Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

 

En una habitación de hotel, en India, a unos 27 km de Pakistán…

Sobre la una de la tarde, horario Indio, entrábamos en India. Es complicado expresar la alegría que sentimos, pero gracias a ya no estar en el mundo islámico, es fácil colgar un vídeo que lo muestre…

Entrada en India. sinewan.com from charly sinewan on Vimeo.

Se cumplen nueve días de haber conocido a Simon y haber viajado con él, difícil encontrar alguien con quien viajar se haga tan fácil y divertido. Nuestra relación se basa en el continuo ataque del uno al otro por todo lo que se precie oportuno. Nacionalidad, peso de más, velocidad de tortuga, caída en la duna, cagadas mecánicas…lo que sea, el caso es estar metiéndonos el uno con el otro sin cesar.

La primera mañana que compartimos habitación, que no cama claro, el despertador sonó a las siete de la mañana y  Simon llevaba ya quince minutos despierto, los mismos que yo tardé pasadas las siete en conseguir que un ojo consiguiera enfocar mi desorden. Él ya tenía todas sus pertenencias perfectamente dobladas sobre la cama y aunque estábamos en un hotel, la cama hecha.

Es curioso como dos personas tan diferentes pueden llegar a entenderse tan bien. Simon cada mañana revisa la presión de sus ruedas y limpia y engrasa su cadena. Está mucho más limpia ésta que mis guantes. La mañana que amanecimos en el desierto me preguntó:

– Has revisado la presión de tus ruedas?

– Tuc Tuc! (dos pataditas en la rueda trasera con la punta de la bota), sí sí, están bien.

Desde ese momento entendió que éramos algo diferentes, y sabiendo el estado lamentable de mis neumáticos y que viajábamos juntos, decidió cada mañana revisar mi presión y regularla de acorde al desgaste. No me preguntéis cómo. Yo a cambio hago fotos y vídeos decentes, algo en lo que él está un poco falto de recursos.

En los  primeros días de viaje juntos descubrimos que nuestra forma de viajar sí que era parecida, no nos importaba que fuera de sol a sol, solíamos estar de acuerdo en cuándo y dónde parar, y teníamos una forma de comportarnos con el entorno en el que viajábamos parecida. Hay compañías que me incomodan por este motivo como supongo que yo incomodaré a otras. El caso es que todo eso, sumado al tramo que venía, nos hizo decidir viajar juntos hasta India. No sabíamos en ese momento la suerte que teníamos de habernos encontrado…

El lunes volvía a ser el día elegido para cruzar la siguiente frontera, ese día mi visado cumplía. A las ocho de la mañana estábamos en ruta dispuestos a recorrer los 300 km hasta Zahedan para después dirigirnos por carretera a la frontera. La posibilidad de cruzar en tren existía pero hacía tiempo que estaba descartada, fue una pequeña mentira piadosa para tener a los más cercanos tranquilos y yo poder centrarme en los dos tramos peligrosos. Porque tampoco casi nadie sabía que los últimos kilómetros Iranís también se consideraban peligrosos, además de ser inevitables para llegar hasta la estación de tren. De hecho ni yo sabía cuánto hasta que los crucé.

Las dudas que pudiera tener se habían despejado hacía ya unos días cuando averigüé que el tren sólo salía los días uno y quince de cada mes, así que duda resuelta. Pasaría por carretera.

Tenía los dos tramos bastante estudiados o al menos eso creía yo, pasear los depósitos por toda Europa tenía como objetivo principal poder hacer los primeros 500 km de Pakistán sin tener que parar en el pueblo intermedio donde sabía que había una gasolinera, sin así llamar la atención. Desde casa, con google maps abierto, varios blog de gente que lo había hecho y leyendo noticias que luego explicaré, uno se hace una idea que suele ser distinta de la real.

Los primeros 150 km discurrieron por una recta en la que las montañas rocosas se fueron deshaciendo poco a poco hasta encontrarnos en medio de la nada. La vista se perdía en el horizonte como se perdían los postes del tendido eléctrico, que eran casi lo único que alteraba la nada. Lo otro, y por si había dudas de dónde estábamos, apareció en mitad de la carretera:

CAMELLO

Después contamos hasta catorce cadáveres de camello a uno y otro lado de la carretera, fue bastante impactante ver un animal tan grande muerto y sobre todo pensar cómo debió ser el impacto.

Con esa imagen y con el sabor de rodar por el desierto llegamos a lo que sería el principio del fin de nuestro viaje tranquilo. Primer control militar.

Acababa la nada y aparecían de nuevo montañas áridas,  precedidas de un cuartel del ejército. Un militar nos levantó la mano y nos hizo aparcar a un lateral. En muy buen tono, con aparente alegría de tenernos allí, nos explicaron por señas que la carretera era peligrosa y que nos iban a poner escolta. El elegido era un chico muy joven y muy delgado, de haberlo llevado en la moto como ellos pretendían creo que se nos hubiera volado. Por supuesto nos negamos y al final pararon un coche de civiles y se metió en la parte trasera. Cuarenta kilos de casi adolescente militar, con una pistola, y sentado en el asiento trasero de un coche de unos señores civiles, esa era nuestra escolta ante los terroristas.

Afortunadamente ni en ese momento ni en ningún otro sentimos peligro.

A los 50 km los perdimos y acto seguido nos pararon unos policías nuevos ante nuestros ojos, una especie de guardia civil. La cosa parecía empeorar, dos polis en un pickup, con dos militares con metralletas en la parte trasera y que nos volvían a recordar lo peligroso de la carretera. A los siguientes 50 km volvieron a parar para un nuevo cambio de escolta, esperamos un rato largo  que soportamos comiendo pistachos con nuestros cuatro protectores. En caso de emboscada más de unos habría caído con un pistacho en la mano, no parecía aquello muy profesional por su parte.

Al siguiente reemplazo subió el nivel, cuatro militares armados hasta los dientes con un lanza cohetes, o como se llame. El que estaba al mando medía más o menos como yo, pero él de cintura, ideal para su cargo porque en su inmenso cinturón colgaban unos cuantos proyectiles tamaño vaso de caña.

A los siguientes 50 km, esperando al siguiente cambio de escolta, por si no éramos conscientes de lo que allí pasaba uno de los m
ilitares nos contó que en esa misma carretera el día anterior habían matado a su jefe unos terroristas. Bufff…

El siguiente reemplazo nos llevó hasta Zahedan, directos al cuartel y por primera vez y después de varias discusiones, con los pasaportes confiscados, no nos podíamos mover. En el cuartel estuvimos más de una hora esperando a que alguien viniera para escoltarnos a una gasolinera y después a la frontera, otros 100 km.

Mientras esperábamos vivimos algo muy desagradable.

Apareció un pickup absolutamente destartalado, cayéndose a cachos y con una rueda reventada, entró en el cuartel deprisa y conducido por un militar que parecía nervioso. Acto seguido llegó un pickup del ejército repleto de gente arrodillada. Un joven iraní de rasgos muy morenos bajaba esposado, junto a él, su madre angustiada que gritaba fuera de sí a la vez que lo golpeaba frustrada y pedía compasión a los militares que lo apuntaban con sus armas.

Acto seguido bajaba su delito, una decena de niños casi adolescentes, inmigrantes ilegales que fueron sentándose en un rincón a escasos metros de nuestras motos. Junto a ellos viajaba un adulto.

Creo que nunca podré olvidar esas caras de miedo, como tampoco olvidaré los ojos ensangrentados por el polvo del militar que supuse fue disparando desde la parte trasera del pickup en la persecución.

Al poco rato una moto de 125 con dos policías vino a buscarnos y con la cabeza baja salimos de allí.

El infierno de la protección iraní continuó y nos fueron pasando de policía en policía hasta otras cuatro veces, con las esperas correspondientes y las luchas por mantener nuestros pasaportes en nuestro poder. A 80 km de la frontera tomaron el control unos nuevos militares, vestidos de marrón, de algo peor carácter y que una vez consiguieron los pasaportes ya no los soltaron.

Acabamos en un cuartel atardeciendo y esperando más de dos horas para ser escoltados hasta un hotel porque la frontera ya estaba cerrada. Afortunadamente éramos dos y afortunadamente ninguno se inmutaba ante lo frustrante de la situación y lo duro que había sido el día. Sólo nos habíamos alterado en las luchas por los pasaportes y sólo nos preocupaba algo la posibilidad de tener problemas con mi visado que expiraba ese día, el resto nos daba un poco igual, asumíamos que estábamos cruzando un sitio complicado y aunque muchas cosas nos parecían absurdas, acatábamos.

Ya de noche, los mismos adolescentes que llevaban toda la tarde cargando una metralleta gigante, se montaban en dos pickup con mantas y el arma en la parte trasera de uno de ellos para salir aparentemente muy motivados a pasar la noche en busca de terroristas.

Un último pickup nos escoltó hasta un humilde hotel donde un padre y un hijo encantadores se encargaron de darnos de cenar y cuidar nuestras motos, que para más seguridad metimos dentro del hotel.

Derrotados nos metimos en la cama con dos ideas claras, al día siguiente madrugar y saltarnos todos los controles hasta llegar a la frontera que estaba a muy pocos km.

Sólo nos tuvimos que saltar uno y tampoco fue exactamente eso, nos negamos a esperar a la escolta y con el pasaporte en el bolsillo no nos pudieron detener. Nos quedaba el último escollo iraní, la frontera. Fueron unas dos horas de nuevo pesadísimas entre que nos sellaron en tres pasos el carné de passage y luego en dos ocasiones el pasaporte. Cuando finalmente estuvimos al otro lado y por tanto en Pakistán, lamentablemente sentimos ambos una sensación de alivio.

Irán es un país increíble por su gente, pero odioso por su sistema que parece diseñado para evitar que los extranjeros lo visiten. Atravesarlo en moto sólo aporta eso, atravesarlo. Los más de 2000 km que recorrí fueron casi en su totalidad autopistas rectas y aburridas, y además cualquier moto es un reclamo demasiado ostentoso que atrae a todos incluyendo por desgracia a los malos. Tener que lidiar con el ejército y con la policía es muy cansado, y atravesar la frontera en vehículo propio más. Por no hablar de los polis nocturnos con los que tuve que lidiar y ver el miedo que los iranís los tienen. Si algún día decido volver, que por un lado me encantaría, será en avión y lo más discreto posible.

La sensación de alivio se confirmó al pasar los trámites en Pakistán, volvió la humanidad y así nos hicieron esperar mientras nos sellaban pasaporte y carné de passages.

FRONTERA PAKISTAN 2 FRONTERA PAKISTÁN

Con el buen rollo de la frontera y con el primer repostaje cómico de Pakistán, con garrafa y embudo, salimos por el carril izquierdo dirección carretera maldita.

La sensación en Irán, por mucha escolta armada que nos acompañara, siempre fue de tranquilidad, nada nos hizo sentir estar en peligro. En Pakistán fue lo mismo, salvo en mi caso que no en el de Simon  por todo aquello que había leído en casa cuando preparaba el viaje.

Lo peor fue el día que conseguí el visado de Pakistán y al llegar a casa puse en google “secuestro Pakistán”. Apareció una noticia de un turista francés secuestrado en Mayo en esa misma carretera. Mucho peor cuando puse “liberado turista francés” y no salió nada. Luego estando ya de viaje comprobé que lo habían liberado a finales de agosto, previo pago supuse. Además los secuestros a diplomáticos y trabajadores de ong por parte de los talibanes se habían incrementado en los últimos meses.

Con todo eso en mi cabeza, aunque en la frontera nos habían dicho que la carretera era segura por estar llena de controles militares, y además la sensación era de tranquilidad, los primeros km los pasé pensando por dónde escapar en cada momento. Algo absurdo porque la única escapatoria era con moto de campo y sin muchas posibilidades de éxito.

Poco me duró esa preocupación porque llego una nueva, algo que esperaba pero no tanto. A los ochenta km apareció la esperada arena en la carretera, que pensaba yo sería una ligera capa…

duna

… y en una primera ocasión por creerme en el Dakar e ir de pie, y en una segunda por torpe simplemente, la moto se fue al suelo. Afortunadamente una de ellas la tengo grabada en vídeo.

Las risas de Simon mientras me ayudaba a levantar la moto fueron sonadas.

A partir de ese momento asumí que la varadero no era para esas cosas y ya no se cayó más, sentadito y despacito pasaba por dónde hubiera que pasar.

Tras los retrasos de la frontera y las dificultades de la carreta era imposible hacer los 600 y no 500 km de carretera considerada peligrosa, había que parar en Dalbandin, pueblo intermedio que tenía un lugar seguro para turistas según nos habían explicado en unos de los muchos controles militares que habíamos pasado. En cada uno de ellos nos hacían firmar y así tenían un control de todo extranjero que pasaba. Alemanes, ingleses, irlandeses y algún francés ocupaban la lista de los últimos, algunos no hacía muchos días.

Llegamos al pueblo y encontramos el lugar indicado para turistas, pero desde allí un coche nos escoltó  hasta un cuartel donde nos dejaron acampar y pasar la noche. Cenamos en el pueblo con una especie de legionario y su metralleta de acompañante.

NOCHE CUARTEL

A la mañana siguiente intentaron ponernos escolta pero no quisimos y nos fuimos sin ella. Nuestros protectores solían ser dos militares dudosamente armados, en una moto de 125 y que en caso de emboscada serían abatidos antes de que los frenos de tambor pararan el cacharro en el que nos seguían. Ellos no nos obligaban pero iban comunicándose por radio que pasábamos, de tal forma que si en un paso nos demorábamos porque parábamos a tomar algo, venían a buscarnos. Cada parada en cada control eran muestras de amabilidad por su parte, encantados de que estuviéramos allí y orgullosos de protegernos, algunas veces salían tras nosotros y durante un rato los teníamos en el retrovisor hasta que los perdíamos.

Así más o menos fueron los primeros kilómetros, después se fue poniendo más serio el asunto y ya sí nos obligaban a que en moto en ocasiones y en pickup en otras, lleváramos escolta delante o detrás.

En dos ocasiones, sendos policías, mientras nos hacían esperar para que llegara la escolta nos ofrecieron hacernos un porro de su hachis, curiosa forma de proteger conductores de moto a casi cuarenta grados. Cosas de Pakistán.

Entre la dichosa escolta y el estar atento por si pasaba algo, al menos yo no disfrutaba del paisaje que era a ratos espectacular, habían vuelto las montañas rocosas pero seguíamos viendo dunas de arena fina a ambos lados de la carretera. Hacíamos paradas más bien rápidas y seguíamos avanzando para intentar llegar a Quetta lo antes posible y terminar, pensábamos, con la pesadez de estar escoltado.

Cada pueblo que pasábamos daba síntomas de extrema pobreza, por su totalidad de casas de barro y paja, por la suciedad, y sobre todo por algo triste y definitivo, muchos niños en la calle deambulando y pidiendo. Bolígrafos siempre eso sí, dinero nunca.

Mujeres y niñas casi no vimos y las que nos cruzamos iban tapadas radicalmente, casi no dejaban ver ni sus ojos. Niños vimos muchos, los que más nos noquearon fueron los que picaban piedra en el arcén de la carretera en obras. Otra imagen dura y complicada de olvidar.

Finalmente llegamos a Quetta y terminamos con la maldita carretera a la que tantos ratos le dediqué. A la entrada  la policía nos escoltó hasta un hotel donde entre otras muchas cosas conocimos una familia alemana que volvía a casa después de casi cinco años viajando en una Volkswagen California, encantadores.

El día siguiente empezó muy bien, conseguimos salir sin escolta y a los pocos km nos vimos metidos en una carretera de montaña, árida como casi todo el sur de Pakistán pero con un río al acabar el descenso y la carretera emparedada por un cañón. No disfrutaba de la moto desde Turquía, el día anterior a ratos sí, pero la escolta y google no dejaron que fuera pleno.

En un momento foto paramos, y después de darle al gatillo varias veces allí nos quedamos. La Transalp dejó de dar señales, nada se encendía. Simon entró en una pequeña crisis y rápido desmontó todo el equipaje para con un pequeño aparato que sólo entiende él, saber si el problema eléctrico venía de un sitio u otro. Yo, inmensamente preocupado, me subí a una roca para inmortalizar ese gran momento.

AVERÍA

Como por arte de magia las luces del cuadro de mandos volvieron a aparecer, igual que la escolta que al ver que no llegábamos al siguiente puesto militar vino a buscarnos. Nos dejaron jugar a los viajeros intrépidos un rato pero seguían controlándonos.

Desde ese momento ya no paramos de estar escoltados, por decenas de diferentes patrullas que se iban turnando. Algunos hacían bien su trabajo pero otros muchos eran un desastre, nos llevaban a velocidad de tortuga, ideal para acertar un buen disparo, o nos llevaban a velocidades absurdamente altas cuando supuestamente debían proteger nuestra vida.

Poco a poco nos iba desgastando cada parada y cada espera, a más de cuarenta grados y con el cuentakilómetros que no avanzaba.

En una de las miles de paradas en espera de escolta, la transalp se negó de nuevo a seguir, creo que también estaba cansada de ellos. Simon llevaba un regulador de recambio y pensaba que podía ser eso así que se puso manos a la obra mientras no dejaban de parar patrullas de policía y militares. Se juntó allí medio ejército y media policía, todos mirando a Simon y sus manos negras. Esta vez colaboré quitando un par de tornillos

La avería parecía ser eso porque la moto se encendió y pudimos seguir, nos dirigíamos a Sukkur, sitio turístico donde esperábamos encontrar un hotel. Pero con todos los parones empezábamos a estar justos de sol. Paramos a repostar a los pocos kilómetros y volvió a
pasar, esta vez la crisis de Simon se incrementó. Ahora no eran militares, eran civiles, más de treinta que formaron un corro en absoluto silencio para ver como de nuevo desmontaba todo el equipaje y empezaba a comprobar todo con su aparatito. No sé en qué momento se le ocurrió comprobar si los tornillos de la batería estaban bien apretados, pero sé que hubiera estado bien que hubiera sido al principio, nos habríamos ahorrado tres párrafos de este largo relato. Me miró con cara de disculpas y me empecé a reír, me parecieron muy divertidos los momentos manos negras y además tenía a partir de ese momento un buen argumento para contrarrestar sus ofensivas a mi exceso de equipaje. Todo bien.

Lo único malo es que era casi de noche, así que pedimos a la escolta que nos llevara a Jacobabad, la ciudad más cercana y que parecía tener un hotel.

Pakistán es exactamente igual que la India pero sin el colorido que dan los saris de las mujeres y el colorido que dan las mujeres en general. Por lo demás es lo mismo, montones de basura acumulada, vacas, perros, bicicletas, carros con burros, burros sin carro, comercios que inundan la calle, rickshaws, alcantarillado al aire, camiones, olores de todo tipo, humo, muchos coches…

Menos enfermedades que en India eso sí, parece que en Pakistán casi todo el mundo al menos come y bebe.

Entramos por la avenida principal que debía ser lo único asfaltado de la ciudad pero pronto giramos a la izquierda por una calle que no sólo era de tierra sino que hacía continuas ondulaciones, estrecha y repleta de gente y de todo lo anteriormente descrito excepto camiones. Derrotados de todo el día en la carretera, sudando y dando votes, hacíamos lo posible para seguir a la patrulla que nos iba abriendo paso. Yo veía la moto de Simon dando votes a la vez que hacía malabares para mantener en pie la varadero, todo  sin poder dejar de mirar lo que me rodeaba. Me volvió a entrar la risa y así llegué al parking del hotel donde nos recibieron como a ministros.

Ministros no muy queridos, porque desde que llegamos nos pusieron dos policías para protegernos y asegurarse de que no saliéramos del hotel en toda la noche, por nuestra seguridad decían.

Conseguimos evitar que nos subieran la cena a la habitación y bajamos al restaurante, al entrar se hizo un silencio y los treinta o cuarenta clientes de clase media alta que allí cenaban, se giraron. Sin dejar de percibir sus miradas en nuestros cogotes nos sentaron en un rincón, con nuestros dos policías armados de acompañantes. Nos dispusimos a leer la carta pero no dio tiempo, el jefe de la policía de la ciudad acudió a visitarnos y hacernos algunas preguntillas.

– De dónde sois?

– Qué habéis venido a hacer a Pakistán?

– Turismo eh?

– Seguro que sólo turismo?

– Así que turismo solamente?

Creo que no hubo más preguntas señoría, cenamos con los polis que eran como todos en Pakistán encantadores y después castigados a la cama. Y por si éramos traviesos, los dos polis en la puerta toda la noche. De locos.

A las seis de la mañana nos dieron libertad condicional.

Empezó el día con escolta y así terminó. Recorrimos 467 km hasta Multán en once horas. Tuvimos todo tipo de escoltas, los que nos hacían ir lentos, los que jugaban con su vida más la del resto de usuarios de la carretera y por supuesto la nuestra, los que iban claramente fumados y también,  durante 200 km tuvimos cuatro polis que nos cuidaron y nos llevaron a la velocidad que pedimos. Y aunque nos iban como todos abriendo paso como a diplomáticos, lo hacían con criterio y sin jugar con la vida de nadie.

ESCOLTAS

Después de la buena escolta volvieron las pésimas. La desesperación se fue haciendo con nosotros y llegamos a tener dos broncas de subir el tono, nos consiguieron sacar de nuestras casillas. Ellos la verdad es que ni se inmutaban, eran órdenes y no estábamos autorizados a viajar solos. No entendíamos nada, en los cuatro días que llevábamos en Pakistán no habíamos recibido más que cariño de la gente, nos rodeaban, nos observaban y al irnos los más osados nos daban la mano. Ni una sola mirada chunga, ni una.

En varios momentos de buen rollo con policías les preguntaba

– Pero dónde está el enemigo?, que no lo veo…

Poco a poco se iba formando en mi cabeza la idea que no sólo nos protegían a nosotros,  también de nosotros.

En cada parada que había patrulla, los polis no dejaban acercarse a la gente a hablarnos, si lo hacíamos nosotros, sutilmente lo evitaban. Empecé a  pensar que tienen órdenes para que los turistas pasen rápido y no les pase nada pero además para que así no se mezclen y tengan  información, ni tampoco la den. Era como viajar en tiovivo, sí, encima de la moto pero sin poder cambiar el rumbo y saludando a la gente como si fuéramos el papa.

Otra vez esa sensación tan desagradable de querer salir de un sitio por su sistema y no por su gente.

A la llegada al hotel de Multán, después de las once malditas horas de viaje, primero los policías, luego el inspector y después un mal secreta,  nos interrogaron sobre el día y hora de salida y nuestro próximo destino. No querían perdernos la pista hasta que abandonáramos el país. Empezamos entonces a ser ambiguos en nuestras respuestas.

Fueron cinco días en total escoltados, para nosotros evidentemente algo a lo que no estábamos acostumbrados. Apenas conocimos gente y muchos debieron maldecirnos cuando los policías casi los sacaron de la carretera para que pasaran los de las “motitos”. Nosotros los saludábamos y pedíamos disculpas, nos daba auténtica vergüenza. Por lo que había leído hace no mucho no era así, mi sensación es que el gobierno  tras los últimos secuestros de europeos ha declarado la guerra a los terroristas, y de paso, como casi siempre que hay terrorismo en un país, se beneficia de ello restringiendo las libertades. Las de los extranjeros que no pueden moverse, y las de sus ciudadanos que no reciben información del exterior y por tanto pueden seguir mediatizados. El ejército que nos escoltó en la zona realmente conflictiva, la que está cerca de Afganistán, era cómico comparado con las patrullas de la policía en el este del país donde que yo sepa no se ha producido ningún ataque. No parece tener mucho sentido.


ont face="Calibri" size="3">Y como siempre, es una sensación.

El recepcionista del hotel una vez pagamos nos volvió a preguntar dónde nos dirigíamos.

– Norte

El policía que había en la puerta nos hacía la misma pregunta según nos íbamos a la vez que una patrulla nos cerraba el paso, y aunque debíamos salir en su misma  dirección, rápido salimos en la contraria. Los primeros metros de Multan los hicimos rápido y sorteando vehículos, dirección norte para intentar encontrar la carretera a Lahore.

Nos perdimos ligeramente y aparecimos en una pequeña carretera que entre pueblos rurales salía más o menos en la misma dirección, y menos mal, porque fue entonces cuando por fin conocimos algo de Pakistán. Relajados sin escolta, a cincuenta kilómetros por hora porque la carretera no daba para más y viendo los quehaceres de la gente normal, con los olores del campo que en el Norte de Pakistán sí que es verde. Se nos fue quitando el mal rollo de los últimos días y aunque suponíamos que al salir a la carretera principal nos volverían a escoltar, nos dábamos por satisfechos con nuestra pequeña huída.

No fue así e hicimos los 400 km hasta la frontera solos, por fin. Como averiguamos después, parece que las dos provincias que atravesamos los dos días anteriores están cerca de la ciudad natal del presidente y las órdenes son no dejar a los turistas ni ir al servicio solos. Por seguridad nuestra nos dijeron y por la suya también digo yo.

Aunque la carretera fue aburrida y como siempre aquí peligrosa, el hecho de estar solos nos hizo estar felices todo el trayecto, en la comida se acercaron cuatro estudiantes y nos invitaron al café. Con ellos tuvimos una muy buena conversación, al fin conseguíamos relacionarnos con el entorno normalmente.

La entrada en Lahore casi anocheciendo espero no olvidarla nunca. Rodeamos la ciudad por lo que sería nuestra M-30, BA 30 o la que sea, con sus tres carriles y su velocidad media de 90 km/h. La diferencia es que en ésta circulaban con nosotros los de siempre, carros con burros, motos, coches, un señor con sus cinco vacas, una moto con sus cinco ocupantes, un camión pero en dirección contraria y sin luces, una señora con paja en la cabeza que cruzaba sin apenas mirar, niños, perros…

Todo aderezado con una nube de humo negro proveniente del gigante vertedero que ardía, dificultando la visión y revolviendo el cuerpo del desagradable olor.

Seguíamos la indicación de la frontera con India cuando empezó a inundarse la carretera de arena muy fina hasta que todo se convirtió en una pista. A los pocos km, no sé de dónde venía el agua, pero aquello se convirtió en barro. Pero seguíamos en la circunvalación, el tráfico seguía siendo el mismo. Tras el curso intensivo de conducción en barro, la carretera volvió a ser asfalto con arena y una nube de polvo nos hizo bajar la velocidad a menos de cuarenta porque no se veía nada.

Como si fuéramos concursantes de “lluvia de estrellas” salimos de esa nube y nos encontramos sin esperarlo con una barrera que ya estaba medio cerrada, la frontera. Milagroso.

Y la suerte estaba claro que nos acompañaba porque en la misma frontera había un hotel para los que como nosotros llegaban tarde, con restaurante y un guía turístico encantador que nos dio conversación porque todas las reservas de ese día habían sido anuladas por la noticia de la bomba.

Y esta mañana, con la frontera casi vacía por ser domingo, cruzamos a India sin problema alguno. Nos hemos tomado el día de descanso bien merecido y mañana con casi toda seguridad nos separaremos uno días, yo me acercaré al Himalaya sin poder subir ya mucho y Simon se irá a Delhi.

En unos días nos encontraremos allí de nuevo para cambiar mis ruedas que ya las hemos encargado en Delhi a un amigo suyo mecánico. De paso y con su ayuda, aprovecharé para dar cariño a la moto, limpieza, filtros y aceite. Además de descansar en su casa, poner al día el blog y buscar un gps.

Después a Nepal, supongo…

Gracias de nuevo a tod@s por leerme, percibo vuestra compañía y me hace muy bien. Espero escribir más a menudo de ahora en adelante y así menos espeso que este relato.

 

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47 thoughts on “Pakistán” los polis?

  1. alguien

    Querido trotamundos! los que por el contrario queremos dejar que la aborrecida rutina nos sorprenda con su magia, tambien admiramos tu viaje, te acompañamos, te leemos y te deseamos lo mejor.
    Cuidate mucho aventurero!!!

  2. Yo También Lo Haré

    Por favor, te ruego que publiques todos los contactos que puedas de mecánicos, hoteles, y gente en definitiva que te ha ayudado en esta ruta. Para mi, que voy a hacer un viaje similar el próximo año, será de muchísima utilidad. Gracias por el relato.

    • tranquilo que tengo todo apuntado y espero ir publicándolo poco a poco, de todas formas cuando hagas tu viaje te darás cuenta que lo más difícil es salir, después todo se soluciona por el camino. estamos en contacto y gracias por leerme. un abrazo

  3. Paratito

    Cuando escuche en la telen que habia explotado una bomba en Pakistan lo primero que pense fue en vosotros y que todo siguiera bien. Espero poder ver pronto los videos de todas los lugares por donde has pasado y por supuesto el de tu caida en la arena.
    Mucha suerte!!!!

  4. Hola Carlos.
    Soy Jorge, uno de los chicos que conociste en la dulce embajada de Espana en Iran.
    Me alegro mucho de que ya estes en India.
    Hoy nos dieron por fin la maldita visa de India y manana salkimos rumbo a Pakistan.
    pretendemos llegar a la India en unas dos semanas o tres.
    Ya te escribire a ver si coincidimos y nos tomamos una cerveza bien fra.
    suerte y animo.

    http://blogs.lavozdegalicia.es/jorgesierra/

  5. me gusta leerte!!!
    a mi particularmente no me importa que me acompañe la poli, debe de ser que tengo poco vagaje viajero, lo que no me gusta es que no te dejaran salir de los hoteles, por favor no dejes de escribir, me resulta muy parecido a los viajes de jupiter (ted simon), me lo estoy pasando pipa.
    suete y cuidado con la carrtera.
    un abrazo, chano

    • que buen comentario eso de que te resulte parecido a júpiter, si consigo transmitir un poco como él ya estoy más que contento. gracias por leerme, estuve un poco perdido unos días pro ya estoy de vuelta. un abrazo

  6. raimundo fernandez-villaverde

    aupa charly!!!! vaya papelón por el Islam!!! ojalá disfrutes India y el himalaya. Ya te pillaré algún día para hacer algo en bici por allá!!

    Aquó sigo impaciente por seguir leyendo tu ruta.

    Cuídate mucho.

  7. Astangi

    Yo también espero los vídeos, amigo. Aquí hubo un par de días de tensión por no saber de ti, pero después de leer, han merecido la pena.
    Estoy contigo.
    Un abrazo,
    S

    • ser…, nada de tensiones, aquí en india todo lo contrario como bien sabes, calma total. lo de los vídeos se complica, llevo toda la mañana para intentar subir uno, veremos si lo consigo. un abrazo

  8. Héctor Guerrero

    Te felicito, me encanta leerte y gozo mucho con tus aventuras que la verdad son envidiables, por favor no dejes de escribir aunque sea por ratos, ha y cuando pases por México ten cuidado con los polis porque así como los describes en Pakistán parece que veo a mis paisanos tratando de timarte, son capaces de convencerte y cambiarte la moto, “no llegan a tanto pero ten cuidado”. Es un placer gozar con tus aventuras ¡ Que Dios Te Bendiga ¡ y que continúes sin contratiempo.

  9. Salomé

    Dile a Simon de mi parte cuando lo veas, que muchas gracias por cuidar de ti.
    Ya que desde aquí es difícil, es bueno saber que hay alguien que te controla la presión de las ruedas.

  10. Hace dias sigo su recorrido y es muy interesante, lastima lo que paso en los ultimos 2 paises pues se supone que la idea es conocer, disfrutar y compartir, lo cual es bueno para el viajero y el habitante local, ambos se alimentan de esta interaccion. sientase acompañado por las miles de personas que leemos tus aventuras, con anelo de segirte pero atados a una oficina… al menos nos permites conocer atravez tuyo un mundo desconocido … Dios te bendiga

  11. Alfredo

    Carlos cuidate mucho tio !! Joder que aocjone he pasado leyendote ! No te despistes en India que hay mucho liante por ahi 😉

    • Alfredo!!!!, qué alegría que estés por aquí, tranquilo que me cuido mucho, además de que la suerte me acompaña. gracias por todo y seguimos en contacto
      abrazo!!!!!

  12. Jose

    Mucho animo !!! vaya viajecito, nada mas y nada menos q una vuelta al mundo!.Hay que tener mucho valor para realizarlo,ademas de tiempo y dinero.Saluda de mi parte al gran Ted,un abrazo.

  13. Jaume

    Hola Carlos, impresionante relato la travesia de Iran y Pakistan, tiene que ser muy cansado mentalmente sentir esa presion de las escoltas, militares y esos rollos.Pero bueno, ya paso, mucho animo y adelante.Me alegro de que hayas encontrado en Simon un buen compañero de viaje.Y como bein dices, dale mimos a la vara que se esta portando y se lo ha ganado.Un abrazo campeon.Saludos Jaume.

    • gracias jaume, efectivamente terminé dando esos mimos a la vara, que bien ganados se los tenía… gracias por estar ahí, me hace muy bien leer comentarios como el tuyo. un abrazo

  14. Eduardo

    Gracias Carlos.
    Por compartir con todos nosotros tu aventura y tus vivencias. Comunicas genialmente las sensaciones y nos haces participar tanto de tus sustos como de tus emociones.
    Has conseguido retratar la esencia del viaje, y además nos haces vibrar a los moteros como yo.
    Solo lamento que no le puedeas dedicar mas tiempo al blog, pero tu, a lo tuyo, que es mas importante. Ah! y cuida de la burra…
    Un fuerte abrazo

    • gracias eduardo, la verdad es que me gustaría dedicar más tiempo al blog pero es complicado, al final todo el día se pasa teniendo algo que hacer, o conducir o preparar el siguiente día. entre tanto intento escribir lo que puedo. gracias por leerme. un abrazo

  15. Ventu

    Esteban, soy el padre del viajero. Esta ultima semana ha estado moviéndose por el norte de la India y no ha tenido conexión con Internet. Esta
    contento y relajado, después de su paso por Pakistán.En estos días llegara a Deli a que le cambien las ruedas, que espera recibir de España.Espero que empiece a escribir ya.
    Saludos a todos y gracias por preocuparse.

      • gracias por preocuparte, todo bien, a veces me despisto y me relajo, después de lo cansado de Irán y Pakistán encontré la paz y me desconecté. pero aquí estoy de nuevo, gracias por seguirme.
        un abrazo

  16. Esteban

    VENTU , GRACIAS POR LA INFORMACION , NOSOTROS ACA EN ARGENTINA TENEMOS UN CLUB DE MOTOCICLISTAS Y SIEMPRE ESTAMOS CONECTADOS CON LA GENTE DEL CLUB QUE SALE DE VIAJE Y CUANDO PASAN ALGUNOS DIAS SIN COMENTARIOS , NOS PREOCUPAMOS UN POCO Y MAS EN ÉSTE TIPO DE VIAJE.
    BUENO ,GRACIAS POR TODO Y UN ABRAZO MOTOCICLISTA PARA TODOS.

    • gracias esteban, me hace mucha ilusión que me sigáis también desde argentina, estoy ligado a vuestro país desde hace tiempo. el viaje sigue perfecto, me desconecté un poco pero de nuevo me conecto. abrazo desde delhi

  17. Ezequiel

    Ventu:
    Empezaba a preocuparme. Veo que todo va bien y, con un poco de suerte, se resolverá el tema neumáticos. Un saludo a ti y a Charly.

    • Ezequiel!!!, gracias por preocuparte. ya tengo ruedas nuevas y me acordé de tu comentario cuando con dos cortafríos sacaban y metían la nueva. todo salió bien, la moto está ya perfecta para seguir viaje. gracias por estar ahí desde el principio, seguimos en contacto. un abrazo

  18. Paratito

    Ventu, se agradece realmente tu informacion. Nunca se sabe que puede pasar y mas en solitario. Yo creia que en la india habria mas lugares con conexion y ya pensaba que algo habia ocurrido.
    Espero poder seguir leyendo pronto sus relatos.
    Saludos.

    • tranquilos todos que aquí sigo, todo muy bien, en delhi poniendo a punto moto y piloto. gracias por preocuparte, desde el principio además…
      un abrazo

  19. Matuca

    Estoy empezando a leer el blog y es realmente Apasionante leer los relatos!, llegue de casualidad por medio de unos vídeos de youtube, y hace unos días que te sigo! Admirable todo lo que hiciste y la valentía que tenes, te felicito y lo mejor para vos! Espero verte poder algún día hacer algo parecido! Saludos Matías

    Buenos aires
    Argentina