

– Debe usted tratarme con respeto, si no quiero dejarle pasar usted no pasa. Necesito ver su dinero.

Afortunadamente la racionalidad y la necesidad de cruzar sin perder tiempo se impusieron a mis principios, y reculé rápido para sacar al más lamentable de todos mis personajes, el que se deja humillar y pide disculpas a quien no se las merece.

– Pues disculpe si se ha ofendido, creo que muy educadamente le he explicado que no llevo ese dinero, que mi idea es abandonar su país lo antes posible y que para ello tengo el dinero suficiente, pero en mi banco, no en metálico.

Momento de silencio incómodo, debía de llevar unos quinientos dólares que por supuesto no pensaba enseñarle, así que sólo quedaba que reculara.

Y afortunadamente segundos después lo hizo, tachó el número quince y escribió treinta a la vez que recitaba un inentendible monólogo en el que hablaba de las excelentes relaciones de nuestros países.

Qué asco, días después de ese acontecimiento confirmé por casualidades que después relataré, que no había sido el único en sufrirlo. Supongo que alguna vez le saldrá bien y alguno dejará caer un billete para saltarse la norma que dudo exista.

Con dos horas escasas de sol abandoné lo que suponía el último paso fronterizo a lomos de la moto y sus  correspondientes consecuencias. Me despedía de la parte desagradable del paso de una frontera y también de lo genial de ellas, de ver cambiar el mundo tras cruzar una línea imaginaria. Creo que me repito cuando digo que viajar en moto te permite asimilarlo lentamente, solo y reflexivo dentro de un casco. Y en este viaje esto ha sido apasionante, entre otras muchas cosas me quedo para siempre con la película de como va cambiando el mundo en los más de treinta mil kilómetros recorridos.

Esta vez el cambio no fue tan radical como otras, pero siempre cambian cosas, la arquitectura, las carreteras, las pieles a veces, la moneda y el idioma siempre, e incluso a veces los paisajes.

En este último caso la carretera hasta Dili transitaba pegada al mar, con los mismos verdes intensos y salvajes al principio pero que poco a poco se fueron despejando para dejar a la vista el color rojizo de la tierra.

Cuando después leí la historia del país y supe que el ejército indonesio quemó las selvas para evitar que la resistencia se ocultara, ya no supe si el cambio de paisaje era natural o producto de la mano del hombre. Y sigo sin saberlo.

Llegando a Dili se puso el sol y aproveché para retratar el enésimo atardecer.

LLEGANDO A DILI

Al llegar a Dili se confirmó lo que en parte ya sabía, lo que el camino me había ido reafirmando y lo que definitivamente la capital terminaba de confirmar. En Timor Este conviven dos mundos muy lejanos, la pobreza natural del país con los sueldos euro milenarios de trabajadores de la ONU y múltiples ONG que operan en la zona. Con sus lujosos coches cuatro por cuatro, sus impolutos uniformes, y su necesidad de productos de importación. Para bien y me temo que para mal.

Los precios de todo triplican como mínimo los de Indonesia, para los blancos especialmente pero también los productos básicos que necesitan los locales. Indonesia accedió a la independencia de East Timor con muchos requisitos, uno que su moneda desapareciera, lo que hizo que Timor pasará al dólar americano.

No sé qué consecuencias tendrá para este país todo lo anterior, pero sólo se me ocurre pensar que algún día la ONU se irá y los euros también, y parece lógico pensar que tendrán un nuevo problema. Los hoteles y restaurantes para blancos tendrán que cerrar y me cuesta imaginar que los precios bajen. Porque a estos precios turistas no hay, sólo familiares de los que trabajan allí, viajeros que salen para renovar el visado de Indonesia, y alguno como el que escribe que quiere cruzar con vehículo propio a Australia.

Porque ese era el motivo que me había llevado allí, Dili no me gustó desde el principio y el resto del país seguro que era muy interesante pero no tenía tiempo de visitarlo. Para mi desde que llegué se encendió un cronómetro en mi cabeza y todo lo que aconteció en las siguientes 72 horas fue estrés por conseguir cruzar lo antes posible.

Lo primero que hice la mañana siguiente fue presentarme en SDV, la única empresa que opera la ruta a Darwin en el país y que a través de la naviera Perkins envía vehículos y otras mercancías. La red está llena de duras críticas a esta empresa, especialmente de los últimos moteros que habían cruzado por aquí.

Con esos datos entré en SDV y decidí sacar a escena al simpático y un poco tonto motero, europeo pero español, que no inglés o alemán, que llega casi arruinado a Timor después de todo lo que le ha pasado, pero que no le queda más remedio que llegar como sea a Australia.

Y la verdad es que funcionó, confirmo que los tipos no son ni simpáticos ni efectivos, pero de los casi seiscientos dólares que me empezaron pidiendo conseguí ir bajándolo hasta llegar a 350, cosa que el personaje que interpretaba no podía pagar, lo que me llevó a posponer la negociación a la tarde con el jefe del que me estaba atendiendo. Del jefe había leído atrocidades en la red como que odiaba a los moteros.

Y no sé si sería que tenía una nueva amante o que le gustaban los barbudos, pero en dos cruces de palabras accedió a mi tope de 300 dólares, que era la cantidad que sabía habían pagado motos más pequeñas y de tres en tres, ocupando un contenedor entero.

Lejos de estar conforme me quedé con la eterna sensación de estar pagando de más, de que aquello costaba menos seguro. Pero bueno, en comparación a los datos de los anteriores el precio era muy bueno.

Además las fechas no eran nada malas, era lunes y el barco zarpaba el sábado, lo que me daba en principio cuatro días para limpiar la moto  a fondo en previsión del suplicio que venía después y apenas perdía días.

Pero no, la santa semana santa en esta isla católica cerraba todo jueves y viernes así que tenía que fletarla el miércoles a mediodía, menos de 48 horas para lo que según había leído se necesitaban mínimo dos días y mejor tres. Estrés de nuevo.

Llamé a Troy Adams, un australiano del que había leído muy buenas cosas en la red y que tiene el mejor negocio que conozco, limpiar vehículos para pasar el control australiano.

Por teléfono me costó confirmar lo que había leído sobre él porque la mitad de lo que decía no lo entendía, la otra mitad tampoco. Puñetero acento australiano. Afortunadamente él a mí sí, así que conseguí que entendiera la urgencia del tema y quedamos al día siguiente a las siete de la mañana.

Lo que quedó del día lo aproveché para pedir el visado de Australia por internet y poco más, cenando me asaltaron amigablemente dos australianas trabajadoras de ONG y empecé a tener un poco de vida social, con ellas y con sus amigos. Nada especialmente apasionante pero sí que me sirvió para comprender un poco aquel complejo mundo de Timor Este y de Dili.

Y a la mañana siguiente empezó algo que no sé muy bien cómo describir. La palabra absurdo me viene rápido, también psicosis o enfermizo, también insulto al medio ambiente, y también otras muchas más que no caben en este párrafo. Había que hacer desaparecer cualquier mota de polvo, grasa,  o pequeña rama sospechosa de llevar no sé muy bien qué, pero desde luego letal para la tranquilidad de la que al parecer es la única isla del mundo, Australia.

Troy Adams es un mítico australiano que hace poco pasó los cuarenta, se separó hace años de su mujer nacida en Nueva Zelanda, que no sé cómo se dice, y se casó de segundas con una timorense. Está forrado, cada vehículo que quiere cruzar a Australia pasa por sus mangueras de agua a presión, por mi moto que decía era muy grande me pidió ciento cincuenta dólares que terminaron siendo cien, pero por cada uno de los muchos jeep del ejército australiano que pasan por sus manos cobraba novecientos dólares. Su negocio no es sólo ese, también es agente de la naviera Perkins y opera desde Dili a diferentes puntos de Australia o Singapur. A Darwin no, una pena porque es mucho mejor tratar con él que con SDV.

Su negocio se ubica en dos enclaves diferentes, las oficinas con aire acondicionado en las que quedamos, y una inmensa parcela industrial a la que después nos dirigimos, llena a rebosar de contenedores, máquinas gigantes que los mueven, y vehículos en cola para ser limpiados y enviados a la frágil isla de Australia. A pesar del calor
insufrible del segundo de los enclaves, y de ser Troy el dueño y señor de la empresa, se pasa el día sudando en la segunda ubicación, siempre con botas altas, bermudas sucias, una chaleco naranja que alerta de su presencia y sin parar de trabajar como el que más. Además de tener buenos gestos con sus trabajadores, la mayoría timorenses. De cada tres palabras que dice, una es “fucking” y las otras dos me costaba entenderlas, pero poco a poco lo fui consiguiendo y llegamos a tener buenas conversaciones y muy buen rollo. Me invitó a comer dos días, me dejó un teléfono de su empresa para que no comprara una tarjeta, y me pasé un par de ratos por la tarde en su oficina, al chorro de su aire acondicionado y gorroneando internet. Él mientras me contaba sus “fucking historias” sentado en unos sillones que complementaban su despacho. Un gran tipo la verdad.

La moto la limpiamos prácticamente entre él y yo, primero la dio un agua y después me pidió que la desarmara lo máximo posible. Me volví a acordar de la familia del Coreano jugador de Tetris, fuera plásticos, fuera depósito, y fuera todo lo que tuviera intención de que viajara con la moto.

Aprovechando que estaban los plásticos desmontados recuperé 500 dólares que llevaba escondidos y una copia de las llaves de la moto. Aprovecho la ocasión para recomendar a los usuarios de Varadero 2007 usar el hueco que deja la pequeña guantera para este cometido, así como para advertir a los ladrones que no merece la pena intentar robarlos, es tal la que hay que montar para acceder a ellos que es preferible trabajar unas horas.

ESCONDITE

Con todo desmontado y esparcido por el suelo empezaron varias horas de agua a presión que el propio Troy principalmente se encargó meticulosamente de enchufar.

TROY 1

Le pregunté a Troy cuántos litros gastaba la manguerita que costaba un buen esfuerzo mantener recta, trece por minuto fue la respuesta. Calculé a la baja y creo que en limpiar mi moto se debieron gastar bastante más de dos mil litros.

Pero es que cada uno de los jeep del ejército se llevaba casi una semana de chorro a presión, lo que no sé cuántos litros supondría.

LIMPIEZA JEEP

Al paso que vamos supongo que el mundo dentro de unos años cambiará las actuales guerras por petróleo por guerras por agua, bien escaso, y los australianos que tienen restricciones en su propio país gastan miles de litros para evitar que entren al país motas de polvo y ramitas.

Troy en un momento metió el dedo por algún rincón imposible y sacó un trozo de hierba seca, una ramita insignificante.

– Esto es lo que buscan, “fucking hell”, jajajajaja!

Troy no paraba de reír a carcajada limpia y de decir “fucking”

Lo peor de todo es que con todos los australianos que he hablado del tema lo justifican, incluido Troy, que si es por un buen motivo, que si tienen un país muy bonito y hay que conservarlo, o que si son una isla y tienen que tener cuidado de lo que entra.

Coño y entonces…

¿Ibiza qué es?, ¿deberíamos fumigar los aviones de compañías de bajo coste que traen hooligans en busca de cerveza?

Pero bueno, siempre queda no venir en vehículo propio, si decides hacerlo hay que respetar lo que ellos decidan y pasar por el aro, aunque cabree.

Y así hice, al día siguiente a las tres de la tarde la moto estaba entrando en el contenedor de SDV para tener después que esperar absurdamente la semana santa en Dili hasta que el barco el sábado o el domingo zarpara.

CONTENEDOR

Pero Troy me tranquilizó y me sugirió que me fuera si sellaban el contenedor, él se encargaba de controlar que saliera y me informaba. Así que el jueves pasé por SDV y vi que el contenedor estaba sellado, compré un billete a Darwin pero que no salía hasta el sábado por la mañana, a horas incomprensiblemente tempranas.

Pasé el jueves y el viernes con Sam y Rebeca que habían llegado para renovar su visado. Terminamos de hacernos buenos amigos y entre muchas cosas nos dimos un homenaje de queso y vino atardeciendo en un playa. Puede que parezca poco apasionante pero después de tantos meses fuera de casa estas pequeñas cosas se convierten en acontecimientos memorables.

ENÉSIMO ATARDECER

Y el sábado por las mañana en el aeropuerto mis legañas conocieron a las legañas de Pol, un catalán que viajaba a Darwin y con el que volví a hablar castellano, a reírme a carcajada limpia y a comenzar juntos nuestra andadura por Australia.

Australia

Juntos recibimos la nueva bofetada de desarrollo después de dos meses de Indonesia. En este capítulo de sopapos por cambio radical de mundo y en avión, que no deja tiempo de asimilación, siempre recordaré la que recibí en Bangkok después de meses entre Irán, Pakistán, India y Nepal.

Pero el pasear desde el taxi a Darwin tampoco estuvo mal, charlando con un vietnamita simpatiquísimo que llevaba veinte años viviendo en Australia y observando por la ventanilla un nuevo mundo. Ni era Asia ni era Europa, era otra cosa para mi nueva.

Yo nunca he estado en Estados Unidos  pero tengo la impresión por películas y noticias que en lo que no son grandes ciudades se debe parecer bastante. Aunque Darwin es la ciudad más importante del norte de Australia apenas supera los cien mil habitantes. Y muy esparcidos, realmente más que una ciudad parece una gran urbanización cuyas zonas más pobladas son los alrededores de los centros comerciales. Más incluso que el centro de la ciudad que cuesta reconocer cuál es. Cualquier ciudad europea tiene un centro claro porque lleva muchos años allí, pero aquí a veces me cuestiono si llegaron primero los ingleses o fue realmente Leroy Merlin el primer colonizador.

(No he visto ningún Leroy Merlín, sí muchos parecidos con otro nombre, era por hacer el mal chiste más casero)

Al llegar a Australia tuvimos que adaptarnos a los nuevos precios que destrozan cualquier presupuesto de viajero de largo recorrido, la única forma de viajar barato aquí es hacer lo que hace la mayoría, comprar una furgoneta o coche familiar de quinta mano y dormir en las muchas zonas habilitadas para ello, casi siempre pagando pero en depende qué sitios relativamente barato. Comer, beber, internet o alojarse en una litera en habitaciones de cuatro a dieciséis personas es carísimo.

También nos tocó asimilar algo que como la mayoría de los viajeros no esperábamos. Veníamos de viajar países muy pobres donde la penuria y escasez de sus habitantes inundan las calles, pero en una casi totalidad. Los ricos en países pobres además de serlo mucho suelen refugiarse en sus zonas, apenas se mezclan con la realidad del país que es la que generalmente visitas cuando viajas. Al menos cuando viajas en una moto o con un macuto.

En Australia no, la inmensa mayoría es clase media aparentemente alta pero existe un colectivo indigente numeroso y muy visible. Son los aborígenes, los que hace no tanto vivían de forma nómada en sus campos hasta que les fueron arrebatados por los abuelos de los abuelos de los seguidores del Liverpool o Manchester de hoy. Y es que no hace tanto.

Descalzos con aspecto pordiosero y olor a alcohol deambulan constantemente por las calles ante la aparente indiferencia de los australianos blancos. Muchos de ellos hace menos de cuarenta años todavía los disparaban, y te lo cuentan tan tranquilamente. Los que no, los que intentan analizar el problema, parece que no llegan a encontrar solución alguna. Porque puede que no la haya, aunque les concedan tierras difícilmente podrán volver a la vida de sus antepasados, que eran nómadas y que no conocían el alcohol, el tabaco y la música en mp3. Sólo he cruzado unas palabras con una aborigen que no apestaba a alcohol y me pidió un mp3.

No tengo idea de nada la verdad, son las sensaciones de unas horas en Australia, pero la verdad es que es un drama ver un colectivo tan numeroso y tan lejos de la sociedad que les rodea, y sin aparente posible vuelta atrás.

Cuando escribo esto estoy en Alice Springs, en el centro de Australia. Creo que sin duda es el lugar más peligroso en el que he estado. Está prácticamente prohibido pasear por la noche, ha habido infinidad de asaltos a turistas por parte de aborígenes. Las alertas que en tantas ocasiones he recibido en este viaje sobre lugares que nunca me parecieron peligrosos, aquí desde luego que lo son o me lo parecen, las miradas que recibes cuando paseas de día por la ciudad quitan desde luego cualquier idea de explorar la noche. Planeas un viaje temiendo cruzar Paquistán pero estás realmente en peligro en la desarrollada Australia.

Casi lo primero que hice al llegar a Darwin fue ponerme en contacto con Nicky y Adam, una pareja de ingleses que llevaba viajando desde Abril en una antigua bmw R 1000. Cuando tuve la avería en Sumbawa sabía ya de ellos y me llevaban sólo un par de días de ventaja, tenía la esperanza de cogerlos para cruzar juntos desde Dili y abaratar costes. Pero con el retraso de la Odisea todo se fue al traste.

El destino, la mala suerte, o realmente los problemas de viajar con una moto de más de veinte años, hicieron que a 700 km de Darwin tuvieran que dar la vuelta y volver en cuarta porque habían roto la caja de cambios. Por eso volvían a estar en Darwin y por eso nos pudimos conocer. Nos vimos en un par de ocasiones, nos contamos nuestras miles de batallitas y esperamos en Darwin nuestros respectivos envíos, ellos su nueva caja de cambios y yo mi moto.

Curiosamente de las mil batallitas teníamos en común la del funcionario corrupto en la frontera de Timor. Casi calcada la experiencia y el resultado, se negaron a enseñar el dinero y de igual manera pasaron.

Pol se fue a los dos días y el resto de mis horas en Darwin no merecen párrafo alguno, hasta me dio por salir a correr por el paseo marítimo varios días.

A los doce días de haber llegado a East Timor la moto estaba lista para ser recogida en Darwin. Había llegado dos días antes pero el control australiano requiere primero una desinfección del contenedor. Yo entre tanto tuve que lidiar en persona y por teléfono con simpatiquísimas trabajadoras de aduanas y “quarantine”, el departamento de sabuesos en busca de motas de polvo.

Las cosas como son, los australianos son gentes por lo general amables, muy educadas y especialmente simpáticas. Al menos en lo que llevo conocido. Da gusto entrar en una tienda y recibir un amigable saludo y un interés por cómo estás.

Después de pagar unos setenta euros en aduanas y unos treinta a Perkins, el viernes a las ocho de la mañana tenía una cita con el departamento de “quarantine” en el puerto, para sacar la moto del contenedor y esperar que estuviera suficientemente limpia.

Caso contrario tendría que pasar por el grifo australiano que cuesta sesenta euros cada media hora. Si consideran que está realmente sucia entonces llaman a un servicio de limpieza que tarda lo que tenga que tardar, a precios australianos.

A veces se da el caso de gente que factura desde muy lejos un vehículo y no sabe de esto. Adam y Nicky conocieron a un mítico padre uruguayo que viajaba con sus dos hijos veinteañeros en una especie de 2cv descapotable y con remolque. Me enseñaron fotos y creo que de todos los personajes legendarios que me he cruzado en el camino éstos se llevaban la palma.

Llegaron a Australia con el coche y el remolque sin apenas limpiar, lo que llevó a que durante dos días cinco australianos lo hicieran a precios de aquí. El coste fue de más de 3000 dólares que por supuesto no tenían. Tuvieron que pedir un préstamo a su embajada y después de un tiempo en que los hijos trabajaron en Australia pudieron devolverlo y continuar su viaje.

Así que cuando llega el momento d abrir el contenedor sí que se tiembla un poco la verdad.

Llegué al puerto primero y esperé hasta que aparecieron las dos sabuesos del departamento de “quarantine”, ambas sobre los cincuenta, una morena y  otra rubia.

Con casi toda seguridad pasaron la adolescencia en los “boys scout” y con rotunda seguridad compraban su ropa en Coronel Tapioca, sección tallas grandes. La morena en tonos verdes y mangas y piernas largas, en adelante sargento otoño, y la rubia en tonos beige, bermudas, manga corta y sombrero del mismo tono y estilo memorias de áfrica, en adelante sargento primavera.

Fue ésta última la que me ordenó que le acompañara atravesando la peligrosa selva de contenedores y máquinas asesinas que los movían. Cuando alguna de ellas se acercaba, aunque fuera a una distancia más que segura, sargento primavera levantaba el brazo al más puro estilo comando especial en la guerra de Vietnam para ordenarme que parara, juro que no exagero.

Así conseguimos atravesar la peligrosa zona enemiga y llegar a salvo a la parcela vallada donde el departamento de “quarantine” y sus sagaces sabuesos buscaban motas de polvo sospechosas de mutar. Lo que sin duda alguna desencadenaría en Australia una especie de “Jumanji” incontrolable que libraría el caos y posiblemente supondría el final de la especie dominante en la isla, los blancos.

Haciendo un poco de demagogia, supongo que los australianos de hoy habrán aprendido de sus antepasados ingleses que aniquilaron a la mayoría de los aborígenes con las enfermedades europeas que traían, como la gripe, el sarampión u otras muchas.

Al llegar nos esperaban una pareja de agentes aduaneros que me sellaron casi sin preguntar nada el carnet de passage, nada que ver, simpatiquísimos y más interesados en los muchos sellos que ya traía que en la posibilidad de que trajera un alijo de heroína en una maleta. Ni miraron nada, me preguntaron si tenía algo que declarar y al escuchar que no se fueron.

Cuando llegó el contenedor y lo abrieron encontré a Black Pearl exactamente igual que la dejé, el contenedor venía vacío a excepción de ella. La pesada negociación con SDV había girado en torno a lo que ocupaba la moto y ahora resultaba que sobraba espacio.

Saqué las maletas primero y las dos sargentos empezaron a abrir todo en busca de algo sospechoso de mutar, abrieron el saco, la tienda de campaña, la hamaca , y observaron meticulosamente la ropa de la moto y el casco. Faltó que lo olisquearan todo.

Mientras desaté las cinchas, que posiblemente han sido los utensilios más rentabilizados del viaje, y finalmente saqué la moto.

Aunque el sol a esas horas ya abrasaba, sargento primavera manejaba una linterna con la que alumbraba cualquier rincón sombrío de la moto, encorvando su cuerpo con ángulos peligros para su edad y en busca de algún delito en forma de pequeña rama.

Aproveché para como me había dicho Troy, enseñarles su tarjeta y fotos del proceso de limpieza, de los tres días que había dicho estuve limpiando la moto.

“Parece que está muy limpia”, decía sargento primavera, y sargento otoño asentía con la cabeza.

“Es que ha estado tres día limpiándola”, decía sargento otoño.

Dos horas después de haber llegado salía por la puerta del puerto montado en mi moto y victorioso después de no haber tenido que pasar un triste trapo a la moto. El departamento de “quarantine” australiano garantizaba que mi moto no tenía nada sospechoso de ocasionar una catástrofe en la isla.

Salí del puerto, aceleré, grité, y de nuevo sentí por unos segundos que estaba de viaje…

Pero no, llamé a Adam y Nicky y quedé con ellos para pasar el último trago y desembolsar los últimos dólares antes de poder seguir.

Había que pasar la ITV primero, unos treinta euros la inspección, para después registrar la moto en Australia y obtener un seguro a terceros, que sólo cubre daños a personas y que costó unos ciento quince euros para tres meses, el mínimo contratable.

Nos llevó el resto de mañana el trámite, ellos habían terminado de montar la caja de cambios esa misma mañana y después de tener los papeles estábamos insultantes. Así que fuimos a un supermercado y compramos hamburguesas y dos botellas de vino, nos fuimos a la casa en la que estaban ellos alojados, paso algo importante que contaré en el próximo relato, y después y poco a poco cayeron las carnes, los panes y los vinos.

Ellos salían el lunes pero yo me iba al día siguiente sábado, nos despedimos, yo un poco tocado, y me fui a mi litera esperando que llegara pronto el día siguiente, el día en el que después de casi siete meses y medio me disponía a atravesar Australia…

Que relataré próximamente

PD. Ya va quedando nada y me noto cuando escribo que me entra la nostalgia, despidiéndome de muchas cosas. Mil gracias por haberme acompañado tantos meses y tantos relatos. Todavía nos queda el final pero gracias desde ya y desde siempre. Ha sido y sigue siendo un placer sentirse leído.

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46 thoughts on Último salto

  1. enhorabuena , como siempre disfrutando del relato.

    Son las 7,50 am y me voy a currar , asi que disfruta por nosotros jejjejeje.

    buena ruta

  2. Silvia Portal

    Pero bueno primo!! que no veo el día que vuelvas!!!, quiero que vuelvas pero por otra parte voy a echar de menos tus relatos que me entretienen un montón y me encantan.

    Besinessssssss guapoooo

  3. maribel

    Hola Charly,

    Nosotros también vamos a sentir nostalgia de tus relatos, que por unos momentos nos han transportado a los lugares que nos describias y nos han hecho viajar contigo. Sigue disfrutando lo que te queda.

    • En eso estamos, en disfrutar de los últimos momentos lejos. Luego disfrutaré de los buenos momentos allí, y después volverá la realidad, y eso si que da miedo.
      Un beso y gracias por escribirme, cuídate

  4. Esteban

    Venga Carlos, no te pongas triste ahora, piensa en la suerte de lo que estás haciendo y de lo que supondría para mucho de nosotros hacer ese viaje.

    V’sss desde VFR

    • Tristeza no es, más bien vacío…, pero ya me resarciré en el próximo relato.
      Un abrazo y gracias por estar ahí acompañando y animando

    • Hola Manu,

      sí que eran esos sí, qué míticos…
      Pues gracias por acompañarme desde el principio, se ha notado y mucho. Ha sido fantástico.
      Bueno, todavía queda un poquito.
      Un abrazo

  5. Begoña

    Me ha encantado el resumen de Timor Este. Me ha encantado tu crónica. Me parece increible lo del lavado de los vehículos, tanto en Timor como ya en Australia. Increible de veras!
    Estoy impaciente por leer tu paso por esta impoluta isla.
    Buena ruta!

    • Hola Begoña, mira que me alegra que te gustara la crónica, veremos qué tal la australiana, quizá un poco más sosa. Como el país…
      Nos vemos pronto…
      Gracias por escribir

  6. andrés

    todo se acaba , y te entrara una depresión postviaje , para acontinuacion empezar con otro proyecto que te alegre.un saludo

  7. Ezequiel

    Vaya, lo de los trámites y la corrupción aduanera es esperable, pero lo del lavado del vehículo es exagerado. Y me temo que demagógico e inútil. ¿Qué hacen con el filtro de aire? Porque si quieres polvo, bacterias o escolopendras busca ahí. ¿También requisan la flora intestinal? ¿Hay que lustrarse los zapatos antes de entrar?. Hubieran tenido tanto cuidado cuando introdujeron gatos, perros y sus benditos jardines sajones. Estos australianos…. Bueno, nada, la última etapa del viaje.
    Ah..por cierto, el auto de los uruguayos se llama Mehari, es un modelo de fibra de vidrio con mecánica Citorën 3CV.
    Un abrazo.
    Ezequiel

    • Mehari coño mehari, que no me acordaba…
      cuando leas la última entrada verás que tu amigo virtual se ha cargado la cadena por segunda vez, ha durado 35.000 km escasos. Es por ser yo un desastre? es por no ser original? me refiero el repuesto. O es normal y las cadenas duran eso?. También puedes optar por no no sabes o no contestas…
      Un abrazo amigo, ya pronto estaré por allí.

  8. Resito

    Un placer leer cada uno de tus relatos en los que muchos nos sentimos dentro de tu casco viendo diferentes culturas, pasando alegrías y calamidades y todo eso desde una carcel más como es estar sentado frente a un ordenador en una oficina de Madrid.
    Que envídia, tío… Que envídia.

  9. Erik

    Un placer seguir leyendo estos relatos tan bien escritos, y con los que puedes imaginar cada detalle de lo que cuentas!!!

    Me he quedado flipando con lo maniaticos que són en Australia con la limpieza de lo que entra en su país! que fuerte!
    Después de leer esto me he acordado de un libro que leí de un señor de Barcelona que se fué a dar la vuelta al mundo en velero, y que cuando llegó a Australia, le hicieron levantar todo el interior del barco y tirar toda la comida que traía, teniendo así que comprarlo todo en Australia.
    Hasta le prohibieron fumar en el interior de su propio velero, ya que según ellos, no se puede fumar en ningún espacio cerrado, o almenos así lo explicava él. Dice que en ese país es donde más se cabreó con las autoridades, no por la amabilidad, sino por las leyes.

    Es un placer seguir leyendo tus relatos y espero el siguiente ansioso!

    Grácias Charly por los sueños que nos proporcionas!!! 😉

    • Hola Erik,
      gracias por tan buena compañía virtual. Sí que son maniáticos sí, lo peor es que ahora que he atravesado el país, me he encontrado con miles de advertencias para no derrochar agua, tendrán morro!!!
      en fin, es lo que hay.
      Por cierto, tengo un mail tuyo pendiente, te contesto por aquí así se entera todo el mundo, en los próximos días espero ir subiendo fotos de todos los países, no muchas y la verdad es que no muy buenas. Pero bueno, al menos se ven los sitios.
      Un abrazo

  10. John

    Charly, la verdad escribo muy poco por acá, pero todos los días reviso a ver si has escrito algo nuevo, todas las crónicas han sido muy agradables, emocionantes y hasta instructivas, en cierto modo me siento viajando también, muchas gracias y ánimo para el remate de esta gran experiencia.

  11. CARLOSGS

    Creo que no te va a quedar más remedio que volver en moto, o darte la vuelta a Australia, ya que somos muchos los que estamos enganchados a tus relatos que nos alegran el día y nos llevan a tu realidad tan distinta de la monotonía diaría.
    Animo y un saludo

    • Amigo tocayo, tus fieles comentarios me han dado más de un empujón, a veces muy necesario. Lástima que acabe sí, pero bueno, ya veremos, algún día habrá segunda etapa espero yo.
      Un abrazo

    • Roberto!, qué alegría, tiempo sin saber de ti, al menos por este medio, de tu camino de santiago en vespino sí que supe sí. Y luego me dices a mi. tengo pendiente leer la crónica, viajando no es tan fácil, pero leí un trozo un día y me descojoné vivo. Ya la leeré ya, y espero que nos veamos algún día. Por tu tierra o por la mía, la que quede más cerca.
      Un abrazo

  12. gandhi ji

    i guess i have to learn spainish…
    well my man…
    the pictures tells the story!
    hope u had a nice time in indonesia..take care and ride safe..

    peace 😉

  13. Charly. Pero qué grande!
    Qué buenos ratos nos haces pasar con tus relatos, y que lástima que ésto esté llegando al final.
    Nos esperan unas cañas y unas tapas de jamón en cuanto llegues a Madrid.

    Un abrazo.
    Javi

    • Javi!!!!!!, vete pidiendo ya el jamón que llego en breve, mientras uno mastica que el otro hable, y así, que tenemos mil cosas que contarnos. Gracias por todos estos meses de compañía virtual, y aúpa prisamata.com, que está genial.
      un abrazo

  14. german

    Charlie…esto termina cuando vuelvas a Madrid…así que disfruta del viaje seguro que en Australia todavía te quedan varias aventuras que contar…

    • Ayer estuve hablando por skype con alguien que te conoce muy bien… jeje!
      gracias amigo, no sé dónde será, pero nos veremos pronto espero.
      un fuerte abrazo

  15. bollo

    Siempre es un placer entrar en tu blog , disfruta de lo que falta. Algun dia espero hacer algo parecido , pero mientras tanto me conformo con leerte.
    Un abrazo Charly.

    • pues anímate que la vida pasa y estas cosas son las que quedan para siempre. Yo creo que todavía no soy consciente totalmente, lo iré asimilando poco a poco y estoy seguro que la sonrisa me durará mucho tiempo. si lo haces algún día ya sabes, lo que necesites.
      un abrazo

  16. Hola camarada, la verdad tienes más razón que un santo, como se suele decir. Tus historias me han traído a la mente las peripecias que pasé en los países o de los países más desarrollados del mundo, Canadá y Usa que estuve.
    Cómo puede ser posible que a los animales, Osos y demás seres diríamos libres, por lo menos en aquellos lares de Alaska y Yukón , pues no les pidan nada para pasar fronteras…., y a nosotros nos pidan de todo, entre nosotros.
    Recuerdo con agrado, un tipo en la frontera Alaska-Usa con Canadá, de inmigración, no se qué me decía, que había hablado con mi padre y que si yo salía en no sé dónde, en una página web…y que si trabajaba en Canadá…. en fin jajajaja, ahora uno se ríe, pero se pasa putas…
    Esa línea de nadie, esa tierra de todos, que jamás nada fue de nadie, y que jamás nada será de nadie, qué curiosa la vida.
    Un gran abrazo y ya sabes, para lo que necesites con dar un toque vale, y pásalo bien en lo posible, eso nos llevaremos.
    see you soon.
    v.

  17. Joder Carlos, a mi también me da un poco de pena que el viaje esté llegando a su fin, y que se acabe la alegría que me da cuando llega el correo de facebook diciendo que hay noticias de sinewan.

    Es un placer leerte. No te diré, como todo el mundo, que eres una inspiración para un futuro viaje de ese estilo por mi parte, porque soy un acojonado y jamás tendré los bemoles suficientes para hacer algo así, pero muchas gracias por compartir el tuyo con todos nosotros. Narras las cosas que te suceden de tal manera, que casi es comos si las viviéramos nosotros.

    Muchas gracias Carlos.

    • veo que nos da pena a unos cuantos, pero bueno, si algo termina será porque algo empieza, digo yo…
      gracias por seguirme, se ha notado y mucho.
      un abrazo

  18. Francisco

    Te sigo desde Paquistán y es la primera vez que te escribo.
    No queremos que vuelvas, sigue dando vueltas por el mundo y escribiendo tus aventuras para nosotros ¿cuántos seremos?
    Un abrazo muy fuerte, y mucha suerte.

      • Por cierto, yo también tengo curiosidad por saber cuántos somos. El medidor real de visitas, no el que aparece en el blog, dice que la media son casi 300 al día. Pero sé que hay gente que entra a diario…
        Ni idea, pero me encantaría saberlo

  19. Luis Ramón

    Aha!! Me alegro de haber aportado mi granito de arena a tu aventura… para mi es un orgullo “echarle una mano” a un Superhéroe sjsjsj Charly Sinewan ^.^ … si mi hermano es la caña.. y Fa es majiiiísima así que bueno, estoy seguro de que estas fenomenal con ellos…

    De verdad que lo que has hecho es … me quedo sin palabras… totalmente increíble… supongo que desde dentro, mirando de vez en cuando hacia el camino recorrido, tú mismo habrás pensado muchas veces sobre tu viaje y seguro estoy, hayas llegado a la conclusión de que lo volverías a hacer, de que has evolucionado, en fin… de que ha sido un acierto en tu vida… supongo que mil cosas mas que sólo tu desde dentro verás. Yo te cuento cómo se ve desde fuera. Desde fuera se ve como cuando pones las películas de Indiana Jones, como cuando de pequeño mirabas a Superman volar o, te voy a decir mas… como cuando veías a Mazinguer Z echar fuego del pecho y lanzar sus puños!!… TOTALMENTE IMPRESIONANTE!!!

    A tu vuelta te esperamos todos con los brazos abiertos ^.^ deseosos de verte y que nos cuentes mas cosas….

    Enhorabuena Carlos.

    • Gracias Luisra, desde que supe que me leías me hizo mucha ilusión. Al fin y al cabo, es un blog motero, y tú y yo hemos rodado juntos muchas veces. Y de ti aprendí muchas cosas pilotando.
      Hay muchos viajes en moto antes y después, pero aquel Jerez de los noventa, porque no me acuerdo ya ni del año, con esa caravana de motos de tercera mano, intentando eludir autopistas… , tardando 36 horas en llegar… qué viaje más bueno, ahora que lo he recordado al escribirlo se me ha puesto una sonrisa de oreja a oreja.
      Tengo muchas ganas de veros
      Un abrazo

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  22. Hola tocayo. Te sigo y leo hace tiempo,solo que no me da para escribir. Soy uruguayo y algun dia quisiera escribir mi propia historia sobre la moto. Tuve que escribir por tu referencia a los uruguayos en la Citroen Mehari,no en el Patito jeje. Bueno,siga para delante inspirando y motivando a la gente a salir de su zona de comfort y dejar de ver en la tv que el mundo,disculpa la palabra,es una mierda. Por lo q cuentas,y me han contado,el mundo es maravilloso. Adelante y te espero por el Este de Uruguay. Saludos y buenas rutas