Vuelta al Mundo en Moto Sinewan. Capítulo anterior

En Krabi, Tailandia, en un hotel modesto con internet gratuito

Diluvia en Tailandia, esta mañana amanecí temprano en una playa cercana a Krabi, costa oeste de Tailandia y última parada antes de cruzar a Malasia. Anoche llegué muy tarde aquí, como de costumbre, buscaba una guest house en concreto con internet gratis donde pensaba preparar mi jornada de hoy, ver dónde parar en Malasia, ver el cambio de moneda , y sobre todo ver bien la carretera porque dicen que el sur de Tailandia es algo peligroso. A partir de aquí empiezan a convivir budistas y musulmanes y más al sur siempre ha habido conflictos. Aunque ahora no los hay parece que es mejor pasar deprisa. El caso es que desesperé buscando y al final terminé en un cutre “bungalow” junto a un restaurante italiano donde sin previa ducha cené. Como siempre pasa cuando voy solo, un grupo de italianos se interesó por mi soledad y por mi “locura” de viaje y me obligaron a cenar con ellos, me interrogaron, me invitaron a vino y me cebaron con una especie de cecina que me hizo recordar al tan añorado jamón serrano. Aunque nos empeñemos con que Europa sea una, siempre serán al menos dos, los latinos y los nórdicos. No hablaban inglés pero no hizo falta, el “italoespañol” funciona siempre y con la alegría mediterránea y la forma de gesticular es más que suficiente para pasar un buen rato.

Y esta mañana me he despedido de ellos calurosamente a las diez, a los cinco minutos se ha roto el cielo y ha empezado a caer como si fuera la última vez. Para colmo no llevo guardabarros, lo que ha supuesto que me lloviera del cielo y del suelo, una especie de ducha jacuzzi nada relajante. Y a los quince kilómetros nadados me he encontrado la guest house que ayer buscaba, me he parado, he puesto a secar todo, he sacado el ordenador y me he puesto escribir mientras veo cómo sigue cayendo.

Veamos cuánto escribo, estábamos en Camboya, la noche del 22 de diciembre.

El primero de los paraísos de este relato es un hotel, aquel al que llegué sucio y sudoroso después de 16 horas de viaje. El Bodhii Villa, ubicado en Kampot, un pequeño pueblo en la costa de Camboya donde todavía se respira tranquilidad aunque se huele que la apisonadora de la masificación turística está llegando y pronto será diferente.

El hotel se encuentra escondido dentro de una pequeña selva, entre la carretera y un río al que tiene salida directa mediante una plataforma flotante que hace de solárium y trampolín. El precio es bajo, los baños son comunitarios, las habitaciones o lo son también, o son individuales pero sin puerta. La estructura es de madera y parece diseñado por un niño que siempre soñó tener una casa en un árbol, con varias plantas y entreplantas comunicadas con escaleras de madera que suben y bajan, y con todo tipo de detalles infantiles. Un billar con vistas al río, una diana con una campana a la que hay que acertar con cualquier residuo antes de caer en la basura, lámparas fabricadas con ramas de árbol y luces de navidad , y una pasarela de madera elevada cuatro metros sobre el río para jugar a la lucha de equilibrios. El perdedor cae precipitadamente al agua, divertidísimo.

La planta baja hace de salón social, restaurante y bar de copas, con vistas al río y una escalera que baja a la plataforma flotante. Aquí está el negocio, es muy fácil quedarse una semana sin apenas salir del hotel, la comida es correcta, la paz del río te baja la tensión, conversaciones interesantes y la posibilidad de hacer sky acuático con la barca de Hugh, el propietario del hotel.

Hugh es Australiano,  de finales de los setenta, músico, amante de los deportes acuáticos  y de la fiesta nocturna. Los viernes ofrece conciertos para clientes y amigos y por lo que pude observar con frecuencia acaba de fiesta con clientes semanales que trata como amigos de la infancia. Si el alcohol sube la temperatura en exceso, la noche puede perfectamente terminar en el río, haciendo luchas de gladiadores en la pasarela.

Además Hugh hace kite, él me informó que no creía que pudiera alquilar cometa en Camboya y que además no soplaba mucho. Eso y la posibilidad de pasar la noche buena en una pequeña isla sin apenas turistas me hicieron cambiar de plan. Dejé la moto aparcada allí y después de media hora larga de taxi y otra de barca aparecí en Koh Tonsay, llamada comercialmente “rabbit Island” y que para mí siempre será la isla de Peter, el escocés que susurraba a los turistas…

La isla es muy pequeña, sin electricidad, sin agua corriente, sin asfalto, y sin ningún tipo de comodidad más allá de una playa de palmeras paradisiaca y mucha tranquilidad. Los nativos por lo que observé se dedican a la pesca y al cultivo de algas en todas las playas de la isla menos una, la más bonita y en la que han construido unos treinta “bungalows “de chamizo y paja para albergar algo de turismo no exigente. Tres restaurantes completan el complejo, no hay tiendas y no hay internet.

Allí pasé tres días y dos noches, paseando, comiendo, nadando, mirando horas el mar desde una hamaca y hablando con otros “raros” que habían elegido ese lugar para pasar la navidad.

La noche del 24 había fiesta en el “bungalow” de Peter, un escocés nacido en los cincuenta y que desde hacía cuatro meses había decidido instalarse en la isla. Sin un solo pelo, bien alimentado, gafas de pasta negra y con una energía muy especial que te hacía querer conocerlo desde el momento que lo veías, escucharlo simplemente. Lástima que su susurrado acento escocés  se proyectaba hacía dentro de su garganta y no hacía fuera. Aun así en los dos días que estuve allí conseguí entender parte de lo que decía.

Se había comprado una pequeña canoa local y se estaba construyendo un “bungalow” algo mayor, una casi casa, siempre había querido vivir en una isla y después de varios fracasos económicos en Europa había dejado todo para instalarse allí. Peter vivía en su paraíso exótico, con nativos como vecinos pero con turistas que íbamos pasando por allí y que supongo le dábamos la alegría y conversación necesaria para aguantar mejor el aislamiento. Bueno sólo supongo, nunca le escuché decir nada parecido pero es lo que creo.

La noche buena éramos unos treinta personajes, algunos insólitos, alrededor de las escaleras de acceso al “bungalow” de Peter se formaron varias conversaciones con música en vivo de fondo, la que una pareja de franceses nos regaló toda la noche. Canciones desconocidas, con acento francés y en francés, una guitarra de acompañamiento y una intérprete que cantaba como los ángeles.

Descalzos sobre arena fina, rodeados de palmeras y con un cielo espectacular, así fue mi noche buena.

La isla de Peter es un verdadero paraíso al que le queda poco, las tierras son propiedad del estado y cuando decidan arrasarán con todo y construirán lo que convenga, un “resort “ de lujo por ejemplo. Una pena la verdad.

  PETERATARDECER ISLA PETER   PETER EN BARCAISLA DE PETER

Pasadas las fiestas partí para Bangkok en busca de un rápido arreglo  que me permitiera llegar al sur de Tailandia antes de terminar el año. Desde Kampot a la frontera con Tailandia la carretera bordea dos espectaculares parques naturales, sobre buen asfalto, poco tráfico y simpáticos camboyanos que alegran todas y cada una de las paradas. Feliz de viajar y de avanzar en busca de nuevos paraísos llegué en cerca de tres horas a Tailandia.

Al llegar a la frontera me di cuenta que me he convertido en un profesional del tema. Entré rápido, llegué a la barrera, vi una cola en espera de sello, aparqué, saqué una red metálica con candado donde meto la chaqueta y el casco, la candé, cogí la bolsa sobre depósito cedida por 2tmoto  y donde llevo lo esencial, puse la alarma, dije unos diez “nos” a los varios buscavidas que me rodeaban, los miré a los ojos una sola vez y me dirigí a la cola ante su frustración. Todo rápido y seguro.

En la cola me observaba sonriendo Miguel, un ruso que al tercer intento de pronunciar mal su nombre me dio la latinización de éste. Más fácil así.

– No es la primera frontera que cruzas no?

– Más bien no

– Jaja

– Jiji

Mientras esperábamos los trámites nos dimos cuenta que llevábamos el mismo destino. Ko Panghan, una isla al sur de Tailandia donde se celebraba la “full moon party”, una macro fiesta en la playa. Yo la verdad es que llevaba la referencia de una pequeña playa en la misma isla, con muy mal acceso, y donde se celebraba una fiesta más familiar, con mucha menos gente pero con un ambiente que por lo que me habían comentado parecía que encajaría más con mi rollo. Lo que tenía claro es que necesitaba darme una fiesta.

El caso es que nos cambiamos los móviles y quedamos en vernos allí.

Me quedaba mucho para llegar a Bangkok y tenía que parar por el camino. En una gasolinera un tailandés se acercó viendo que dudaba ante el mapa y me aconsejó.

– Pattaya para un tipo como tú es lo perfecto, allí encontrarás fiesta y mujeres.

Qué manía tiene la gente con pensar que por ir solo uno va en busca de eso, más bien es lo contrario, especialmente al tipo de fiesta al que se refería y al tipo de mujeres. Pero bueno, yo como siempre le seguía el rollo.

Pattaya es el lugar al que nunca iría, lo sabía de antemano, sabía lo que iba a encontrarme. Pero pensé que es mejor conocer todo para poder hablar mal de un sitio con conocimiento de causa, además de ser fácil alojarse para una noche y al día siguiente en dos horas estar en el taller. Así que me dirigí al mayor “putiferio” que nunca antes había visto.

Se accede por cuatro carriles en cada sentido, con arcos luminosos muy horteras que te dan la bienvenida al paraíso. Al entrar a la playa me vi deslumbrado, desde luego no por la belleza del lugar sino por los millones de carteles luminosos que intentaban resaltar entre los miles de restaurantes, macro hoteles, bares de copas, tiendas y puestos callejeros.

Bordeé el paseo marítimo con cara de qué hago aquí, sorteando taxis, motos, coches, peatones con tatuajes, minifaldas imposibles y tailandesas en la puerta de los bares que me invitaban a tomar una copa viendo cómo sus compañeras bailaban sin apenas ropa.

Mi cara de incredulidad fue observada por  Ilya, un ruso que escuchaba música de su ipod mientras pilotaba un ciclomotor con casco militar. A la tercera vez que se puso paralelo a mi lento circular y me miró, me dijo:

– Yo quiero hablar contigo un momento

Sin parar y siguiendo el instinto de no fiarse de un blanco con casco militar contesté.

– Pues dime…

– No pero para hombre, bueno si quieres…

Paré y empezó el interrogatorio natural del que reconoce una matrícula europea tan lejos. Entre elogios y admiración me recomendó dónde debía buscar hotel y sin terminar de confiar decidí irme.

Al rato me volvió a adelantar y se ofreció a acompañarme, cosa que hizo sin esperar respuesta y empezó a tomar las riendas de la búsqueda de hotel, tarea más que difícil porque el lugar por inmenso que era estaba casi lleno.

– Tu moto pesa trescientos kilos y la mía no, yo me bajo a preguntar y tú espera…

Así hizo hasta en más de diez ocasiones, hasta que encontramos.

– Si quieres te dejo pero me gustaría hablar contigo.

– Dame diez minutos que me ducho

– Ok

Cuando bajé estaba en el ordenador del hotel, viendo www.sinewan.com

Dónde está la ruta? Por dónde has venido?

Durante un rato le expliqué y contesté sus miles de preguntas hasta que me dijo.

Ahora te explico por qué te he ayudado

Entonces abrió su web y me mostró un viaje que hizo desde Moscú a San Remo en Honda Shadow, unos años atrás. Era motero y soñaba con viajar alrededor del mundo. No siempre se conoce a alguien que esté haciendo algo parecido, por eso te he ayudado decía.

Ilya tenía mi edad, se pasaba meses en Pattaya huyendo del frío ruso y buscando el calor tailandés en todas sus formas posibles. Tenía una librería en Moscú y un encargado al cargo que le robaba lo justo.

Me acompañó a cenar y me mostró la ciudad, traduciéndome los cientos de carteles en ruso que invitan a entrar a los bares, presentándome a otros rusos que nos encontrábamos por el camino y explicándome cosas como que las prostitutas rusas empiezan a hacer competencia a las tailandesas. Yo pensaba que era colonia alemana, pero no, Pattaya es la playa tropical rusa.

Un buen tipo que me enseñó un lugar al que creo que no volveré nunca, pero que me gustó ver par estar seguro de ello.

A las doce de la mañana del día siguiente entraba en “Red Baron”, el taller que me aceptó la moto al momento y que en dos días me aseguró estaría lista. Los discos, guardabarros no tenían y hacer una “ñapa” parecía complicado.

Me alojé de nuevo en “Apple Guess House”  y pasé dos noches de tertulia hispana con Alejandro y Guadalupe, que todavía estaban allí, y con Matías, un argentino de Córdoba que como buen cordobés cantaba mientras hablaba, conversaciones interesantes, risas y carcajadas. Todos coincidíamos en lo mismo, en inglés nos comunicamos, pero las carcajadas son en castellano.

La moto quedó lista pero seguían rozando las pastillas además de vibrar más el freno que antes. El mecánico me explicó que las pastillas se habrían deformado y que tardarían unos kilómetros en adaptarse de nuevo. Mi ignorancia y yo nos lo creímos.

El día 30 por la mañana salí de Bangkok, recorrí 150 km al oeste hasta qua la autopista de tres carriles, por la que se podía circular en moto, giró al sur. Y el gps que no es un navegador y afortunadamente no habla, me dijo.

Acostúmbrate “majete” que se acabó ir al este, hasta el sur de Australia si llegas será así…

Y a las tantas de la noche y después de otra jornada de casi 700 km llegué a Don Sak, puerto para embarcar a Ko Phangan…

Donde a la mañana siguiente llegué feliz y entero, dispuesto a encontrar una playa tranquila donde alojarme, despedir el año de fiesta “chill” y quedarme un par de días nadando, descansando y preparando el salto a Malasia. Pero el guionista de este viaje debió tener una infancia difícil y pensó que no, que iba todo muy bien.

Con un café y unas galletas de esas que venden en los barcos, pequeñas y caras, entré en Ko phangan, paraíso natural espectacular de montañas, palmeras y playas paradisiacas. Y repleto de turistas en busca de fiesta exhibiendo belleza, tatuajes y gafas de sol de tamaño desproporcionado. Con un mapa gratuito de la isla encontré la playa que buscaba y efectivamente un camino dibujado que llevaba a ella. Después de varios intentos fallidos, pregunté en un cruce  y un tailandés me dijo:

– Es por aquí pero el camino es muy malo, no creo que puedas. Todo el mundo va en barca taxi.

Ja!, pensé, si tú supieras por qué sitios paso con mi elefante, aunque llegue justito al suelo…

La confianza es como el alcohol, una buena dosis es fantástica pero una copa de más te puede arruinar una noche.

El camino empezó muy divertido, adentrándose en la selva por un sendero a la altura del nivel del mar, pero sin desnivel apenas. Y yo sobrado sorteando obstáculos.

Pero Ko Phangan, aun siendo una isla de sólo unos 30 km de ancho, tiene montañas de hasta 500 metros de altitud. La playa que buscaba estaba en la costa este, detrás de una abrupta cordillera verde. Y por una ley física obvia, si quieres llegar a una playa que está al otro lado de una montaña, en apenas 10 km, hay que subir y bajar, y de qué manera…

A las primeras de cambio el camino empezó a subir y observé al fondo que todavía subía más, tipo montaña rusa, con tierra, muchos surcos producidos por la época de lluvias y piedras.

– (Para y al menos piénsatelo antes !, que te la das…)

Cuando paré la moto, antes de la montaña rusa, ya era tarde. La moto no paró, empezó a resbalar marcha atrás y sólo podía evitar la caída girándola contra el lateral. Eso hice y paró sin llegar a caerme.

– Uf!

Me quedé pensando, el calor era infernal y ya sin chaqueta empezaba a sudar como un pollo. Si vengo a toda lecha la moto sube, pero si me salgo unos centímetros de los senderos entre surcos el golpe va a ser sonado, pero nadie lo va a escuchar más que yo porque aquí no pasa un alma. Quita quita…

Una retirada a tiempo siempre es una victoria, me fastidiaba porque quería llegar a esa playa pero era día 31 y no quería arruinar la noche. Miré el mapa y observé que siguiendo al norte por la carretera, había otras playas en la misma costa este. Así que hacia allí me dirigí.

A los pocos km, todo es muy pequeño en Ko Pahngan, un cartel puesto allí por el guionista de infancia difícil decía.

Hotel “no sé qué”, playa privada.

Este es el mío pensé, sin dudar lo más mínimo me metí. Primera copa de más…

El camino, sin ser el anterior, no era para hacer florituras. Bajaba y subía vertiginoso, surcos continuamente, arena en exceso y piedras. Pero con la confianza de más iba tan contento, siempre encontraba un pequeño sendero entre los surcos que me permitía seguir. Cuando pasaba arena echaba el cuerpo para atrás y de la inercia propiciada por el desnivel, la moto pasaba. Me di algún susto, por caerme y por la suspensión, pero seguía. Creo que en ningún momento pensé en dar la vuelta, la imagen de un “bungalow” frente al mar y una pequeña playa paradisiaca me cegaban. Sólo pensaba si tenía que volver de la fiesta de noche y por ese camino, pero ya me preocuparía de eso después. Siempre me puedo llevar la
tienda y dormir en la playa pensaba…

Cuando el camino terminó de atravesar la montaña sólo quedaba bajar al nivel del mar, lo que incrementó el desnivel. De nuevo un cartel del hotel dividía el camino en dos, pero no había flecha y el cartel estaba en el medio. Temía parar porque la moto podía resbalar, así que me dejé llevar por el instinto y tomé el camino de la izquierda.

La moto empezó a desbocarse, frenaba leve y daba síntomas de “arrastrón”, ya veía el mar al fondo, o casi porque no podía dejar de mirar el suelo intentando al menos guiarla por el sendero más seguro…

Pasé un falso llano y no paré, segunda copa de más y noche arruinada…

El camino volvió a bajar desproporcionadamente y un trozo de hormigón de un antiguo intento de carretera hacía un pequeño salto, la moto medio voló un segundo para después caer y no agarrar, la rueda delantera se fue y ambos, la moto y el que escribe, nos arrastramos unos metros.

De los 24.000 km que llevo de viaje creo que habré hecho como mucho cincuenta sin chaqueta, y no más de diez sin guantes. El calor hizo que me quitara la primera, y en la última mirada del mapa, y viendo que iba de “paseo por el campo”, me había quitado los guantes. Este blog parece financiado por la DGT, pero es verdad, nunca sabes cuándo va a pasar, el día del accidente no llevaba el casco, cosa muy rara en mí a estas alturas de la vida. Y ahora estaba arrastrándome por el suelo sin chaqueta y sin guantes.

Nada grave, dos rasguños en mano y brazo.

La maleta saltó del golpe y la moto quedó totalmente tumbada en mitad de una pendiente bastante pronunciada. El calor era asfixiante y no me había cruzado con nadie en todo el camino.

Si me hubieran preguntado antes del incidente si un tipo de mi estatura y con mi cuerpo, en una pendiente como esa, puede levantar una moto de ese tamaño, de cada cien preguntas hubiera contestado cien que no, que es imposible. Obvio.

Pero la racionalidad con la que escribo no es con la que actúo. Quité la otra maleta y el macuto, y sin quitarme el pantalón y las botas empecé a intentar levantar la moto como un poseso. La moto cuando empezaba a levantar, resbalaba y se iba girando. Un intento, dos, tres y la moto ya estaba mirando para arriba, se había dado la vuelta y no había conseguido levantarla ni de lejos.

Y yo ya empezaba a jadear, la camiseta estaba como si me hubiera metido en el agua, el calor era infernal y para colmo sólo tenía media botella pequeña de agua.

Tenía dos opciones, esconder el equipaje en la selva y con lo básico ir a buscar ayuda, o jugar a “Mcgiver” como estaba pensando. Si empujaba la moto unos metros había otro falso llano de unos metros, junto a una palmera de tronco grande y fuerte. Se me había ocurrido la feliz ida de atar la moto a la palmera con las cinchas y si tensaba éstas, lo mismo la moto al inclinarse no resbalaría, la podía ir calzando con cocos o maderas hasta que la pudiera levantar. Demasiadas películas supongo.

No hizo falta, a lo alto se asomaron dos turistas con un ciclomotor, uno empujándolo y otro andando. No sé de dónde serían, por el acento que tenían diría que sigo sin saber de dónde eran.

– Estás bien?

– Sí sí

– Necesitas ayuda?

– Parece que sí…

Levantamos la moto como pudimos y mientras la sujetaban me subí. No tenía daños.

Lo lógico hubiera sido dejarla caer hasta el falso llano, pensar, y después intentar subir. Pero no soporto tener gente pendiente de mi, menos extraños que ya habían empezado a sudar del sólo hecho de levantarla. Así que les pedí que me empujaran e intenté subir la cuesta, es decir intentar volver por donde había venido hasta el primer falso llano donde parar y volver a por el equipaje.

La moto subía a duras penas, se enterraba en la arena antes del salto y no llegaba si quiera al hormigón. Cuando pasaba esto se inclinaba, la aguantaba como podía hasta que entre jadeo y jadeo, y en inglés claro, les pedía que me empujaran de lado para ponerme recto. La empujábamos para atrás y otro intento. Me estaba desfondando.

Al final, tras largo rato conseguí llegar al escalón y pasó la rueda delantera, pero no la trasera que paró la moto. Casi de nuevo se cae pero a espaldarazos la mantuve recta.

Los chicos empezaron a empujar como podían, porque iban en chanclas y se resbalaban. La rueda empezó a patinar en el hormigón y a salir humo. Y no subía, y yo aguantaba una y otra vez para evitar que no se cayera pero mi cuerpo ya no daba más.

En términos ciclistas lo que me pasó se llama pájara, el cuerpo deja de funcionar y ningún músculo responde.

Les pedí que la bajáramos al falso llano, poco a poco, con una marcha puesta y jugando con el embrague porque frenando se resbalaba. Lo conseguimos, la aparqué en un lateral, les di las gracias y les dije que se fueran que necesitaba descansar largo rato para intentarlo de nuevo.

Primero me tumbé a la sombra intentando recuperar la respiración durante un largo rato. Pero no me recuperaba, me estaba dosificando el agua y necesitaba litros que no tenía. Me quité el pantalón y las botas y sentí alivio. Me quedé otro largo rato en calzoncillos sentado sobre una maleta, total, si no viene nadie…

Empecé a contemplar las posibilidades, necesitaba al menos agua y si podía comida. Al final del camino podía estar el hotel o una playa, porque si había un camino algo había. Tenía pocas fuerzas, si llegaba y no estaba el hotel tenía que descansar rato largo antes de volver a subir el camino y tomar la otra dirección. El gps indicaba un río y tenía pastillas potabilizadoras, además de que a las malas podía acampar en la playa. Un poco peliculero todo, estando en Tailandia, pero bueno, mejor pensar en la peor de las posibilidades.

Seguía sin fuerzas así que muy despacio fui preparando la salida. Me puse un bañador, una gorra para evitar la insolación que creo ya tenía en parte porque me abrasaban los brazos,  me puse crema protectora, me curé las heridas, metí en el macuto lo que podría necesitar y cuando terminaba este largo proceso, porque iba a paso de tortuga, aparecieron dos nuevos turistas de igual forma. Ciclomotor, Vasco de puntillas dejándolo caer y Dagmara con gafas de sol, bikini y cara de dónde carajo me estás metiendo cariño, con lo bien que estaríamos en una playita…


– Hey, estás bien?

– Sí sí, me he caído pero nada grave.

– Necesitas algo? Te empujamos? Buscamos ayuda?

– No no, tranquilo que está todo bien

– Seguro?

– Sí tranquilo de verdad, iba a ver si encontraba el hotel o la playa.

– Sí nosotros también, la verdad es que está confuso. Te esperamos y vamos juntos.

– No tranquilo, ir vosotros que ahora nos vemos ahí. Tenéis agua?

– Qué va

Al poco rato terminé mi lento preparar y andando muy despacio bajé los últimos 200 metros de camino antes de llegar al hotel. Me había quedado muy cerca.

Al llegar Vasco me había pedido una botella de agua que me bebí casi de un trago, después un coca cola, me cambié de camiseta, me lavé las heridas y me senté a esperar un trozo de carne que pedí.

En los pocos minutos que tardé en llegar, Vasco había hablado con la dueña del hotel para ver si me podían sacar la moto de allí. Al rato apareció un pick up cuatro por cuatro con turistas allí alojados, era la única forma de entrar y salir del hotel.

Yo ya pensaba quedarme allí alojado y pasar la noche vieja más mística de mi vida, frente al mar y solo, porque si había una posibilidad de sacar la moto de allí andando no era de noche desde luego. Así que daba por perdida la fiesta, cosa que en el fondo me daba igual.

Pero Vasco no podía consentirlo, un tipo que me había conocido hacía veinte minutos pero que me trataba como el mejor de mis amigos.

– Te empujamos, o subimos la moto al camión,  o que te remolque. Luego te vienes a nuestro hotel que tenemos espacio para ti, y esta noche vamos juntos a la “full moon party”

Tanto el maléfico guionista de este relato como yo, estábamos dudosos. Por un lado me seducía pasar la noche allí y recuperarme para al día siguiente sacar la moto por mis propios medios. Por otro lado me estaban invitando a un hotel junto a una macro fiesta, que si bien no era mi sueño, era una forma divertida de empezar un año.

– Vale, me como la carne, me recupero, cargamos todo en el pick up, porque la moto no cabe y es imposible subirla, y creo que la puedo sacar.

Casi ni digerí la carne cuando ya estaba vistiéndome de nuevo para intentar salir de allí. Cargamos el ciclomotor de los chicos y todo mi equipaje en el pick up y me dispuse a intentarlo de nuevo. Ya estaba recuperado aparentemente.

Primer intento, de píe sobre la moto, deprisa pero controlando…

La moto se queda antes del escalón y evito que se caiga, con fuerza todo era un poco más fácil. Solo consigo sacarla, dar la vuelta y vuelvo a bajar al falso llano. Vuelvo a encarar la cuesta y esta vez sólo quedaba una opción. A toda leche…

La moto pasa la arena, salta el escalón y al caer sobre arena de nuevo espesa se vuelve a ir de delante produciéndose la segunda “galleta del día”. Con todo puesto no me pasa nada, pero la estribera se parte por cuarta vez en el viaje y el retrovisor también. Vasco me mira con cara de susto y yo le respondo riendo.

Tranquilo que no me ha pasado nada, jeje.

De nuevo tengo que dar las gracias a 2t moto por la ropa, las botas y el casco, ir bien protegido es clave. por no hablar de las defensas que consiguieron que la moto quedara casi intacta, un pequeño arañazo nada más. Y también a mi amigo Toñín (lifemotive) que me cedió la espaldera y que no me quito nunca. Bueno para dormir a veces sí.

La moto se había quedado a tres metros escasos de arena dura donde ya hubiera salido. De nuevo entre Vasco y el conductor intentaron empujarme pero la moto se hundía y ni para atrás ni para delante. De nuevo varios intentos y de nuevo soportando el peso de puntillas, empecé  a cansarme de nuevo.

– Remolcamos?

– Venga

Até una cincha a la moto y el pick up empezó a dejarse caer muy poco a poco, si resbalaba unos centímetros nos arrollaba. A un metro escaso ya llegaba la cincha, la atamos y el conductor suavemente arrancó. Pero patinaban  las ruedas así que terminaba dando tirones al salir. La moto salió desbocada pero pude aguatarla hasta que llegó a la zona de arena dura. Avanzamos unos metros y llegamos al segundo falso llano.

La desatamos y de nuevo más de lo mismo. Segunda pendiente tipo montaña rusa, y sentado porque no tenía estribera. Pasé deprisa y a mitad de cuesta empezó a dar botes hasta que evitando la caída la moto se quedó.

Nada de nuevos intentos, atamos la moto al coche y empezó el largo remolcar. El coche patinaba y tiraba de mí, yo no veía el camino porque la cuerda era muy corta así que iba a ciegas. Se metía por arena, se hundía, la sujetaba y el coche de un tirón la sacaba. Pero me iba quemando, estaba encharcado en sudor de nuevo.

Conseguimos subir unos cuantos metros hasta que las fuerzas me empezaron a fallar y en una que se inclinó la moto más de la cuenta  no pude con ella y al suelo. Levantamos la moto, empezamos de nuevo y metros después más de lo mismo.

Ya me tumbaba de nuevo en el suelo para respirar mirando al cielo y con la boca arriba, estaba de nuevo jadeando, no daba más…

Lo lógico habría sido parar un buen rato, poner la estribera trasera, remolcar la moto hasta un falso llano y de nuevo intentar sacarla conduciendo, porque remolcando era casi imposible.

Pero tenía tres personas esperándome el día 31, con el sol bajando y la fiesta acercándose, así que tomé una sabia decisión y entre los tres aparcamos la moto en un lateral y allí se quedó. Ya volvería a por ella.

Me subí en la parte trasera del pick up y nos fuimos…

La amabilidad de la gente a veces es desproporcionada, o al menos a mi me lo parece.

Vasco y  Dagmara, suizo y polaca llegando a los treinta,  tenían una habitación en un hotel de lujo, con vistas al mar, terraza y jacuzzi acristalado. Tenían una cama de matrimonio y pegada a ésta, otra individual. Cuando me habían invitado pensé que estarían en un apartamento con una habitación libre. Pero no, no les importaba compartir su picadero con un desconocido, y desde luego no tenían ninguna pinta de pretender experimentar sexo en grupo.

Pero al final los convencí que era mejor que colgara mi hamaca en la terraza y durmiera allí, que yo lo prefería. Y así fue, el lugar seguía siendo un regalo.

TERRAZA VASCO JACUZZI VASCO

Con la mejor ducha de mi vida, una buena cena y un ibuprofeno me repuse para al menos aguantar un rato en la macro fiesta.

Casi a los doce nos fuimos a despedir el año, con un cubilete de vodka con red bull que después del intenso día me subió con facilidad. El fiestón era increíble, “musicón”, playa de película, luna llena, miles de personas, fuegos artificiales y locura grupal.

Otro cubilete que tampoco pagué porque Vasco se encargaba de todo y ya se me olvidó el día anterior, como si tuviera veinte años y viniera de una semana en un spa, así me dejé llevar por la música, la luna, la playa, las estrellas y el alcohol claro. Creo que sobre las cuatro de la mañana me perdí y me dediqué a bailar con unos y otros, y como si estuviera en “la Latina” me encontré con gente que había conocido durante el viaje, en India, en Tailandia y en Camboya…

A las ocho de la mañana, con la luz mostrando la cruda realidad de lo que había sido la noche,  me volví derrotado en busca de mi hamaca…

A las doce el sol no me dejó más descanso y me levantó. Había quedado a las tres en el cruce del camino maldito con un nuevo pick up, uno mayor por si había que subir la moto. Me dolía todo el cuerpo, tenía contracturadas las varias contracturas de la espalda y tenía agujetas en las agujetas. Además de muy mal cuerpo por el garrafón que me habían dado la noche anterior, el vodka seguro y el red bull posiblemente también. Era un día ideal para esconderse bajo las sábanas y empezar el año el día dos. Pero no, tenía una misión, recuperar mi moto…

Apareció el pick up, algo mayor y sobre todo más potente. El conductor había tenido mala noche también, lo reflejaban sus ojos aunque iba bebiendo cerveza. Lo bueno es que era enorme. Lo malo es que conducía poseído y mi cuerpo todavía centrifugaba los excesos de la noche anterior.

Cuando soy torpe me lo suelo recriminar, pero viendo el camino desde el pick up y cómo el grandullón tenía que meter la reductora para subir, me sentía orgulloso de mi conducción del día anterior. Y un poco preocupado de la inconsciencia de no haber dado la vuelta a las primeras de cambio. Pero bueno, un esfuerzo más y todo quedaba en una aventura más que contar.

Por el camino el conductor paró, bajó del coche y cargó unos rústicos maderos de un lateral. Yo no daba crédito, cómo vamos a subir la moto con eso y entre dos.

Llegamos a la moto y allí estaba, junto a un adolescente que trabajaba en el hotel y que había subido a ayudarnos. Ya ni pensaba en sacarla conduciendo, me dolían hasta las uñas.

En condiciones normales hubiera preferido mover yo la moto, pero dado mi malestar general dejé que fuera el grandullón quien lo hiciera. Enfiló la moto a los tablones y la paró. Empezó a pitar hasta qua aparecieron dos tailandeses de la selva.

Entre todos la subimos y con un cuerda gruesa, pero una cuerda, empezó a atar la moto a los cuatro laterales con unos nudos que sólo él entendía  y que a tirones iban tensando la moto. Cuando terminó le enseñe mis sofisticadas cinchas europeas.

Reforzamos?

– No no, no hace falta…

En aquel momento, con el cuerpo que tenía y la falta de energía, confiaba mucho más en aquel grandullón de ojos ensangrentados y cerveza en mano que en mi mismo. Así que nada, que sea lo que tenga que ser. Si se cae ya la recogeremos…

Bajamos hasta el hotel para dar la vuelta, subió en reductora, dando botes y patinando. La moto se movía pero no se caía, que tío más crack.

– Cómo llegaste hasta aquí?

– No sé…

Creo que sobre las seis llegué al hotel y los chicos se iban a comer algo, así que me dejaron la habitación para dormir una siesta. Pero amanecí al día siguiente, todavía con dolores de todo y muy mal cuerpo.

Vasco y Dágmara se iban ese día así que nos despedimos, con miles de agradecimientos por mi parte y una sonrisa por la suya, deseándome suerte en mi viaje y pidiéndome que me cuidara. Qué gente más buena.

Y de nuevo cargué la moto y me fui al noroeste de la isla, en busca de una playa tranquila donde descansar y ponerme bueno porque el mal cuerpo pasó a diarrea, mareos y cansancio profundo. La encontré y estuve cuatro noches y sus días recuperándome a base de dormir, comer, mirar el mar y nadar frente al “bungalow”.

PLAYA PHANGAN RESTAURANTE PHANGAN

Pero por paraíso que fuera el lugar, y lo era y mucho, por tatuajes de diseño y cuerpos espectaculares que hubiera en esa isla, por macro fiestas y bares de modernos que tuviera, por c
omodidades y lujos que pudiera encontrar, para mi estaba falta de personajes. Me faltó en esos días conocer gente con la que conectar y tener risas y conversaciones. Afortunadamente me distraigo con mi propia sombra así que estuve igualmente encantado. Pero si tengo que elegir, el paraíso era la isla de Peter y las buenas gentes con las que compartí la navidad. Ese recuerdo sí que me quedará para siempre.

Ayer crucé a tierra y atravesé a la costa oeste desde donde escribo y preparo el salto a Malasia. Esta tarde he decidió cambiar las pastillas porque el freno seguía vibrando. Mientras lo hacía se ha acercado Adrián, un motero cincuentón holandés que estaba de vacaciones. Me ha acompañado mientras trabajaba y me ha hecho miles de preguntas sobre el viaje.

Hace un rato, mientras escribía en el salón del pequeño hotel en el que estoy, de nuevo ha aparecido Adrián y se ha sentado a cenar conmigo. Al rato de conversación le he explicado que tenía que escribir pero igualmente se ha quedado en silencio acompañándome. Cada rato hablábamos un poco y luego yo seguía a lo mío y él a lo suyo.

Cuando ha pagado nos hemos dado la mano y el mail . Al instante ha soltado 500 Baths, unos diez euros, y se ha ido diciendo…

No hagas preguntas, tú lo necesitas más, no hagas preguntas…

La manía ésta de estar descalzo en Tailandia me ha impedido perseguirle para devolvérselos. No hagas preguntas decía mientras huía.

Yo no sé si tengo imán para las buenas personas, o es que voy dando pena, o es que quizá todo el mundo es bueno. Pero me pasan unas cosas que no termino de entender, qué buen tipo.

Mañana salgo a Malasia, donde hoy también he decidido no parar y cruzar a Indonesia porque me queda poco tiempo y tenía que tomar una decisión. Quedarme lo que quedaba entre Indonesia y Malasia y embarcar la moto en Singapur, o seguir sobre la idea inicial, llegar a Australia y volver desde allí.

Y lejos de estar cansado de viajar,  lo que estoy es preocupado  porque se me acaba el sueño y no quiero despertar. He pasado casi una semana enfermo y he encontrado la forma de estar bien, he vuelto a estar solo de verdad después de mucho tiempo y en parte lo he disfrutado. Me quedan muchas fuerzas y volver aquí siempre es posible, hacerlo en moto espero que también pero creo que será más difícil. Así que a Australia que voy, con algo de prisas y dependiendo de que los varios barcos que necesito no me retrasen en exceso. Pero al menos lo intento, si llego a Bali y tengo que dar la vuelta a Singapur pues lo hago, pero espero que no…

Miles de gracias por los muchos comentarios de navidad, feliz año a todos y gracias por leerme, así es imposible sentirse solo.

 

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28 thoughts on Sin personajes no hay paraísos

  1. paratito

    Espero que te recuperes pronto de todas esas caidas que tuviste.
    Como siempre digo, estas viviendo el sueño de todos osea que nosotros tampoco queremos que esto acabe.
    Que siga tu buena estrella en este 2010.
    Saludos.

  2. Gracias por hacernos pasar un lindo rato leyendo tu diario.No vamos a decir mucho,solo un par de cosas:Has llegado a donde muchos quisieran y por diversos motivos no han podido.Las caidas son para aprender a mantenerse de pie y con mas fuerza.Sigue lo que tu corazon te dicte,que la vida es una sola,es maravillosa y vale la pena vivirla.Un abrazo fuerte…Estamos en Nong Khai y si todo nos sale bien,manana o pasado intentaremos entrar a Laos.
    p.d.Tenes que beber mas agua,y muy poca coca cola,porque la cafeina acelera la deshidatacion.

  3. Luis

    Las dificultades te hacen crecerte, y lo pasas mal en esos momentos, aún así, hay gente que las buscamos. Me encanta leerte y lo seguiré haciendo siempre que pueda,De momento no vengas, está nevando y con ganas de seguir, disfruta del calor pegajoso. Salu2 y suerte. Luis

  4. Muy buenas
    Encontré el enlace de la pag gracias a un foro motero. Desde entonces he tenido que ponerme al día en toda esta aventura que te has decidido a emprender.
    Es impresionante, te puedo asegurar que me tienes enganchado a la pantalla constantemente.
    La cara es el espejo del alma, si se te acerca tan buena gente y con ganas de ayudar es porque a si lo reflejas.
    Espero poder seguir disfrutando de tu relatos que son increíbles.
    Sigue tus sueños…..

    un saludo

  5. CARLOS

    Animo, yo tambien estoy enganchando a tus relatos que espero que no acaben.
    La suerte hay que buscarla y tú te has ido muy lejos a buscarla.

  6. David

    Buf tio, es que aun en los malos momentos me sigues provocando envidia 🙂 , aqui sigo enganchado a tu aventura, como dicen por ahi arriba, estas viviendola por nosotros y espero que sigas como minimo con la suerte que has tenido en 2009.

    Abrazos y cuidate.

  7. Oscar ZX10

    Fascinante, arrebatador, increible,… Que ganas de romper con el mundo e imitar tu valentía para realizar los sueños que otros, seguro que nunca realizaremos. Animo y para delante

  8. lifemotive

    Claro que tienes imán. La buena gente atrae a la buena gente y la naturaleza es sabia. Sigue disfrutando y haciéndonos llegar tu sentir. También, aunque creas que no es necesario, tus penas, que espero no sean muchas. Estás haciendo un máster en… Vida, relaciones, compartir. Eres un master!!! amigo!!! Te queremos. 🙂

  9. Esteban

    Continua con tu excelente viaje y ademas lo estas haciendo siendo motociclista , me parece que ésto es lo mas importante ( o por lo menos para los que nos gusta de andar en moto ). Continua a donde tu corazon te lleve y no le quites dias a tu viaje , siempre va a ver tiempo para volver a trabajar.
    Un abrazo , gracias por escribir y hacernos disfrutar tu viaje.

  10. onenet

    Muy bueno Carlos. Al igual que el resto que te leemos desearte mucho animo y que tengas cuidado con esas pajaras.
    Todos estamos soñando con tu viaje y miramos el blog cada poco para ver con que nueva aventura nos sorporendes
    Un abrazo

  11. Jaume

    Hola Carlos, macho cada vez que te leo me quedo encantado.Vaya relato, el del camino a tu playa soñada, de verdad que es lo mejor que he leido hasta ahora.Me alegro de que todo siga adelante y tambien de que aun queden tantas personas en el mundo dispuestas a ayudar al projimo.Bueno adelante y cumple tus sueños.Mi admiracion mas sincera compañero.Saludos Jaume.

  12. Tevi

    Espectacular y admirable, gracias por contarnos todo tan bien y hacernos partícipes de tu viaje, sin que nos duela el culo jeje!!

    V’ss desde VFR

  13. Increíble…!! No sabes la envidia que me das. Adelante, sigue y cuentanoslo a todos los que las prisas y la ciudad nos tiene atrapados. Qué gran suerte tienes, estás disfrutando de todas las pequeñas cosas que al resto las tenemos aceptadas como cotidianas.

    Copiando al compañero Tevi:

    Vsss y rafagas desde F800GS.

  14. Las buenas personas atraen a buenas personas, será eso.

    Oye guapo, desde hace tiempo te siento muy cerca, no sé por qué, he soñado contigo un par de veces (ya te contaré… sueños muy divertidos!!), pensé que ya habías vuelto y era por eso, pero veo que aún no estás aquí… será que te echo mucho de menos.

    Estoy feliz por ti, que lo sepas, me alegro infinito de que te hayas metido en este lio!!!!

    Muchos besos

  15. Antonio

    Acabo de visitar la web del Ministerio de Asuntos Exteriores http://www.maec.es
    intentando buscar porqué Charly no ha conseguido pasar a Singapur.

    Debe ser un país supercivilizado, pero he encontrado algo muy curioso:

    ¡¡¡Está prohibido pasar con CHICLES al país!!!

    Tenemos mono de más relatos. Buena suerte!!!

  16. davi

    ERES MI IDOLO!!! descubri tu web de casualidad y estoy jodidamente enganchado!!

    estas realizando un sueño… mi sueño, jeje…

    animo y pa alante!!! un saludo desde malaga

  17. hola amigo te felisito por semejante odisea , espero te balla bien en todos tus planes ,estare pendiente de ti en todo tu recorrido , si pasas por colombia mi casa esta a la orden , cuentas con migo pa lo q sea ,
    te deseo exitos
    dios te bendiga

  18. vicky

    anoche hablando con toñin flipabamos con tu viaje,hablabamos de lo que enganchas charly y la verdad es que es sorprendente el monton de gente que te sigue y genial todas las cosas bonitas que te dicen…claro que tu te lo mereces,eres de esas personas faciles de apreciar,que se dejan querer y con la que es facil compartir,aunque hace mucho que no nos vemos,tengo muchos recuerdos y todos muy buenos,buenas conversaciones,buenos abrazos,buenas juergas,buenos amigos… feliz ruta

  19. pedro

    Por casualidad he caido en tus relatos, llevo tres horas leyendo tus aventuras y sólo quiero decirte que gracias que tengas suerte por esos lugares que transitas estupendo tio…

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